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martes, julio 22, 2008

Un recurso literario

- Buenosdiasnosdedios.
- Esomismodigoyo. ¿Qué desea?
- Verá, quería hablar con el responsable de este blog, si lo hubiere.
- Claro que lo hubiere. Delante lo tiene.
- ¿Pero delante según miro yo de frente o delante sí, por el contrario, me giro un poquito yo así, hacia la izquierda, con lo cual lo que me queda frente por frente es el vecino del Primero Izquierda?
- No, no, de frente, de frente, según me mira a mí a la altura de los ojitos.
- ¿No será usted entonces el interfecto?
- Querrá usted decir el susodicho, que yo estoy vivito y coleando.
- Eso quería decir, discúlpeme, que es que a veces resulto un poco torpe terminológicamente hablando. Llámeme repipi, si quiere.
- ¡Repipi!
- Gracias. Insisto. ¿es usted el responsable susodicho?
- Pues sí. Yo soy, en efecto, el interfecto, digo el susodicho. ¿Qué es lo que desea? Y cuéntemelo rapidito porque vamos, sólo en los saludos y presentaciones ya llevamos casi medio post, no sé si se ha percatado usted de este extremo, así como de que además me está usted contagiando su repipiez.
- Vale. Entiendo entonces que no vamos a charlar previamente e intercambiar opiniones sobre los famosos cien días del Gobierno y que vamos mejor directamente al grano.
- Pues sí, casi mejor que sí. Y ahora el que insiste soy yo: ¿qué es lo que desea?
- Verá, yo es que soy inspector de blogs.
- ¿Y?
- Pues que hemos detectado (y empleo “hemos” como plural mayestático, que he sido yo solito) la presencia de un menor o menora en su blog, también conocido como Estilografic Punto Blog (EPB), el blog, no el menor.
- Ah, entiendo. Se trata de mi hija, sí, que ha estado escribiendo unos días los post para...
- Y supongo que ya sabrá usted que no está permitido utilizar a menores, o en este caso a menoras, para ponerlos a realizar el trabajo que correspondería hacer a un adulto, en este caso concreto a usted, sinvergüenza, que es usted un sinvergüenza.
- Pero, oiga, verá, si me deja yo se lo explico...
- ¿Qué me va a explicar usted a mí que yo no sepa? ¿No hemos quedado en que soy un repipi?
- No, no, es que todo tiene una explicación...
- ¿Todo? ¿Incluidos los más arriba mencionados cien días del Gobierno, que tenemos a la ciudadanía hecha un obelisco....
- Basilisco.
- Eso, hecha un basilisco debido a los síntomas de desconcierto y desorientación mostrados por el Ejecutivo mientras todos los indicadores económicos se descojoncian y lo que es peor, apuntan a todo apuntar hacia que lo peor aún esta por venir?
- No sabía usted cómo criticar al Gobierno y al final lo ha conseguido, ¿verdad?
- Pues sí. Me ha costado lo suyo pero al final lo he conseguido, he de confesarlo. Y ahora volvamos a lo nuestro: queda usted detenido.
- ¿Cómo?
- Pues poniéndole yo las esposas y procediendo a conducirle a las oportunas dependencias judiciales. En eso consiste una detención, que hay que explicárselo todo, ¡hombre!
- Que no, que no, que yo se lo explico ahora mismito. Que se trata de un recurso literario.
- ¿Perdón?
- De un recurso literario. Que todo es mentirijilla.
- Explíquese ahora mismo.
- Verá, resulta que para darle a esto del blog un toque más “ligero” en época estival, se me había ocurrido la idea de hacer como que fuera mi hija la que escribía los post, lo cual me permitiría modificar la perspectiva del narrador así como lograr un acercamiento a los asuntos de actualidad desde un punto de vista más ingenuo e infantil, tratando de provocar con ello la complicidad del lector, siempre más relajado y tendente al esparcimiento -téngase en cuenta - en estas fechas tan cercanas a la huída masiva a playa o montaña, según los gustos de cada cual.
- Compruebo que, en efecto, se le está a usted pegando mi repipiez a “magnis itineribus”, o lo que viene a ser lo mismo, a marchas forzadas. Pero a mi no me engaña con tanta palabrería. ¡Encima resulta que es usted un mentiroso!
- Le juro a usted que es la purita verdad lo que le cuento.
- Pues yo le juro a usted que esta noche va a dormir entre rejas. Su blog queda cerrado. ¡Andando!
- Pero... ¡oiga!, ¡ay!, ¡ay!, ¡suélteme!, ¿pero qué es esto?, ¿una broma?
- Una broma no, amigo... ¡un recurso literario!

jueves, junio 26, 2008

La llamada

Tras los extraordinarios, sorprendentes e inquietantes sucesos acaecidos en la solemne ceremonia de inauguración de la Librería La Clandestina (en adelante, LLC), hasta hace poco misteriosamente ocultos pero que ahora se revelan y salen a la luz en la blogosfera gracias a arcanos y tal vez cifrados comentarios aparecidos tanto en éste como en otros blogs de una serie de blogueros que se nos antojan "pringaos en el ajo", el Equipo de Investigación de Estilografic Punto Blog (en adelante, EIEPB) se ha puesto a investigar. A ver qué otra cosa va a hacer si no.

Iniciamos pues la redacción de la entrada o post de hoy dando a conocer al lector de manera tan sucinta como escrupulosa lo sucedido en el día de autos, esto es, durante la cacareada inauguración de LLC:

Encontrábanse una serie de bloguer@s hasta entonces desconocidos los unos de los otros (este dato es importante, el de "desconocidos", porque pudiera ser que tras la investigación finalmente se revelara - ¡oh sorpresa! – que algunos de los presentes en el acto pudieran no ser en realidad quienes afirmaban y aún hoy afirman ser, amparándose en la condición de anonimato que proporciona la blogosfera), decía que se encontraban los blogueros en la inauguración de LLC cuando, siempre presuntamente, una de las asistentes, conocida con el gracioso y ocurrente sobrenombre de Géminis Despechada (en adelante, GD) se dispuso a iniciar conversación telefónica con otra bloguera no asistente al acto (presuntamente por motivos laborales hasta la fecha no justificados), conocida por el piterpanesco apodo de Wen (en adelante, Wen), desconociéndose hasta la fecha a través de qué operador se realizo la llamada y a cuánto ascendió finalmente el importe de la misma, vete tú a saber ahora.

De lo acontecido realmente en el periodo de tiempo que extendiose la mencionada comunicación telefónica no había trascendido dato alguno, pero finalmente se ha convertido en el denominado "quid de la cuestión" a partir de las recientes revelaciones de otra de las presuntamente asistentes a la inauguración, una tal Vitruvia (en adelante, Vitru), quien asegura haber participado en la conversación telefónica aludida y haber hablado con Wen, algo que esta última dice, misteriosamente, no recordar. Vamos, y para aclararse, que Vitru asegura que habló con Wen y Wen dice que no. Qué miedo me está dando todo esto.

Mención aparte merece la implicación de otros dos blogueros presuntamente presentes en la inauguración, una tal Irreverens Punto Blog (en adelante, IPB), quien, dicho sea de paso, no guarda relación de parentesco alguna con el principal responsable de este equipo de investigación, Estilografic Punto Blog (en adelante, EPB), pese a la coincidencia en los apellidos; y un tal Joako67blog (en adelante, Jo), con quien, por cierto, este equipo de investigación trató de contactar telefónicamente el jueves 26 por la noche, a eso de las 21:00 horas, resultando del todo imposible por encontrarse "ocupado", tal y como él mismo venía a confesar en su blog. Ambos dos serán llamados a declarar y serán investigados como merecen por su presunta implicación en los, no me canso de decir, misteriosos hechos.

Se hace necesario aclarar, por último, que pese a haber sido acusado por el resto de los blogueros implicados de estar también metido en el ajo, el máximo responsable de esta investigación, EPB, no se encontraba presente el día de autos en la inauguración de LLC, y esgrime como coartada ante tal acusación que en el día y hora señalados se hallaba en su casita tan a gustito viendo el partido España-Suecia que acabó, y sirva esto como prueba, con el resultado de 2 a 1 favorable a España, ra, ra, ra (¡podemos!) con goles de Torres y Villa, quien, por cierto, no podrá estar en la final del domingo ante los ya temblorosos alemanes debido a su lesión, mecachisenlamar.

Bien. Tras la narración de los hechos sucedidos, se abren ahora una serie de posibilidades o hipótesis de investigación, siempre presuntas, que nos disponemos a detallar:

1.- Que ante lo desorbitado del coste de la llamada telefónica, GD estuviera tratando de involucrar a más blogueros de los que en realidad estuvieron implicados para después exigir que entre todos hagan frente a su próxima factura telefónica.

2.- Que Vitru tenga razón y todo se deba a un despiste de Wen.

3.- Que Wen tenga razón y todo se deba a un despiste de Vitru.

4.- Que, como ya ha sido sugerido en algún que otro comentario, la tal Vitru en realidad no exista, sino que se trate de un "ente blogosférico" que habita entre las líneas de ADSL y los espacios wifi.

5.- Que aquí todos sin excepción seamos "entes blogosféricos".

6.- Que en LLC haya gato encerrado.

Ante tales hipótesis, a cuál más desconcertante, el EIEPB decidió trasladarse ayer tarde hasta las dependencias de LLC para investigar "in situ" los misteriosos hechos, resultando que al llegar a la calle de la Palma nº 49, puerta calle, nos encontramos con la sorpresa de que la citada dirección no corresponde en realidad a LLC, sino a la Churrería La Palentina (en adelante, ChLP), donde libros no tendrán, pero elaboran unas porritas que están de muerte.

lunes, junio 23, 2008

Comida silenciosa

Al haber creído conveniente servidor evitar hablar - por aquello de la saturación, más que nada – de cualesquiera de los dos asuntos que bien pudieran denominarse como los dos grandes temas del día, esto es, el Congreso del Pepé y el furbo, encontrábase uno a primeras horas de la mañana lo que se dice “sequito” de motivos para escribir un post mínimamente decente y digno de ser publicado en esta tan seria como trascendente bitácora personalísima donde las haya.

Menos mal que, más tarde que temprano, llegaría por fin la ansiada hora de la manduca o yanta y vínome la inspiración como caída del cielo. Resulta que iba yo husmeando entre la variada oferta de mesones, figones o cualesquiera otras muchas y variadas casa de comida que abundan por los alrededores de mi departamento laboral o lugar de trabajo, cuando de repente, ¡toma ya!, dime de bruces con una de esas pizarras que hacen las veces de soporte anunciante del menú del día, que asaltan el paso de los transeúntes haciendo continuos guiños a sus hambrientos estómagos, en la que aparecía con letra bien clarita, impreso a tiza como debe ser, mi “segundo plato” favorito, camuflado entre las opciones de un menú a 11,50 euros por cabeza: “solomillos a la pimienta con patatas fritas”, ¡Válgame el señor!, ¡con lo que me gustan!

Y así ha sido como el destino o los hados, materializados en carne y adoptando la sabrosa apariencia de solomillitos, me han llevado a descubrir un peculiar restaurante en el que hasta la fecha nunca jamás había fijado ni mi vista ni mi estómago, del que lo primero que me ha llamado la atención, aparte de los consabidos solomillitos, ha sido el impresionante silencio y ausencia de escándalo en el ciertamente glamouroso y acogedor comedor de diseño último modelo.

Seducido no tanto por el refinado aspecto del local, sino más bien por la tentadora oferta gastronómica en lo que al segundo plato se refiere, no he dudado en acomodarme sin más dispuesto a esperar a que se me facilitara el elegante y colorido folleto del menú del día para confirmar la presencia en el mismo de los ansiados solomillitos que, dicho sea de paso, provocándome estaban ya tal cantidad de secreciones enzimáticas ácidas acompañadas de semejantes crujidos estomacales que dábame la sensación de que rompiáse de manera estridente el sobrecogedor ambiente monacal reinante entre aquellas elegantísimas mesas.

