Tengo un problema; o dicho de otro modo, un problema tengo; o lo que viene a ser lo mismo, en un problema me hallo. Me refiero a un problema tal cual, en el sentido literal de la palabra. Es éste:
La madre de Juanito le ha encargado que baje al mercado y compre ocho litros de leche, tres kilos de tomates y dos botellas de dos litros de Coca Co..., digo de refresco de cola. La madre de Juanito le ha dado al niño veinte euros justitos, y los precios en el mercado están como se detalla a continuación, o lo que viene a ser lo mismo, por las nubes:
1 litro de leche:1,20 euros.
1 kilo de tomates: 2,30 euros.
1 botella de Coca Co..., digo de refresco de cola de dos litros: 1,75 euros.
“Juanito, majo, con lo que te sobre si quieres te compras unos cromos”, le dice la madre al muchacho.
Añadamos pues por último que los cromos que colecciona Juanito, los de la Liga de Fútbol 2007/2008, cuestan a 0,50 euros el sobre, y que en cada sobre entran un total de seis “estampitas futboleras”.
La pregunta es, por fin: ¿cuántos cromos se va a agenciar Juanito, el pobre, gracias a la generosidad de la madre que lo parió?
Dice el informe pisa sobre el cuello de Juanito, digo PISA sobre educación, que nuestros alumnos presentan un déficit importante, entre otras cosas, en comprensión de lectura, y en consecuencia en todo lo que de ello se deriva. Y de ello se derivan muchas cosas, si lo piensas. La resolución de problemas matemáticos, por ejemplo, no sólo depende de la capacidad del alumno para realizar operaciones, sino que también tiene mucho que ver con la facilidad o dificultad para comprender un texto.
“No lo entiendo”, es lo primero que suelen decir los alumnos – me contaba hace poco un profesor de Primaria – ante un problema planteado en clase de matemáticas del tipo del que yo tengo, el de Juanito. Luego está si saben o no resolverlo, pero lo primero que te dicen es eso: “no lo entiendo”.
El asunto es complejo, y seguro que en ello están implicados numerosos factores, desde los continuos cambios en el sistema educativo, pasando por la falta de motivación de alumnos y profesores y terminando por la escasa implicación de las familias en la educación de los hijos, siempre generalizando, claro.
Mis antiguos compañeros de Facultad, muchos de los cuales se dedican a la enseñanza de la Lengua y la Literatura, tal vez no estén muy de acuerdo conmigo, pero me atrevo a afirmar que, buscando causas más concretas, nos encontraríamos con la manera en que se afronta la enseñanza de este tipo de asignaturas tradicionalmente llamadas de “letras”, en la que se pierde demasiado tiempo en enseñar vida y milagros de determinados escritores –en el caso de la literatura – y en poner etiquetas a las palabras – en el caso de la lengua – en lugar de insistir en la lucha cuerpo a cuerpo con el texto, en cómo desarrollar un idea por escrito y en cómo entender y desmenuzar la idea que otro ha desarrollado previamente. Lectura y escritura, sin más.
¿Por que seguir insistiendo entonces, a estas alturas, en la clásica diferenciación entre "ciencias" y "letras"? Yo no sé vosotros, pero un servidor echa en falta en numerosas ocasiones - no tanto en la actividad laboral, pero si en la vida diaria - cierta formación científica o matemática de que que he carecido durante mi educación. En esa laguna me hallo. Y entiendo que en el caso de quienes han optado por la formación en "ciencias" se encontrarán en su vida cotidiana con situaciones en las que la dificultad para entender un texto, o para redactarlo, les haga pasar por algún que otro apuro.
En cuanto al problema, no os preocupéis por vuestro nivel de comprensión de lectura, que seguro que lo habéis resuelto bien. Digo yo, vamos. Lo que pasa es que al pobre Juanito - aparte de tener que venir cargado hasta las cejas, la criatura - no le da ni para comprar un triste sobre. La que sí que tiene un problema gordo es su madre, la tía, que no sé en que mundo vive, con la inflación galopante que hay por ahí, hombre.