Una vez saciado mi apetito y degustado con deleite el apetecible “segundo plato favorito” quedábame solo ya ver saciada también mi curiosidad ante tal ambiente tan poco característico de los lugares por mí frecuentados de manera habitual en el cumplimiento diario del sano y necesario ejercicio de almorzar.

- ¡Óigame camarero!, ¡óigame!.
- No grite, no grite que le oigo perfectamente. ¿No ve que aquí hay mucho silencio y brilla por su ausencia el escándalo?
- Efectivamente, y acerca de ese extremo es por lo que quería yo a usted precisamente preguntarle. Dígame: ¿Cómo es posible que en un restaurante no se escuche ni un solo grito o expresión vehemente del tipo de “¡oído cocina!”, “¡marchando!” o “¡cóbrame la mesa cuatro!” tan habituales en otros lares de esta misma condición?
- Ah, muy fácil. Tal peculiaridad, que es precisamente la que nos distingue y nos proporciona nuestro rasgo distintivo más característico, se debe a la aplicación en nuestro establecimiento del llamado sistema CPPAMICBIAE, toda una revolución en el campo de la hostelería, créame, un sistema que goza ya de generalizada implantación en países escandinavos que, como usted ya sabrá, se caracterizan por su consabido gusto por el silencio y su pronunciada tendencia a evitar el escándalo .
- ¿Y en qué consiste – y perdone mi curiosidad – el llamado sistema CPPAMICBIAE, si puede saberse?
- Yo se lo explico ipso facto, hombre, pero no hace falta que me chille tanto usted, si le oigo perfectamente.
- Disculpe, disculpe, es que inevitablemente déjome llevar por la costumbre, ya sabe.
- Pues se trata del sistema de Camarero con Pinganillo en Pabellón Auditivo y Micrófono Inalámbrico en Cavidad Bucal Incompatibles Ambos con el Escándalo.
- Extiéndase algo más por favor, no me sea tan técnico.
- Pues el sistema mediante el cual cada uno de nuestros camareros y camareras acometen su sufrida labor dotados/as de un pinganillo discretamente introducido en el pabellón auditivo y de un micrófono inalámbrico incorporado en cavidad bucal mediante los cuales, ambos dos artilugios, se comunican con el laboratorio central, esto es, la cocina, sin apenas levantar la voz y evitando cualquiera síntoma de escándalo que producirse pudiera.
- ¡Ya decía yo, leches! ¿Y lo llevan todos?
- Todos y cada uno de nosotros, sí señor.
- Pues nada, nada, me parece muy bien. Y una vez saciados tanto mi apetito como mi curiosidad, haga el favor de cobrarme. Tome doce euros y quédese con la vuelta.
- Me temo, señor, que con eso no le va a llegar.
- ¿Cómo que no? Pero si el menú es a 11,50, según reza la pizarra.
- Sí, pero a eso hay que sumarle la cantidad correspondiente a la llamada TMT.
- ¿Cuálo?
- Sí, la Tasa de Modernización Tecnológica. La correspondiente a la implantación del sistema arriba referido pensando siempre en la comodidad del cliente y, ya sabe, en la ausencia de escándalo.
- Ya. ¿Y cuanto viene a sumar la broma entonces?
- Son treinta euros en total.
- ¿Pues sabe qué le digo? Que eso sí que me parece un... ¡ES-CÁN-DA-LO!, ¡es un escándalo!

lunes, junio 16, 2008

El blog oculto

Ya sabéis lo de la cámara oculta, ¿no? Je je. Pues nada, que como servidor no tiene cámara, ni oculta ni destapá, ocurrióseme la idea del blog oculto, ji ji. Y qué mejor ocasión que la del sábado, que como ya toda la blogosfera sabe a estas alturas aconteció el acontencimiento (valga la redundancia) más esperado del año: la inauguración de la librería La Clandestina. Descartado finalmente lo del disfraz de biólogo (ver post anterior) debido a que a cada paso que daba en dirección a la librería el ambiente se iba volviendo, sobre todo entre el gentío de naturaleza masculina, más y más acosante para con mi persona, decidí desprenderme de tal indumentaria y aparecer como persona normal y corriente, aprovechándome de mi condición de “personaje anónimo”, dado que nadie en la blogosfera conocía, hasta el sábado, mi verdadero aspecto físico. De lo que en adelante aconteció el día de autos doy ya mismo explicación, para quien escucharlo quisiere:

Sábado, 14 de junio.
Estilografic Punto Blog (en adelante, EPB): Buenas tardes.
Mariano Zurdo (en adelante, MZ): Muy buenas, ¿Qué desea?
EPB: ¿Es está la librería de los tales Mexileña, Clandestino y Mariano Zurdo, llamada, tengo entendido, La Clandestina?
Mexileña (en adelante MX): Esta es, sí señor, ¿y usted quién es?
EPB: Soy el inspector (recuerde el lector que se trata de la broma del blog oculto, no vaya a decir nada, ¿eh?).
Clandestino (en adelante CL): ¿El Inspector Clouseau, el de la Pantera Rosa?
EPB: ¡Qué Clouseau ni qué Pantera Rosa ni qué niño muerto! El inspector de librerías clandestinas soy. Porque esto es una librería clandestina, ¿verdad?
MX:. ¡Sí! ¿Cómo la sabe?
EPB: A ver si se cree usted, señorita, que la policía es tonta.
MZ: ¿Es que es usted inspector de policía?
EPB: Es una manera de hablar, señor Mariano y de apellido Zurdo, y usted debería saberlo, ya que es escritor.
CL: Veo que sabe usted mucho acerca de nosotros.
EPB: Es que soy inspector, ¿no se lo he dicho ya?
NX: Sí, inspector de librerías clandestinas, ¿Y qué desea?
EPB: Inspeccionar, qué voy a desear si no.
MZ: ¿Y por dónde quiere que empecemos, pues?
EPB: ¿Me permiten ustedes que pase al baño, retrete o escusado, que supongo estará tan estratégica como discretamente escondido tras esa ciertamente bella y tentadora puerta graciosamente decorada con vetustos libros apilados?
CL: Adelante, pase, pase, no tenemos nada que ocultar, yo le acompaño si quiere.
EPB: Si no le importa, usted se queda fuera, señor Clandestino, que yo si tengo algo que ocultar. ¡So guarro! ¿No ve que meándome vengo a más no poder?
CL: Disculpe, pensé que pasaba a inspeccionar.
EPB: Cada cosa a su tiempo, mi querido amigo, cada cosa a su tiempo.

Como el avispado lector ya supondrá, el inspector (que no es otro que Estilografic Punto Blog, cosa que aclaro por si hubiera también lectores no tan avispados que aún no se hayan enterado) no tiene ganas de miccionar ni nada, sino que aprovecha la situación para darse un respiro y desahogar la contenida risa, que ya no puede más, de lo bien que marcha hasta el momento la farsa. Al rato, y para continuar con el embuste, tira de la cadena y sale con cara de satisfacción, como quien acaba de vaciar el conducto urinario, para continuar con la inspección. Pero callemos, callemos y continuemos con el engaño. Y que no vaya a decir el lector ni pío, ¿eh?

EPB: Veo que tienen ustedes libros en las estanterías.
MX: Y yo veo que lleva usted un pinganillo en la oreja. ¿De qué se trata si puede saberse?
EPB. Ah.., esto... es la manera de comunicarme con mis superiores. Recibo órdenes en tiempo real que ejecuto de inmediato.
CL: Ya. Pues a mi me pareció escuchar, procedente del susodicho pinganillo, el grito de júbilo de “¡goldevilla!” mientras salía usted del baño, al tiempo que me parecía percibir en su rostro manifiesta expresión de satisfacción.
EPB: Efectivamente. La expresión de satisfacción que uno tiene cuando evacua su repleta vejiga a puntito de reventar. Si me lo permiten, y ya sin más dilación, procedo a echarle un vistazo a los libros.
MZ: Proceda, proceda sin miedo.
EPB: ¡Qué ven mis ojos! ¡Un bello y magníficamente ilustrado cuento llamado “Chocolata”!
MX: Sí, de la editorial OQO. Es la historia de una hipopótama que...
EPB: ¿No estarán ustedes incitando a los niños a consumir ciertas sustancias estupefacientes, no?
CL: Dios nos libre, señor inspector.
EPB: Se lo requiso para asegurarme. ¿Y este otro? “Kika superbruja y el libro de los hechizos”. ¿Encantamientos? ¿Brujería? ¿Malas artes? Queda también requisado ipso facto.
MZ: Pero oiga...
EPB: ¿Tiene ustedes ordenador?
CL: Sí. ¿También nos lo va a requisar?
EPB: No, sólo quiero que vean una cosita. Hagan el favor de entrar en Estilografic Punto Blog.
MX. ¿Estilografic Punto Blog?
EPB: Sí. Teclee, teclee y lean, je je.
MZ: A ver, a ver, aquí dice... “El blog oculto: Ya sabéis lo de la cámara oculta, ¿no? Je je. Pues nada, que como servidor no tiene cámara, ni oculta ni destapá, ocurrióseme la idea del blog oculto, ji ji....”
EPB: ¡Inocentes!, ¡inocentes! ¡Es una broma! ¡Soy yo, chicos! ¡Estilografic Punto Blog!... Pero... ¿qué pasa? ¿No sabéis quién soy? ¿Qué hacéis? ¡Soltaaaadmeeeeee!

En este preciso instante, Clandestino, Mexileña y Mariano Zurdo proceden a enganchar a servidor de las axilas y a ponerme - como lo oyen, queridos lectores – de patitas en la calle. En la calle de La Palma.

MX: ¡Malandrín!
CL: ¡Bribón!
MZ: Esta gentuza no sabe ya qué hacer para no pagar los libros, ¡Hombrepordios!

P.D: Con todo mi cariño, para los tres Clandestinos. Mucha suerte, amigos.

viernes, junio 13, 2008

Día D, hora H (y la escasez de género)

Ya está. Me ha costado lo suyo, pero ya lo tengo. Tras un par de decepcionantes e infructuosas visitas, la una a la mítica tienda de disfraces Vicente Rico y la otra a la afamada Tienda del Espía, saldadas con resultado de “cero patatero” debido a la escasez de género - motivada a su vez ésta por el consabido y dichoso paro de los transportistas - por fin tengo mi indumentaria confeccionada. Entre unas cosas y otras, al final he echado el resto en éste mi disfraz, pero todo gasto es poco para una misión tan trascendente como la que se presenta. Eso sí, espero que de una vez por todas mejore definitivamente el tiempo en Madrid, porque otra cosa no, pero fresquita es un rato, la indumentaria. Claro, con lo de la escasez de genero...

Y es que estoy del todo seguro de que por los alrededores va a haber la tira de policía secreta merodeando, así que llegar hasta el punto de reunión se me antoja que va a ser no sólo complicado, sino más bien peligrosísimo. Supongo que habrá además una puerta secreta que no se distinga de los muros de la fachada y que se abra sólo al activar un mecanismo que imagino se accionará mediante una contraseña que espero se me haga llegar sigilosamente en las próximas horas, porque ya no queda mucho tiempo para el día D y la hora H y la contraseña aún no me ha sido facilitada, supongo que también debido a lo de la escasez de género. Qué nervios.

Mi primera idea era esperar a que comenzara a caer la noche oscura sobre las calles de Madrid, de manera que desplazarse entre sombras por los oscuros callejones del centro de la ciudad resultara mucho más apropiado para pasar desapercibido entre las gentes, pero temo llegar tarde a la cita por exceso de precaución y, sobre todo, que no quede ya de nada en estantes y dependencias del innombrable destino, no sólo en lo que respecta a la mercancía intelectual, sino también, y sobre todo, en lo que se refiere a la llamada intendencia alimentaria o canapeística, si la hubiera. Anda que no complica el asunto, lo de la escasez de género...

Si hay algo que tengo claro a estas alturas es que a pesar de todas las precauciones va a resultar conveniente acercarse por la zona y alrededores disimulando y en actitud “silbante”, como quien no quiere la cosa, para esperar a que un tipo con pinta de sospechoso se nos acerque y nos pida la aludida contraseña. Supongo que sucederá, más o menos, una cosa así:

- Buenassssss.
- Buenas, venía por lo de..... ya sabe.
- Lo imaginaba, chata. ¿Contraseña?
- Es que no me ha llegado. Imagino que por lo de ...
- Sí, la escasez de género, ya. Anda pasa, pasa, y cuidadito al agacharte que no se te vea nada, si es que algo queda por ver, que tú si que vas escasita de genero.

Pues nada, que ya estoy saliendo de casa sigilosamente y sin miedo a ser reconocido gracias a mi asombrosa caracterización, y allá que te voy dispuesto a llegar a tiempo al punto de destino, a pesar de la dichosa escasez de género...

- Hombre, Estilografic, ¿dónde vas así vestido, que casi no se te reconoce?
- Vaya por Dios, vecino. Veo que, en efecto, y a pesar de los esfuerzos, me he quedado en el “casi”.
- Sí, pero no te creas, que me ha costado lo suyo saber quién eras, más que nada porque he salido de casa sin las gafas y no veo un pimiento. Que dónde vas, digo.
- Es que es un secreto que requiere discreción, no lo puedo decir. Se trata de una misión muy pero que muy peligrosa
- ¿Discreción? Pues deberías haber elegido otro disfraz pelín menos... llamativo , ¿no?
- Sé que tan difícil es de creer como de explicar, pero hazme caso. Yo iba buscando para la ocasión un disfraz de biólogo, te lo juro, pero claro, con lo de la escasez de género, ya sabes, al final lo más parecido que he encontrado ha sido esto.
- Desde luego, en lo de la “escasez” no me cabe duda de que has acertado, y en cuanto al “género”, pues resulta de lo más ambigua la cosa, si te digo la verdad.
- Ya.
- ¡Mira que disfrazarte de Anita Obregón!, ¡a quién se le ocurre! ¡Y sobre todo en estas fechas! Si sabes que es cuando presenta su línea de mini bikinis y nos deleita con sus posados en la playa, la moza. ¿No será que a ti también te gusta, como a ella, lucirte ante la concurrencia de esta guisa y me vienes a mí con el cuento de no sé qué misión peligrosa?
- Que no, que no, créeme.
- Pues mira, no te creo. Como no me digas dónde vas tan mona y provocativa, ahora mismito aviso al vecindario para que salgan a conteplar tu bella y sensual estampa por ventanas y terrazas.
- ¡Glups!. Está bien, está bien, tú ganas, te lo diré. A la inauguración de una librería voy.
- ¡Venga ya! ¿Y para eso tanto secreto, tanta carne al descubierto y tanta pose sensual y provocativa, que me estás poniendo malo?
- Verás..., es que...
- Sí, sí, ya sé, lo de la escasez de género.
- No, no es eso. Es que es clandestina, la librería.
- Ah. Haber empezado por ahí..., ¡maciza!

miércoles, junio 11, 2008

Preparando las vacaciones

Llevo yo unos años ya veraneando en La Manga (en La Manga del Mar Menor me refiero, no en la parte del vestido o prenda en la que se introduce el brazo), en una zona apartada del bullicio en la que he dado con un hotelito con buena relación calidad-precio. Y dando, eso sí, al Mediterráneo, porque el Mar Menor me resulta más bien como “caldosillo” y excesivamente calentorro.

Allí lo que se busca es que las niñas puedan disfrutar de unos días de playita, que es lo que a ellas más les apetece y que el hotel sea cómodo, en primer línea y con la animación suficiente para que las zagalas se lo pasen de rechupete y disfruten del descanso que se han ganado – hombre, qué te crees - tras un largo y provechoso curso académico.

Pues resulta que este año las inmobiliarias de la zona andan revueltas, y acusan a Greenpeace de haber provocado la alarma con el famoso fotomontaje en el que aparecía La Manga - la del Mar Menor, no la parte del vestido o prenda en la que tal, tal y tal...- sumergida bajo el agua como consecuencia de los efectos del cambio climático. ¿Qué ha pasado? Pues lo que era de esperar: que de momento los que se hunden son los precios, ya que nadie quiere comprar y todo el mundo parece querer vender en la dichosa Manga. La del Mar Menor.

Y después de esta somera introducción que me ha servido a mi para :

1.- Justificar por qué servidor elige para veranear un destino tan aparentemente poco exótico y original como La Manga del Mar Menor.
2.- Explicar que no es lo mismo La Manga con mayúsculas que la manga con minúsculas.
3.- Narrar lo sucedido allí a raíz de la habilidad y pericia en el uso del fotosó (también conocido como photoshop) por parte de Greenpeace.
4.- Desviar la atención de la opinión pública española con la única y sana intención de rebajar la euforia desatada tras la abultada victoria de ayer frente a Rusia.
y 5.- Desviar de nuevo la atención de la opinión pública española con la única y sana intención, esta vez, de levantar el ánimo y la moral tras el tan inevitable como absurdo desabastecimiento que se está produciendo en gasolineras, centroscomerciales, pescaderías, etc., como consecuencia de la huelga de transportistas en curso.

...decía que después de la introducción he de confesar que ha visto la puerta abierta para tratar de negociar una rebaja considerable también en el precio del hotel para mis vacaciones. Espabilao que es uno.

- Buenas tardes,
- Buenas tardes, ¿qué desea?
- ¿Estoy llamando al hotel de Estilografic?
- Pues no, mire, que nosotros sepamos este hotel no pertenece al tal Estilografic, sino al empresario que lo fundó.
- Ya, ya, yo me refiero a que si ése el hotel en el que suele veranear el tal Estilografic, como dice usted.
- Ah, eso sí, lleva ya aquí instalado tres años seguidos, el muy plasta.. ¿Y usted quién es?
- Pues Estilografic el muy plasta, digo Estilografic el bloguero.
- Ah, disculpe, ¿y qué desea?
- Desearía reservar una habitación, como todos los años, ya sabe, para el mes de agosto, con vistas al mar y eso.
- Muy bien.
- Y que me haga usted un precio apañadito, que estoy con el agua al cuello.
- ¿Ya?, pero si todavía no hemos empezado a hundirnos.
- No, si me refiero a mi situación económica, ya sabe, la inflación, los carburantes, la congelación salarial, etc., etc., etc.
- ¿Recuerda usted lo que pago el año pasado?
- ¿Qué si lo recuerdo? ¡Aún sueño con ello!
- Pues súmele usted un 15 por ciento para este año, que no está el horno para bollos.
- Oiga, ¿Pero no están ustedes bajando los precios con lo del cambio climático?
- Pues no, de momento no, la verdad, ya le digo que todavía no hemos empezado a hundirnos. Podrá usted seguir colocando su dichosa sombrillita de flores vedes en el mismo sitio de siempre, que todavía hay arena disponible a tutiplen.
- Sí, claro, pero de aquí a agosto que llego no se sabe lo que va a pasar. ¡Mire Kiribati!
¿Ese pavo en qué equipo juega?
- No señorita, se trata de un país. Un país que se hunde en el Pacífico. Lo ha dicho su presidente, Anote Tong.
- Espere que lo anote....
- Que no, que no tiene que anotar nada, que es que se llama así, su presidente.
- ¡Pues vaya nombrecito más raro! Con lo fácil que es llamarse José Luis o Nicolás, como hacemos en Europa.
- Eso digo yo.
- Mire, descuento no podemos aplicarle, pero vamos a hacer una cosa, ¿en que habitación se alojó usted el año pasado?
- En la 427 creo recordar.
- Pues este año le vamos a dar la 927, en el último piso, y si todavía ve que sube mucho el nivel del mar, ya sabe, con dormir boca arriba y con la boquita cerrada el agua es que ni le entra. Listo, que es usted un listo.



miércoles, junio 04, 2008

Dichosa lucecita naranja

Amanece. Hago mis cositas en el baño, me ducho, desayuno y en cuanto salgo de casa y cojo el coche, ya está ahí: la lucecita naranja que me persigue. A veces cierro los ojos muy fuerte muy fuerte pensando en que al abrirlos habrá desaparecido, o por lo menos habrá cambiado de color, que dentro de lo malo... Pero no. Es que ni cerrándolos. Sigue ahí, la jodía. Incluso si no los abro. Yo hasta hace poco cerraba los ojos y sólo veía manchitas blancas, unas fijas y otras como revoloteando delante de mí. Es muy común, no pasa nada. Pero ahora no, ahora incluso con los ojos cerrados y bien apretaditos los párpados sigo viendo la dichosa lucecita naranja. Esa lucecita naranja tiene que anunciar algo. Y no puede ser nada bueno, porque me tortura y obnubila mi mente hasta el punto de hacerme caer en deducciones y conversaciones absurdas. Regreso a casa en el coche y ahí sigue, la lucecita naranja, haciendo de las suyas. Y me tumbo en la cama, primero boca abajo, después boca arriba, y al cerrar los ojos siempre está ahí, la lucecita naranja, con la que sueño, un día sí y otro también, hasta que, vuelta a empezar, amanece y vuelvo a hacer mis cositas en el baño... Y otra vez la lucecita naranja. La dichosa lucecita naranja.

- Doctor, doctor, me pasa que veo una lucecita naranja.
- Vaya por Dios. Otro que tal baila. ¿Y le pasa a usted mucho o sólo un poquito?
- Mucho. Continuamente, diría yo.
- ¿Ha probado usted a cerrar los ojos?
- Es lo primero que hice, sí.
- ¿Y?
- Que me voy pegando unas leches de tres pares de narices, o si quiere que se lo diga más bruscamente, que me voy pegando unas hostias de tres pares de cojones. Como prefiera.
- Normal. Quién le manda a usted cerrar los ojos. ¿Y dice usted que la ve, a la dichosa lucecita naranja, a todas horas o sólo en determinados momentos del día, por ejemplo, no sé, cuando va conduciendo?
- Hombre, sobre todo sobre todo cuando voy, en efecto, conduciendo, pero es que luego sigo viéndola día y noche sin parar. La lucecita naranja.
- Ya, pero eso es ya más bien producto de su obsesión, me parece a mí.
- ¿Qué obsesión?
- Pues la que tiene usted con la lucecita naranja.
- ¿Y no sabe usted cuál es la solución?
- ¡Huy amigo!, si yo lo supiera...
- O lo supiese, le advierto que también me valdría si lo supiese.
- No, no, si el problema es que el asunto se nos escapa a nosotros, los ciudadanos de a pie – fulanitos y menganitos -, que por otro lado somos los principalmente afectados.
- ¿Usted también se encuentra afectado entonces?
- Un poco, sí.
- ¿Usted también ve la lucecita naranja entonces?
- A todas horas la veo. Como usted. Además es que ni intermitente ni nada. Más fija que un ciprés.
- Enhiesto surtidor de sombra y sueño.
- ¿El qué? ¿La lucecita naranja?
- No, no. El ciprés. El ciprés de Silos.
- Ah, que es usted poeta.
- No, no, yo soy paciente.
- ¿Se refiere a paciente de que tiene paciencia, al sujeto que recibe en la oración pasiva la acción del agente o a la persona que es o va a ser reconocida médicamente?
- A esto último más bien. Y es que además me afecta al coco, la lucecita naranja. Me hace decir cosas muy extrañas
- Ya lo veo, ya. Eso ya es más grave. No puede ir usted recitando por ahí poesías ni de Gerardo Diego ni de nadie. Le tomarán por un tipo sospechoso.
- ¿Sospechoso de qué?
- Pues de ver lucecitas naranjas.
- Pues me temo que usted también lo es, doctor. Y que usted también va diciendo por ahí cosas bastante extrañas, si me permite la observación.
- Sí, pero le recuerdo que aquí el paciente es usted, así que vamos con lo suyo y dejemos lo mío. ¿Lleva usted dinero encima?
- ¿Encima de dónde?
- Me refiero a que si tiene pasta en la cartera.
- Psche. Veinte euros, creo. Pa’un café y poco más.
- Pues mal vamos entonces, amigo, mal vamos, porque, créame, la medicina no es capaz de solucionar su dolencia. Hoy por hoy.
- No me irá a decir que son ustedes capaces de reproducir un pene, también llamado pito, con perdón, y no son sin embargo capaces de eliminar, suprimir o, sencillamente, apagar una lucecita naranja, también llamada obsesión, sin perdón,
- Pues mire, sí. Así es, en efecto, este mundo que nos ha tocado vivir. Qué quiere que le diga.
- Una explicación quiero, doctor.
- Pues se lo voy a decir bien clarito de una vez: téngame usted en cuenta que el precio del gasóleo continúa su tremenda escalada impulsado como patada en el culo por la subida del petróleo, de manera que se está vendiendo ya, el también dichoso gasóleo, a una media de 1,308 euros por litro, lo que supone un porcentaje de un 9,2 por ciento más que a principios del mes de mayo, si no me equivoco.
- Creo que no se equivoca, no.
- Pues fíjese en lo que me queda por decirle: llenar un depósito de 55 litros de su vehículo diésel le sale ahora mismo por la friolera de 71,94 euros, así que ya me dirá usted cómo se va a apagar la dichosa lucecita naranja (indicadora de la reserva, que todo hay que decirlo) poniéndole usted a su depósito unos míseros 20 euros nomás. ¡Hombre!

lunes, mayo 19, 2008

El hombre del piano


Siempre he pensado que el invento del siglo resultaría ser el coche plegable. Tú vas con tu coche tan cómodo de aquí para allá, pim pam, pim pam, y a la hora de aparcar procedes a doblar con la debida precaución y exactitud los pliegues previamente señalizados en la sorprendentemente flexible carrocería del vehículo motorizado, haciendo coincidir unas con otras las partes tan simétrica como previamente diseñadas para tal fin, de manera que el minúsculo objeto resultante vas y te lo guardas en el bolso o bolsillo, según sea el caso.

Pero no, el invento del siglo ya no va a poder ser el coche plegable porque llevo pensando en ello desde el siglo pasado, también conocido como sigloveinte, y resulta que el susodicho siglo, mal que nos pese, finalizó y el dichoso coche plegable no fue inventado por la humanidad, mecachisenlamarsalada. Y el del sigloveintiuno me temo que tampoco, porque acaba de ser presentado en sociedad un nuevo artilugio que me da a mí que merece ser situado a años luz por encima del añorado coche plegable en cuanto a diseño, modernidad y prestaciones se refiere.

Estoy hablando del... ta ta ta chaaaan... Piano Man. Que no, que no se trata del hombre sentado al piano de no importa qué viejo café, no. Es el llamado Piano Man RollUp, para ser exactos, un artilugio que en su filosofía se acerca al referido y deseado coche plegable por su comodidad y facilidad tanto de uso como de transporte, pero que sorprende además sobremanera por las prestaciones que ofrece al potencial usuario que ya debería de estar comprándolo, telodigoyo. ¡Un piano enrollable, nada más y nada menos!

Y es que además su publicidad resulta impactante (pincha en la imagen para verla más grande, no te vayas a dejar los ojos). Nada de recurrir a tópicos ni a las típicas frasecitas hechas cayendo en ridículos e infantiles juegos de palabras, no, todo lo contrario: originalidad y sorpresa son las armas de su más que merecida campaña de promoción. Tú fíjate si no en los originales eslóganes empleados: “el regalo más enrollado del año”, “¿cómo te suena esta idea?”, “un regalo que traerá cola” o el más atrayente “qué buen rollito...” ¿A que de ti no hubiera surgido jamás semejante alarde de creatividad, dimelaverdad?

Además es que no valen excusas del tipo de “es que yo también ando muy líado, como el piano, jeje”, que ha querido utilizar servidor queriendo emular semejante derroche de imaginación pero, claro, no llegándole al publicista del piano ni a la suela de los zapatos, y pretendiendo hacerse servidor el graciosillo tratando al tiempo de librarse de comprar el aparato. No hay escapatoria, porque es que te lo ponen bien clarito: hagan sus pedidos en nuestra página web, abierta las 24 horas del día. ¡Las 24 horas del día!, ¡qué derroche y poderío, Dios mío!

Yo ya me lo he encargado, porque por solo 69 euracos me regalan además unos auriculares y un libro con el llamado Easy Play Sistem, que digo yo que vendrá a ser un sistema para aprender a manejar el artilugio de manera sencilla, y si quiero una segunda unidad, para hacerme acompañamiento, me lo dejan a mitad de precio, como lo oyes. Y además es que viene recomendado por Rico Ménez, experto en nuevas teconología donde lo haya, quien lo califica nada más y nada menos que de “joya tecnológica”.

Imaginemos: da Fulanito en su casa una fiesta y todos esperando aburridos a que llegue Estilografic con la música. Y no vas a ir cargadito con tu piano y con tu cola - con la cola del piano, entiéndase -., que un piano de cola tiene que pesar un huevo (entiéndase huevo como unidad de peso). Llegas en cambio con tu desplegable y ¡zas!, sueltas el rollito encima de la mesa, de manera que a los dos segundos está todo el mundo cantando y la hasta entonces aburrida reunión - más bien coñazo, diría yo - se convierte en cuestión de segundos en una verdadera fiesta musical, y todo gracias al sorprendente y maravilloso Piano Man, el del anuncio.

Lástima que siga habiendo un pequeño inconveniente, y es que Estilografic no tiene pajolera idea de tocar el piano.

P.D: lo anuncian en TV. No sé a qué maldita hora ni en qué dichoso canal, pero lo anuncian.

miércoles, mayo 07, 2008

Cifras

Me he levantado obsesionado con las cifras.

Por fin, después de 14 días intentándolo, hoy he conseguido llegar tempranito al trabajo. A eso de las 09:03 horas salía del metro (del metro de Madrid), con lo que teniendo en cuenta que tengo que recorrer unos 1.250 metros (del metro de medir) hasta la puerta de la oficina, y que los vengo a recorrer a una velocidad de unos 150 metros por minuto, hay que sumarle 8 minutos y pico que tardo en salvar esa distancia a la citada velocidad, con lo que he alcanzado la puerta de la oficina a eso de las 09:11 horas, dado mi paso rápido y firme. Bueno, firme firme tampoco, porque tengo tendencia a arquear ligeramente los pies, de manera que desgasto aproximadamente tres veces más la suela por su parte externa que por la interna, esto es, que de cada milímetro de suela interna que desaparece o se esfuma debido a la acción del rozamiento entre cuero y asfalto (se desgasta siempre el cuero, nunca el asfalto, qué curioso) se pierden 3 de la suela externa, no sé si se me sigue.

Odio hacer cola en el ascensor, que bastante tengo ya con el metro y los atascos previos. Además, a las señaladas 09:11 horas, ya con 14 segundos añadidos, hacinábanse en la planta baja del edificio un total de 62 trabajadores/as de la docena de diferentes empresas/os que se reparten por los dieciocho pisos del inmueble/bli (ah, y un tipo con sombrero al que nunca nadie conoce pero que siempre merodea por allá/allí), esperando a repartirse ordenadamente entre los cinco ascensores existentes, a los que hay que restarle uno que casi siempre está estropeado y que por tanto, a efectos prácticos, no está disponible, lo que quiere decir que en total suman cuatro. Cuatro ascensores.

Conviene tener en cuenta también que, sin contar al fulano del sombrero, hubiéramos tocado a 15 personas por ascensor, que sí, que tiene capacidad para hasta 18 unidades humanas, pero que, convertidas éstas en unidades de peso, suponen un límite de 1.350 kg. según reza el cartel colgado en la cabina, de lo cual se deduce que, volviendo a las unidades humanas, cogen en cada ascensor apretaditos 15 personas de - y volvemos otra vez a las unidades de peso - 90 kg. cada una.

Y claro, detectados a ojo de buen cubero al menos cinco gorditos entre los aspirantes a ocupar plaza en el ascensor, ni corto ni perezoso (sobre todo ni perezoso), servidor opta por subir andandito los 18 pisos que me separan de mi añorada oficina, lo que supone, teniendo en cuenta la presencia de 20 escalones por piso más otros 20 del entresuelo, un total de 380 escalones del ala que me dispongo a meterme entre pecho y espalda antes de sentarme en mi acogedora silla de oficina y proceder a la atenta lectura de la presa del día que, por lo que veo, curiosamente viene cargadita de cifras.

Mira tú por dónde que la Inspección del Consejo General del Poder Judicial concluye en su informe que hay 269.405 sentencias en trámite de ejecución en los desbordados juzgados españoles. Y eso con datos del 2007, de antes de la huelga. Digo yo que algo habrá que hacer al respecto. ¿Y qué me dices de Myanmar, la antigua Birmania? Tremendo. La cifra de muertos llega ya a los 22.500 y 41.000 desaparecidos. Digo yo que algo habría que hacer también.

Hablemos del paro. 37.542 personas más en abril. Corbacho el ministro, no el showman televisivo, sí que tiene trabajo por delante, el tío. Bueno, también depende de cómo te lo vendan, claro, porque no es lo mismo que te diga Solbes, con esa su vocecilla delicada, que sí, que el paro “se está acelerando algo” o que “los datos no son muy buenos, no”, no es lo mismo digo a que te espete Soraya que el dato es “desastroso, ¡coño!”. Bueno, el “coño” no lo ha dicho, pero lo ha pensado, eso seguro.

Por ciento, que acabo de recibir el borrador de la declaración, en el que no estoy del todo de acuerdo con la cantidad resultante en la cuota diferencial, que viene a consistir, básicamente, en restarle a la casilla 741 (cuota resultante de la autoliquidación) la casilla 754 (total pagos a cuenta). Menos mal que para rectificar el borrador existe la opción de llamar las 24 horas del día al 901 12 12 24, o en su defecto al 901 22 33 44, este último, eso sí, de 9 a 21 horas, de lunes a viernes y del 17 de abril al 27 de junio. Me tengo que poner.

Pues eso; que como diría El Puma: numerá, numerá, viva la numeración.

viernes, abril 04, 2008

A la rica fruta

Estos días me he visto reflejado en los periódicos. Resulta que se acaba de publicar un estudio denominado “Los españoles ante la fruta 2008: hábitos y actitudes”, y al leerlo no me ha quedado otra que decirme a mi mismo: ¡anda mira, Estilografic Punto Blog! Pues eso, que me he visto reflejado.

Concluye el citado estudio, en líneas generales, que los españoles comemos menos fruta de la recomendada, así que a un servidor, como español y como comedor de menos fruta de la remendada, no le queda más remedio que darse por aludido. Pero es que aún hay más: el estudio mete el dedo en la llaga y afirma que los hombres, sobre todo los hombres, solo comen frutas fáciles de pelar y durante la comida, ante lo cual a uno, como hombre y como degustador de frutas fáciles de pelar sólo durante la comida, no le queda otra que proceder a entonar el mea culpa, con perdón por lo de “mea”, y volver a darse por aludido, con perdón por lo de “darse”.

Tratando de justificar la escasa presencia de fruta en mi dieta diaria, ocurrióseme a mi una vez hace tiempo decir en público aquello de: “a mí es que me gusta la fruta verde”. Oye, pues tal afirmación pesa sobre mi como una losa desde entonces y para el resto de mis días, me temo. Colgando que llevo el sambenito. Reconozco no obstante que la expresión no fue del todo acertada, porque claro, afirmar así como suena que te gusta la fruta verde puede dar a entender que te zampas plátanos, sandías, melones y chirimoyas, - estas dos últimas sin rima -, así como cualesquiera otras frutas que se te pongan delante, en cuanto asoman entre las ramas del árbol o tallos de la planta que les proporciona su tan necesaria como corta y fugaz existencia. Y no hombre no, no es eso.

Que el plátano está más duro que un piedra, pásaselo al bueno de Estilografic, que le gustan así, enteritos; que al higo no hay quien le hinque el diente, que se lo coma el tal Estilografic; que el melón parece más bien un pepino, para Estilografic, que seguro que da buena cuenta de él.... ¡Ya está bien!. A ver si queda clarito de una vez: a Estilografic ni le gustan todas las frutas por el hecho de estar verdes, ni tampoco se las come, las que le gustan, en el caso de que corran serio peligro de fractura tanto su maxilar superior, esto es, el de arriba, como el inferior, esto es también, el de más abajo.

A Estilografic le gusta más bien poco la fruta. Sí, lo confieso con dolor y pesar. Y le gusta poco, no te lo pierdas, sobre todo porque le pone de los nervios tener que estar quitando pepitas y huesecillos todo el rato, porque le da no sé qué mancharse la manos mientras come y, en definitiva, porque resulta ser un poco bastante tiquismiquis, que diría su madre. Qué pasa, ¿es que no puede venir uno con defectos de fábrica?

Eso sí, el leer el informe y sus conclusiones me ha servido para hacer propósito de enmienda y empezar a comer a partir de ya, en cuantito termine este post, al menos un par de piezas de fruta al día, iniciando así una nueva dieta alimenticia sana y equilibrada para recuperar el tiempo y los años perdidos.

A buenas horas, frutas verdes, digo mangos, digo mangas.

Mangas verdes.

lunes, marzo 31, 2008

Un hombre nuevo

Esta mañana he encontrado un sugerente anuncio en no sé qué periódico:

"Si deseas convertirte en un hombre nuevo,
Si no estás satisfecho con lo que la vida te ha deparado hasta la fecha,
llama ya al teléfono abajo indicado"

Ni que decir tiene que, en efecto, abajo había un número indicado, al que he llamado sin pesármelo dos veces.

- ¿Dígame qué desea?
- Pues convertirme en un hombre nuevo, qué pregunta.
- ¿Y eso por qué?
- Pues porque no estoy satisfecho con lo que la vida me ha deparado hasta la fecha, ya lo dicen ustedes.
- ¿Y a qué esta usted dispuesto para cambiarlo?
- A llamar al teléfono abajo indicado, está claro.
- No hombre, me refiero a pagar, cuánto está dispuesto a pagar.
- Hombre, pues lo menos posible, si le soy sincero.
- Veremos qué se puede hacer. Dígame nombre y apellidos.
- Estilografic Punto Blog.
- ¿Dónde vive?
- En mi casa, mientras no me echen, ahí sigo.
- ¿Medidas?
- Pueeeees..., doscientos metros cuadrados creo, si se incluyen el trastero y la terraza, claro.
- Me refiero a sus medidas, a que cuál es su altura.
- Ah, pueeees... no sé, debo estar, más o menos, por encima del metro pero sin llegar a los dos metros.
- ¿Podría concretar un poco más? Es importante.
- Digamos entonces que estoy en la media.
- ¿Aritmética, geométrica, cuadrática o ponderada, la media?
- Ponga uno ochenta y no se hable más. Pero... ¿por qué es tan importante, si la altura no me la van a poder cambiar?
- ¿Cómo que no? ¿Es que no lee usted los periódicos?
- Todas las mañanas, sí señor, y desde hace años además, pero le aseguro yo a usted que pese a mi insistencia en leerme hasta las necrológicas si hiciera falta, hace ya años que no crezco un centímetro.
- Ya lo sé hombre. Quiero decir que si no ha visto lo publicado estos días sobre la nueva operación de cirugía que permite al paciente - esto es, usted - crecer entre tres y cinco centímetros.
- Pues no, no lo he leído, así que explíqueme ya en qué consiste la operación, que a pesar de ser paciente, de impaciencia muero.
- Vera, la solución es tan simple como colocar en la cabeza, entre el cuero cabelludo y el hueso del cráneo, una prótesis de silicona sólida, y subrayo lo de sólida porque, a diferencia de lo que ocurre con las prótesis que las señoras se implantan en pecho o mama con intención demostrar un mayooooor..., digamos poderío, aquí no se trata de buscar el movimiento natural uniforme y alternativo de uno y otro pecho que provoque un efecto altamente sensual, sino todo lo contrario, esto es, la estabilidad y la firmeza propias de toda cabeza que se precie. No sé si queda claro.
- Clarísimo. ¿Y dice que entre tres y cinco centímetros sólo? ¿No puede ser algo más? Digo yo que ya que te pones...
- Sí, como poder sí, pero prodúcese entonces el temido “efecto”.
- ¿Qué efecto?
- El “efecto cabezahuevo”, que creo que no será necesario explicar en qué consiste.
- No, creo que no, me hago cargo. Dejémoslo entonces en cinco centímetros, o cuatro incluso, si me apura.
- Ea.
- ¿Y qué más pueden hacer por mí, además de lo de la altura?
- ¿Es usted un tipo ágil?
- Hombre, depende de para qué. Si se refiere usted a que si soy capaz de tocarme la cabeza con la punta del pie realizando a un tiempo una contorsión lumbar hasta el punto de arquear mi propio torso formando un perfecto ángulo agudo de unos 35 grados entre el susodicho torso y la pierna que permanece anclada en el suelo manteniendo mi estabilidad, y todo ello sin dibujar ni un ápice de expresión de dolor alguno en mi rostro, casi le diría que no, sin temor a equivocarme.
- Quiero decir más bien que si se desenvuelve usted como pez en el agua.
- Pues no, si le soy sincero servidor es más bien torpón en el líquido elemento, yo diría que incluso panoli, si me apura.
- Perfecto, pues he aquí una vez más la solución: el RZR Razer.
- ¿Qué ha dicho?
- Insisto: ¿es que no lee usted los periódicos?
- Insisto yo también: sí, pero por mucho que los leo, necrológicas incluidas, el movimiento de mi cuerpo serrano en el agua se asemeja más al ademán del hipopótamo en su hedionda charca que al sutil y armonioso desplazamiento del delfín por aguas tan saladas como cristalinas.
- Que no, que es que se ha publicado también estos días en los periódicos. Se trata del modelo de Speedo que ha sido catalogado como el bañador más rápido del mundo, después de que los nadadores que lo han utilizado hayan batido hasta seis récords del mundo en los europeos recién celebrados en Holanda.
- ¡Anda!, digo ¡nada!, digo ¡jopé!
- Pues tendría usted ambas dos soluciones en su bolsillo por el módico precio de 12.000 euros con sólo hacer la reserva a la voz de ya.
- Uf.
- Dije a la voz de “ya”, no a la voz de “uf”.
- Ya, ya.
- Con que lo diga una vez, lo de “ya”, es suficiente. ¿Reserva hecha entonces?
- No, no. Quiero decir que ya lo he entendido.
- Pues deje de pensárselo, porque a las primeras cien personas que hagan la reserva les obsequiamos con una fantástica colección en 15 CDs de los grandes éxitos de Los Indios Tabajaras. ¿Qué me dice ahora?
- Uf otra vez.
- Pero criatura, ¿Qué es entonces lo que usted anda buscando?
- Verá, es que a mí lo de ser más alto y esbelto y deslizarme cual sireno en las gélidas aguas la verdad es que me trae al pairo. Yo quisiera más bien convertirme en un personaje importante sin tener que haber realizado previamente grandes esfuerzos ni haber dedicado parte de mi tiempo y dinero a tal fin, ya me entiende. Que lo focos estuviera pendientes de mi persona allá donde acudiera incluso por encima de la presencia de Jefes de Estado y de Gobierno así como de otras destacadas personalidades que acompañarme pudieran, y que esto últimos cayeran incluso rendidos a mis pies al tiempo que desfilan ante mí destacamentos militares.
- ¿Haberlo dicho antes, hombre! Yo tengo lo que usted busca.
- ¡No me diga!
- Sí, pero tendrá que apuntarse en lista de espera.
- ¿Espera para qué?
- Para casarse con Sarkozy.

jueves, marzo 27, 2008

Una recomendación cualquiera

A la vuelta de sus para él seguro que fugaces, pero para nosotros - sus impacientes lectores - largas e interminables vacaciones (que no hay derecho, hombrepordios, habernos tenido así de huérfanos de tus entradas tantas y tantas jornadas interminables), nuestro admirado Mariano Zurdo nos anima hoy en su blog (hey, hey, hey...., reproduzco así onomatopéyicamente lo que sería la acción de animar por parte del tal Mariano) a que le ayudemos a ampliar su estantería, que se ve que el muchacho anda algo despistadillo después de sus, repito e insisto, largas e interminables vacaciones (que no hay derecho, hombrepor...)

Sintiéndome animado y alentado, voy y procedo:

Yo te aconsejaría, querido Mariano Zurdo, que tomaras a media mañana (que por la tarde hay más gente) una de las transitadas salidas de la tan capitalina como bulliciosa ciudad de Madrid y te dirigieras solícito hacia cualesquiera de los tan variados como cómodamente accesibles centros de IKEA que abundan en nuestra comunidad autónoma sagazmente presidida por la sin par Esperanza (gracias a Dios que sin par), y adquirieras allí el que consideres más apropiado - dependiendo de la capacidad de tu cuarto de estar, despacho, salón comedor o incluso cuarto de baño, por qué no – de los diferentes modelos de estanterías que pueblan el catálogo de los susodichos almacenes de origen nórdico, qué frío.

Podría hablarte maravillas por ejemplo del modelo NORREBO, que lo hay en tamaño 185 x 121, o también en 185 x 199, siempre hablando en centímetros, o de la baratísima LERBERG, que aunque tenga nombre de jugador de fútbol sueco que acompaña en la línea medular a Larsson, Ljungberg y Johansson, es una estantería sencilla y, en realidad, pelín feílla, no nos vamos a engañar.

Pero a mi, si te soy sincero, personalmente es que me gusta el modelo BILLY, no ya por las asociaciones y evocaciones traviesas y sugerentes del nombrecito, al que pícaramente pudiera añadírsele la construcción aposicional o apositiva de “el niño”, sino sobre todo porque la tienes en cinco colores, a saber, blanco, chapa abedul, chapa haya, chapa roble y marrón, y por lo ajustado y sorprendente de su precio. Y es que por 150 euros del ala, IVA incluido, te haces ya con una buena estantería para toda la vida, dependiendo, claro, de cuánto dure la vida de cada uno, que no es lo mismo morir a los cincuenta en plenitud de facultades tanto físicas como psicológicas y estando todavía en edad de merecer, que fallecer a los cien hecho un carcamal pero habiendo disfrutado de los placeres tanto mundanos como espirituales que la existencia nos depara, dónde va a parar.

El tal modelo BILLY ofrécesete también en una atractiva composición de esquina, pero si adquirieras finalmente ésta, la de esquina, te recomiendo que la coloques en una pared de tu casa que haga precisamente esquina, porque si no es que queda muy mal, ahí en medio, de mala manera y robándote el espacio vital tan necesario para el correcto funcionamiento del hogar dulce hogar.

Y tienes también toda una serie de complementos y módulos de extensión que podrás ir añadiendo sucesivamente a la estantería - si las paredes de tu casa te lo permiten, que si no también quedan muy mal, porque la madera por mucho que la empujes es que no cede ni un milímetro -, e incuso puertas de vidrio que quedan muy monas y protegen el contenido del estante o estantería del inevitable polvo, entendiéndose por tal, por el polvo digo (no nos vayamos a ir del tema) las partículas esas de procedencia insospechada que flotan en el aire y se posan, caprichosas, sobre los objetos que, como digo, contiene el estate o la estantería en cuestión.

Ah, y no te olvides de hacer uso de los fantástico lapiceritos que al módico precio de cero euros podrás encontrar a la entrada de la tienda (yo siempre que voy me traigo treinta o cuarenta para mis niñas, por lo de los cero euros más que nada). Coges uno o dos como mucho - que tú no tiene niñas, que se sepa – y te apuntas en un papelito, que también te facilita de manera gratuita el generoso establecimiento, el modelo que te guste de la exposición y el número del pasillo del almacén en el que se encuentra ubicado, para posteriormente pasar a retirarlo provisto de un carrito que, en este caso y vaya por Dios, sí que te cuesta un euro retirar, pero que sin embargo te será reingresado en tu bolsillo, el euro digo, una vez que tú también devuelvas el carro al establecimiento como Dios manda y como cliente honrado y educado que presumes de ser, que es que hay gente que se los lleva, como lo oyes.

Así que no sé a qué estas esperando,
tira de una vez para el IKEA, que ya estás tardando.

COMENTARIOS:

Mariano Zurdo dijo...
Estilografic: gracias, pero tratábase de libros, en este caso.

Estilografic dijo...
Ah. Pues entonces pon FNAC donde dije IKEA, ea.

martes, marzo 25, 2008

Servicios mínimos

- Buenos días. Haga el favor de tomar asiento y relajarse.
- Le voy a contestar en el mismo orden, que a mí esto de hablar como un tonto con una máquina me pone de los nervios y el habla me confunde: buenos días tenga usted también, señora máquina; tomo asiento siguiendo sus instrucciones, y con las mismas me relajo, o lo intento, que después de unas largas vacaciones semanasanteras y el esfuerzo que supone volver a la actividad diaria resulta dificilillo, no se crea.
- Bien, ciérreme usted la cortinilla que no le vaya a entrar luz del exterior y la jorobemos.
- Procedo a cerrarla, sí.
- A ver, introduzca usted de una vez los tres euros de rigor en la ranurita colocada a tal efecto, según mira usted al frente a su derecha, ligeramente hacia abajo .
- Un momento, un momento que me peine un poco antes, que con estos vientos de marzo luego sale uno en la foto que parece el mismísimo Chiquilicuatre pero, eso sí, con el tupé declarado en rebeldía.
- No se preocupe, que yo le indicaré cuándo tiene que peinarse y, sobre todo, si esta usted presentable ante la cámara si es que ello fuera posible de algún modo. Ahora, introduzca de una vez las dichosas monedas, que parece que le cuesta, hombre.
- Vaya, para ser una máquina la que habla la veo a usted muy metida en el papel y sorprendentemente interactiva, así como escasamente delicada, la verdad sea dicha.
- ¿Y quién le ha dicho a usted que yo soy una máquina?
- ¿Ah no?
- ¡Oiga!, no me sea usted ahora también escasamente delicado, así como maleducado y malsonante, que si le quitamos la “h”, que además es muda, a su exclamación interrogativa y juntamos las palabras utilizadas le sale una cosa muy pero que muy fea que no quisiera yo repetir.
- ¿Ah no?
- Y dale con el ano. ¿Lo ve? Ya lo he dicho y no quería.
- Disculpe, no era mi intención. Y si no es usted una máquina, ¿quién es entonces, me pregunto?
- Un honrado trabajador del sector del fotomatón, para servirle a usted.
- ¡Caguentó!, ¿y está usted todo el santo día ahí metido, dentro del fotomatón?
- Como lo oye, con mi cámara al hombro, dale que te dale al disparador.
- ¡Qué trabajo más poco agradecido el suyo!
- Y no solo eso, sino también repitiendo todo el día a tipos como usted que hagan el favor de tomar asiento, que se relajen, que cierren la cortinilla, que introduzcan de una vez los euritos..., y eso va también por usted, que veo que se sigue haciendo el remolón.
- Pues sí que tiene que ser duro, sí.
- ¡Qué duro ni qué duro! Son tres euros del ala, nada de duros ni pesetas, que no están las cosas para andarse con rebajas.
- Qué pasa, que no va bien el negocio, ¿no?
- El negocio no sé, pero el cuerpo de trabajadores estamos la mar de descontentos... De hecho, en huelga nos hallamos ahora, ¿no lo sabe?
- Pues mire no, no tenía ni idea. ¿Y en qué consiste?
- Se trata de una interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta.
- Ya, ya, eso ya lo sé. Me refiero a qué tipo de huelga hacen, porque usted está trabajando por lo que veo, o mejor, por lo que oigo, porque la cara no se la he visto todavía.
- Es que yo soy de servicios mínimos.
- ¿Servicios mínimos?
- Pero mínimos, mínimos. O que se ha creído, ¿que en estas máquinas de mierda cabe cualquiera?

lunes, marzo 17, 2008

¡Malditos roedores!

Relátanse, a continuación, los sucesos acaecidos en la residencia de Estilografic Punto Blog, más conocida como “micasa”, durante la noche del pasado sábado 15 de marzo, día de Maria Luisa de Marillac y víspera de “Domingo de Ramos”, a quien no estrena hoy se le caen las manos. Y que nadie se queje, por lo de la manos que se caen, y demos gracias al Señor Nuestro Dios de que no se les ocurriera ponerle “Domingo de Oraciones”.

Tras numerosas e insistentes llamadas de vecinos alertando de la existencia de insoportable jaleo, funcionarios del Cuerpo de Policía Antirruidos y Alborotos (CPAA) desplazáronse hasta el domicilio de la familia Punto Blog, la cual encontrábase, por ser día sábado como ya se ha dicho, disfrutando de una tan merecida como idílica jornada campestre consistente en, a saber: aperitivos de media mañana a base de embutidos de la tierra y cervecita bien fría; posterior chuletada en barbacoa legalmente autorizada con chuletitas de cordero lechal como plato principal regadas con caldos de dudosa procedencia, al no poseer, la botella de vino degustada digo, denominación de origen alguna; a continuación siesta de ronca que te ronca a todo roncar bajo agradecida sombra de olivo y bajo los efectos también del caldo que pudiera calificarse ya a estas alturas, sin temor a la equivocación, como “tintorrillo peleón”; y paseo o excursión campestre, por último, dedicada a favorecer la digestión indigesta de las citadas chuletitas y el también citado “tintorrillo”.

Al no encontrarse por tanto los residentes y propietarios de la vivienda en su interior, los citados agentes prcedieron a derribar la puerta del domicilio referido ante el estruendo que en el inmueble se venía detectando.

- Buenas noches señores, ¿quieren hacer el favor de comunicarme quién o quiénes son los responsables de esta fiesta de disfraces?
- Comete usted al menos dos errores en su interpelación, amigo.
- ¿Ah si? ¿Y se puede saber cuáles son, listillo?
- Pues que ni nosotros somos señores ni se trata de una fiesta de disfraces.
- ¿Y se puede saber entonces qué son y qué hacen en esta casa?
- Animales somos pertenecientes todos a la familia de los roedores, y de cachondeo estamos, eso sí.
- ¿Quiere decirme entonces que ese aspecto ratonil tan logrado como repelente que tienen ustedes no es un disfraz, sino que se trata de su apariencia natural?
- Como lo oye.
- ¿Y entonces quién es usted? Identifíquese.
- Simba me llamo.
- ¿El marino?
- No, no, Simba sin “d” final.
- ¿El de El Rey León?
- Tampoco. Soy el afamado hámster ruso de la sobrina de Mariano Zurdo.
- Ya. Entonces supongo que, no me diga usted más, aquel tipo fortachón de ahí, algo fondón por cierto debido sin duda a los estragos de la edad, que no perdona, es nada menos que Superratón.
- Correcto.
- Y esa muchacha que con él baila con donaire y gallardía sin par acompañados ambos, el donaire y la gallardía, de continuos ademanes sensuales que quitan el hipo al ritmo de la pegadiza melodía de “debajo un botón, ton, ton..”, no es otra que la Ratita Presumida. ¿verdad?
- Afirmativo.
- Y aquellos dos roedores resalaos que se están pimplando la caja de botellines y los saladitos sin decir esta boca es mía serán, imagino, los famosos Pixi y Dixi.
- No falla usted una.
- Y claro, aquel otro sujeto con cola y orejas redondeadas que abandona en estos instantes el escusado haciendo eses y con cara de haber vomitado lo que no está en los escritos será el tal Jerry, o en su defecto Tom, que nunca supe a ciencia cierta yo, ignorante de mí, quién era el ratón y quién el gato en semejante dúo, la verdad.
- De Jerry se trata, se lo confirmo ya, al tiempo que lo elogio por lo puesto que está usted, para tratarse de un ser humano adulto, en personajes ratoniles de ayer y hoy, más bien de ayer que de hoy.
- Y no sabe usted bien qué manía los tengo además, a los roedores. Así que ya están recogiendo, dejando todo como estaba y acompañándome ahora mismito al cuartelillo.
- Pero agente, ¿por qué se pone usted así? Si no le hemos roto nada a Estilografic Punto Blog.
- ¿Qué por qué me pongo así? Porque son ustedes unos bichos la mar de repelentes, hombre, con lo monos que resultan los gatitos, por ejemplo, y en cambio ustedes, mírense, mírense...
- ¿Pues sabe lo que le digo? Que a mi tampoco me hacen ni pizquita de gracia los policías como usted, quien ni siquiera ha tenido la delicadeza de identificarse antes de irrumpir por la fuerza, como ha hecho, en el hogar dulce hogar de la familia Punto Blog.
- Oficial Matute me llamo. ¿Algún problema?
- ¡Matute el amigo de Don Gato! ¡Mecagoenelquesofundío! ¡Ahora lo entiendo todo!

jueves, marzo 13, 2008

Salir de la rutina

Hay que ver lo que sufre uno cuando le sacan de la rutina habitual y la de cosas inimaginables que nos quedan por aprender. A mi al menos me ha sucedido esta mañana. Estropeóseme el metro, en plena hora punta, y ya es que se te trastocan todos los planes.

Lo cierto es que ya salía yo de casa, como viene siendo habitual, con la unidad de medida temporal o magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos estableciendo un pasado, un presente y un futuro, adherida a ambas dos porciones carnosas y redondeadas llamadas nalgas y que conjuntamente vienen a constituir la zona trasera del cuerpo serrano en la que la espalda deja de denominarse como tal. Eso tengo que confesarlo. Pero es que además, esperando estaba servidor en el andén tan solícito como presuroso a que llegara el metro cuando se oye una voz débil y temerosa por megafonía que no hay quien entienda. Yo creo que lo hacen adrede porque tienen miedo de que nos enfademos, ¡Pero si no sabemos desde dónde nos hablan!, ¿qué se creerán que les vamos a hacer?

- Disculpe, ¿ha oído usted algo de lo que han dicho por megafonía, señora pasajera?
- ¿Cómo me ha llamado, sinvergüenza?
- No, no, sinvergüenza no la he llamado. He dicho “señora pasajera”.
- No, si ya sé que no me ha llamado “sinvergüenza”. Faltaría más. Si el sinvergüenza es usted. ¡Habrase visto!, ¡llamarme a mi pasajera!
- Señora, eso no es nada malo. Yo también soy pasajero. Me refiero a que somos viajeros del metro, usted y yo, no a que estemos por la vida como de paso, no me malinterprete, mujer.
- Discúlpeme usted, caballero, Es que estas esperas en el metro me ponen de los nervios.
- ¿Lo ve? Ahora podría enfadarme yo por llamarme caballero, cuando, como es evidente, ni tengo caballo ni nada que se le parezca entre la piernas.
- Vamos a dejarlo, vamos a dejarlo, que por lo que veo hoy no es nuestro día y vamos a acabar diciendo alguna burrada.
- De acuerdo. Le decía si ha oído usted lo que han dicho por megafonía.
- Que va a tardar media hora, el metro.
- ¡No joda!
- Mire, ¿sabe lo que le digo?, que lo mejor es que se vaya usted corriendo a coger un autobús a la voz de ya, que no quisiera tener que ponerme a analizar pormenorizadamente su último comentario.

Así que después del incidente con la pasajera echo yo a correr camino de la parada de autobús más cercana que, claro, como no lo cojo nunca, no tengo ni idea de a qué incierto destino me conduce. Pero es que no me queda más remedio que improvisar sobre la marcha un nuevo camino a la oficina, sobre todo teniendo en cuenta que la “unidad de medida temporal o magnitud física” arriba aludida cada vez presiona más sobre las también susodichas nalgas de servidor, hasta el punto de amenazar con no dejarme ni tomar asiento en el deseado autobús.

- Buenos días, señor conductor del autobús.
- ¡Eh!, ¡eh!, ¿Se puede saber dónde va tan deprisa, so listillo?
- Pues al trabajo. Es que no funciona el metro, y he decidido tomar el autobús más cercano.
- Claro, y usted se cree que puede, así como así, pasar por delante de todos estos usuarios (que a mi no me gusta calificar como pasajeros) y colocarse el primerito de todos, el señor, ¿no?
- Hombre, en realidad es que yo he llegado antes.
- Sí, ya, pero resulta que usted no es usuario habitual de este autobús, que yo sepa.
- Pues mire no, en eso tiene razón, ya le he dicho que es que está estropeado el metro.
- Pues entonces se coloca usted el último y se espera. Y si al final hay sitio, pues sube; y si no, se espera a otro autobús o se coge usted un taxi. ¡Qué se habrá creído, la gente esta del metro!
- Vaya, no conocía yo normas tan estrictas para el uso y disfrute del transporte público, la verdad. Pero bueno, me pongo el último.

Lo que vengo diciendo. Que le sacan a uno de la rutina y es que no sabe desenvolverse. Parece mentira lo automatizados que estamos en todas nuestras tareas diarias. Menos mal que al final consigo subir tres autobuses después. Eso sí, el cambio de rutina me ha abierto los ojos, porque tras la fascinante aventura matutina he alcanzado a comprender, ya con la famosa “unidad de medida” bien instalada y acomodada en el nalgatorio sin posibilidad de marcha atrás, que no toda la vida de la ciudad a esas llamadas “horas punta” se desarrollo bajo tierra, sino que también hay actividad - y mucha, ya lo creo - en la superficie. Y así, contemplándolo ello y con la boca abierta debido a mi estupor, es como he llegado finalmente a la oficina, con la tan cacareada unidad de medida saliéndome ya a estas alturas por este último orificio aludido, esto es, la boca, y chorreandito de sudor hasta el punto de ocurrírseme la brillante idea de sugerir a mi jefe la posibilidad de instalar una ducha en la oficina para evitar tan desagradables como malolientes situaciones de esta naturaleza en el futuro.

- Estilografic Punto Blog, ¿Cómo es que llega usted tan tarde?
- Verá jefe, es que estaba servidor esta mañana en el andén tan solícito como presuroso esperando a que llegara...
- Ya, que se le ha estropeado el metro, ¿no?
- Efectivamente.
- ¿Y por qué no ha cogido un autobús?
- Eso he querido hacer, pero resulta que el señor conductor me ha dicho que si se podía saber dónde iba yo tan deprisa, so listillo...
- Ya, que ha tenido que dejar pasar tres autobuses por lo menos, ¿no?
- Exacto.
- ¿Y no le da a usted vergüenza, por último, llegar a la oficina así de sudoroso, que viene usted hecho un guarro?
- Precisamente eso iba a decirle yo a usted, lo del sudor.
- ¿Cómo? ¿Está usted insinuando que yo también vengo hecho un guarro a la oficina?
- No, no, me refiero a que se me ha ocurrido que para evitar circunstancias de este tipo podríamos instalar una ducha aquí, en la oficina.
- ¿Y no será más fácil, y se lo voy a decir bien clarito y sin rodeos, que deje usted de salir de su casa todas las santas mañanas con la puñetera hora pegadita a su jodido culo?

miércoles, marzo 05, 2008

Encuestas

Toc, toc...
- Buenas tardes. ¿Qué desea?
- ¿Señor Estilografic Punto Blog?
- Delante lo tiene. ¿Quién llama?
- Demoscopia.
- ¿A quién y de qué hay que dar copia?
- No, no, que digo que soy el tipo de Demoscopia, el de las encuestas, sondeos de opinión o barómetros electorales.
- Ah, una encuesta. Qué ilusión, que algarabía, cual si fuera esto una orgía, si me permite el bello pareado
- ¿Ha participado usted en alguna?
- ¿En alguna orgía? No, no, Dios me libre, o mejor, que me libre el recién elegido Rouco Varela, lector de este blog, me consta.
- No hombre, si no digo en una orgía. Digo en alguna encuesta, que veo que tanto le gustan.
- Bueno, una vez sí, hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...
- ¿Cömo dice?
- Que sí, que una vez. Disculpe por lo de la galaxia, es que se me fue la olla...
- ¿En qué elecciones?
- No, no fue en elecciones. Fue un señor vestido de blanco, el que me la hizo.
- ¿Ah sí? ¿Y sobre qué le preguntó?
- Pues sobre qué detergente lavaba más blanco, si el mío o el que, amablemente, me ofrecía él, el hombre vestido de blanco, en un generoso tambor o, más exactamente, en un recipiente con forma de tal, de tambor.
- ¡El hombre blanco de Colón!
- Aaaah, ¿dónde?...
- No se asuste, no, que sólo estoy recordando.
- ¡Qué susto me ha dado! Entonces ¿de qué me van a preguntar ahora? Si tengo entendido que ya no se pueden publicar encuestas sobre el voto...
- Efectivamente, pero nosotros no preguntamos sobre el voto.
- Pues no sabe lo que me alegro, porque un poquito harto de política y campaña sí que estoy, no le digo que no. ¿Y sobre qué preguntan?
- Preguntamos sobre su situación económica.
- Ah, qué interesante dato, así como revelador.
- A ver, si tuviera usted que dar una puntuación de cero a diez a su situación económica, ¿cómo diría que es?
- Jodidilla, sin duda.
- Veamos, quizás no me haya explicado bien. Se trata de que dé una cifra.
- Mil novecientos noventa y dos. Siempre me gustó ese año; ya sabe: los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Expo, Curro, Cobi...
- Me refiero a una cifra de, como le he dicho, valoración de su situación económica, de cero a diez, ya le digo.
- Es que me da no sé qué.
- No se apure usted, que todo el mundo lo hace.
- Y si me suspendo a mi mismo, ¿qué me va a pasar?
- No se preocupe que no le va a pasar nada. Sea usted sincero consigo mismo.
- Bien, lo seré...
.- ..¿La cifra, pues...?
.- .. Todo es mentira.
- ¿Cómo dice?
- Que yo no me llamo Estilografic Punto Blog.
- ¿Perdón?
- Que aquí , a este blog, no viene nadie a desayunar, ni campovidal, ni olgaviza, ni nada de nada.
- ¡Qué me está contando!
- Pues eso, estoy siendo sincero, que la mayor parte de las cosas que cuento en el blog son mentira, que me las invento. Que ni siquiera soy yo el que escribe los post sino un muchacho que tengo colaborando, sin papeles. Que apenas tengo comentarios, que de los que tengo la mitad o más me los hago yo mismo cambiando la firma, que nadie me llama por teléfono, ni vienen a visitarme al blog, ni Cristo que lo fundó, con permiso del ya mencionado Rouco.
- No llore hombre, que me da cosa verlo así
- Cómo no voy a llorar, si mis lectores no merecen esto que les hago, que ellos piensan, estoy seguro, que todo lo que cuento es verdad de la verdadera, que jamás se han parado a pensar, los pobres, que todo ello es producto de mi imaginación, sólo producto de mi imaginación.
- No se me derrumbe, por Dios, que no es para tanto, a ver si se cree que es usted el único.
- ¿Cómo dice?
- Pues lo que oye, que dé por seguro que usted no es el único. Míreme a mí, sin ir más lejos.
- Ya lo miro y lo veo, algo borroso a consecuencia de las lágrimas que inundan mis entristecidos ojos pero lo veo. ¿Qué le pasa a usted?
- ¿Usted se cree que yo me hago tal cantidad de encuestas como decimos, que luego me las leo todas y que saco las conclusiones concluyentes de manera real, sin trampa ni cartón? En qué cabeza cabe, por favor.
- De manera que ustedes también inventan cosas.
- No sabe hasta qué punto. Pero nosotros y todos aquellas personas, instituciones, organismos y agrupaciones que participamos en este tan necesario como teatral mundo de la escena política y democrática. Políticos, periodistas, medios de comunicación, sociólogos, opinadores, etc, etc, etc.
- Continúe, continúe consolándome, alma de Dios, ¿no ve que hundido me hallo?
- Lo veo, lo veo. Tome. Un pañuelo, y límpiese los mocos a la par que las lágrimas, criatura. Pero no, mejor cambie el orden, primero las lágrimas y luego los mocos, que puestos a mancharse mejor hacerlo de lo primero que de lo segundo.
- Gracias, gracias, no sabe cuánto se lo agradezco. ¿Qué podría hacer yo por usted para pagarle y agradecerle tanto consuelo?
- Pues ya que lo dice, deme usted de una puñetera vez una cifra, hombre, que no tengo todo el día.

miércoles, febrero 27, 2008

Posesión infernal

¡Vaya nochecita! El teléfono sonando cada dos por tres y que nadie contesta. Sólo se escucha como un respirar entrecortado y desagradable que asustadito me tiene, sin pegar ojo.

Riiiig, riiiing

- Ya está ahí otra vez, a ver si ahora hay más suerte... ¿Digame?
- Estilograaaafiiiiiic.
- Al habla Estilograaaaafiiiiiiic, sí. ¿Qué es lo que quieres de mí, con esa voz tan infantil como terrorífica que de punta sitúa mis cabellos y mi piel eriza, al tiempo que obliga a que mis maxilares superiores golpeen sin control alguno sobre los inferiores?
- Trabajo con padres unos y, vivienda una y familia una tener quiero.
- ¡Anda! , si cambia el orden de las palabras en bello y sugerente hipérbaton gongoriano, o propio quizás también de Maestro Yoda, no sé. Que sepas que lo he entendido, y si la vuelta le doy, mira como queda: “Quiero tener una familia y una vivienda, y unos padres con trabajo”.
- Eso ya lo he dicho yo.
- Ya, ya, si sólo estoy ordenando la frase para que se enteren los lectores, que les estamos haciendo un lío. ¿Quieres confesar ya tu identidad?
- Anima popularis sum.
- ¡Toma ya! Ahora en latín. Frasecita que quiere decir, si mis conocimientos de la lengua clásica no me fallan, que la niñita que me habla al otro lado del aparato es nada más y nada menos que un “espíritu popular”. ¿Popular del pueblo?
- NO, POPULAR DEL PARTIDO.
- ¡Dios santo! Los lectores se sorprenderán ahora de mi asombro y mi pavor, pero es que esas mayúsculas vienen a significar – que es que si no no hay forma de representarlo – que mi interlocutora de voz infantil me habla ahora con impresionante vozarrón más propio de hombretón que de muchachita desvalida. Esto empieza olerme a posesión maligna, no sé, no sé.
- ¡Vótame!, digo ¡tómame!
- ¿Lo ves? ¿A que estás poseída?
- En efecto, la cabeza me da vueltas, levito en cuantito que me meto en la cama, y por si fuera poco, bajo la escaleras haciendo el pino puente. Como lo oyes.
- ¿Y qué más quieres, niña?, pero dímelo en cristiano, anda por favor, que cagaíto estoy.
- Ser heraldo de la libertad es lo que quiero
por mucho que lo contrario diga Zapatero.
- ¡Anda mi madre! Si resulta que también hace sus pinitos con el verso. Y el caso es que eso del “heraldo”.. a mi también me está sonando. ¿no sentirás tú, querida niña, ahora que caigo, un hondo orgullo por ser española, por pertenecer a esa nación tan vieja y tan admirable que te ha ofrecido, dicho sea de paso, las mejores oportunidades, pero que también ha sabido ser exigente contigo para convertirte en una mujer madura y responsable? ¿eeeeeh?
- Exacto, Estilografic. ¿Cómo diablos lo sabes?
- Pues porque vi el debate, criatura. Tú eres la niña de Rajoy, y estás poseída, en efecto, por el espíritu popular.
- Pues entonces, si ya se ha descubierto el pastel, te dejo y me voy al cole, que la cosa ya no tiene gracia.
- Vete, vete, que ya sabes que, como bien dice papá Mariano, tienes que saber idiomas y obtener un título profesional que se cotice en todo el mundo. ¿De qué tienes ahora clase, de inglés quizás?
- No, de Educación para la Ciudadanía
Que mira que la tengo manía.

P.D.: Permiso pido para dedicar este post de hoy a nuestra querida Inadaptada Wen, que resistió sin ver el debate y ahora vive en un sinvivir sin saber quién es la niña de Rajoy. Y también a Álex, que con su comentario de ayer me dio la idea de arranque.

viernes, febrero 22, 2008

Cosas de la tele

Ayer, viendo la tele, mi hija se pegó un buen susto.

- Papá, papá, ¿qué le ha pasado a la Luna?
- A la Luna nada, hija, es que ha habido un eclipse.
- No, no, no es eso, es que han dicho en el telediario que se han cargao el satélite.
- ¿Qué satélite?
- Pues la Luna, supongo. Eso te estoy preguntando.

A ver, vayamos por partes, porque ni se entera mi hija, ni me entero yo y qué decir ya de los lectores, los pobres.

Resulta que la criatura anda liada con la asignatura de Conocimiento del Medio estudiándose los astros, que son, a saber, los planetas, las estrellas y los satélites, además de los asteroides y cometas, inclúyase también meteoritos, por qué no. Y ella es oír la palabra satélite y ya piensa directamente en la Luna como ejemplo, que es el que, dicho sea de paso, le viene como tal en su libro.

Dicho lo cual resulta que estando la muchacha cenándose anoche un buen plato de puré de calabacín de primero, seguido de un par de salchichas con tomate de segundo, todo ello complementado con una pieza de fruta que no recuerdo cuál en el postre, apareció en el informativo de turno el vídeo del misil ese que han lanzado los americanos para destrozar un satélite espía ya caduco y obsoleto.

Y así, completando un perfecto círculo, es como nos situamos de nuevo al principio del post ya sabiendo lo ocurrido, de manera que podamos entender a la perfección, gracias al detallado background aportado, la conversación padre-hija mantenida con el puré de calabacín, salchichas con tomate y pieza de fruta sin especificar como testigos.

Y así fue también como me vi en la obligación de explicarle a la muchacha que también existen satélites artificiales, y que éste es que se encontraba dando vueltas por ahí perdido, sin rumbo, en el lodo - que dirían Los Panchos -, y que vete tú a saber qué es lo que en realidad pudiera haber detrás un asunto tan turbio que huele tan mal (o mejor que echa un catipén que no veas, que diría Irre dejando constancia una vez más de su admirable poliglotía, la tía).

A continuación, una vez finalizada la cena para niñas y mayores, con las primeras ya reposando sus fatigados cuerpecillos en sendas camas tan cómodas como confortables, procedemos los mayores, esto es, padre y madre, a reposar nuestros también fatigados cuerpos (ya no tan –illos, ciertamente) en sendos sillones también tan cómodos como confortables, al amparo de los ecos del recién finalizado debate televisivo Solbes versus Pizarro.

- ¿Tú t’as enterao de algo, marido?
- Psche. ¿Y tú, mujer?
- Psche también.
- A mi me preocupa el ojo de este hombre, que no se le acaba de poner bien.
- Y a mí. ¿Y el otro?
- El otro lo tiene bastante bien, el derecho.
- Si no digo el otro ojo, digo el otro candidato.
- Ah, bien, ese los tiene bien lo dos. Lo que pasa que está recién llegao, y se le ve despistadillo, al hombre.
- Sí, esta como en la Luna.
- ¿Por cierto, qué es lo que ha pasao en la Luna?
- En la Luna nada, mujer, es que ha habido un eclipse.
- No, no, no es eso, es que han dicho en el telediario que se han cargao el satélite.
- ¿Qué satélite?
- Pues la Luna, supongo. Eso te estoy preguntando.

Y con esas fuímonos a la cama siendo conscientes, no obstante, de que nos esperaba una tan dura como absurda campaña electoral por delante.

jueves, febrero 21, 2008

Toc, toc...

Esta mañana me han tocado en el hombro. Toc, toc. Iba en el metro, me he vuelto y no había nadie. Bueno, en el metro sí que había gente, por un tubo, pero detrás de mi nadie. ¿Cómo es ello posible?, dirán los más tiquismiquis. Pues porque estaba apoyado sobre la puerta del lado que no abre. Sobre la del otro lado ya me apoyé una vez y casi me escuerno la cabeza, cierto. Por eso me apoyo siempre sobre la que no se abre. Hay estaciones con muy mala idea que te la cambian sin avisar, lo sé, pero ya me aseguro yo, menudo soy para eso, que en mi línea no suceda tal acontecimiento inesperado.

A lo que iba, que se me va el hilo. Ha sido una sensación extraña, no me había ocurrido nunca antes. Sí que me había sucedido alguna vez lo de oír voces o ruidos que parece que te están llamando: “Estilograaaaafic”, “Estilograaaaafic”..., pero lo de los golpecitos en el hombro no, eso nunca. Yo no creo demasiado en cosas de esas de sucesos sobrenaturales ni he tenido, por suerte o por desgracia, otras experiencias reveladoras en tal sentido, que yo recuerde. Hasta para eso soy un tipo de lo más normal.

Bueno, en realidad sí. Si que he tenido una, pero lo cierto es que hasta hoy no le había vuelto a dar importancia, y me la guardaba como recuerdo de infancia en algún rincón de mi cabeza. Ahora que lo pienso, debe de ser además mi primer recuerdo de infancia, porque sucedió estando yo durmiendo en la cuna, detalle - el de la cuna - que me lleva a pensar, con la sagacidad y astucia que me caracterizan, que no debía de tener la criatura – esto es, yo - más de año y medio o dos años, a lo sumo tres... no, no, cuatro ya no, seguro, yo creo que con cuatro ya no, que fui un bebe más bien grandecito y rechonchete. Acudiré a mis fuentes para verificar tal dato. Disculpadme un momentito.

Riiiing, riiiing
- ¿Mami....?
- Dime hijo.
- ¿Hasta qué edad estuve yo durmiendo en cuna?
- Fuera de juego me pillas ahora. Yo supongo que no debías tener, criatura, más de año y medio o dos años, a lo sumo tres...
- ¿Cuatro quizás?
- No, no, cuatro ya no, seguro, yo creo que con cuatro ya no, que fuiste un bebe más bien grandecito y rechonchete.
- Oye, ¿tú no estarías leyendo mi blog?
- ¿Cómo?
- Nada, nada, te dejo que estoy escribiendo.

Bien, ¿dónde estábamos? Ah sí, en la cuna, boca arriba, y sin poder conciliar el sueño. Fue entonces cuando algo llamó mi atención en el techo de la habitación, justo en la esquina, encima de la puerta. Una mano enorme asomaba. Gorda y fofa. Sí, como cuando inflas un guante de esos de fregar y se te queda aquello como un globo con dedos a punto de reventar, pues así.

Llamé a mi madre. No, no utilicé el teléfono entonces, ella estaba allí, en la habitación de al lado, cuidando de su retoño, y recuérdese, yo no debía tener más de año y medio o dos años, a lo sumo tres...

- ¿Mami...?
- Dime hijo.
- Hay una mano ahí abiba (teniendo en cuenta que yo no debía tener más de año y medio o dos años, a lo sumo tres...), dudo de que pronunciara correctamente “arriba”, y no voy a llamar otro vez a mi madre, la mujer, para que me lo aclare).
- Anda, mi niño, sigue durmiendo, que es una mancha.

Seguí durmiendo, sí, pero ahora, después de lo sucedido hoy en el metro, me pregunto: ¿era aquello realmente una mancha? Así que si os parece os voy a poner un vídeo de este tipo de sucesos extraños que a menudo acontecen en nuestras mortales vidas, que me lo ha enviado un amigo (gracias, Juan Carlos) y mientras vuelvo a llamar a mi madre para salir de dudas. Sobre lo de la mancha.

jueves, febrero 14, 2008

El libro de Vitruvia

- Buenas tardes, señorita librera.
- Buenas tardes señor.....
- Estilografic Punto Blog, ese es mi nombre, sí señora, pero tal detalle en nada importa ahora ni viene al caso.
- Pues dígame qué desea, señor Punto Blog.
- Venía a por el libro de Vitruvia.
- ¿El libro de quién ha dicho, disculpe?
- De Vi-tru-via.
- Ah, ya, ya, un momentito.... ¿Con “b”, verdad?
- Pues no, es con “v”, con “v” de Vitruvia.
- Ah, pues ....a ver, a ver.... vitrina, vitrocerámica, fecundación in vitro, humor vítreo, humor amarillo...., pues no, por “Vitruvia” no me viene nada. Dígame el título, a ver si así hay más suerte.
- “De nuevo, el amor”, se llama.
- ¡Anda! Como el de Doris Lessing.
- Es que es de Doris Lessing, señorita.
- ¿Cómo dice? ¿Pero no me había dicho que era de Vitruvia?
- Mire, vamos a empezar otra vez desde el principio que me temo que nos hemos liado.

- Buenas tardes, señorita librera.
- Buenas tardes señor Estilografic Punto Blog.
- Vamos a ver, señorita, si empezamos desde el principio, como hemos acordado, usted no se sabe mi nombre.
- Tiene usted razón, que es que me he puesto nerviosa, con la tontería. ¿Qué desea?
- Verá, es que Vitruvia tiene un blog, y en él ha propuesto que leamos un libro, un libro de Doris Lessing que...
- Que sí, que sí, que lo que usted quiere es un libro de amor, como por ejemplo “De nuevo, el amor”, para regalar el Día de los Enamorados, también conocido como San Valentín, y le da vergüenza pedirlo,¿no? Por eso tanto rodeo. Si no es usted el único, no se crea.
- Me parece que se ha pasado usted de lista, señorita librera. La cosa no es así, que yo ya le tengo comprado el regalo a mi amantísima señora.
- ¿Y qué es, si se puede saber?
- No, no se puede saber, que luego me lee el post y se chafa la sorpresa, entiéndalo.
- Bueno, vale. ¿Entonces es verdad lo de esa tal Vitruvia?
- Como lo oye, se trata de un juego.
- ¿Un juego? Entonces por qué no se lleva mejor éste que tengo de recortables de princesas Disney, con pegatinas y vestidos, o el libro puzzle de los dinosaurios, o alguno de los de Pocoyó, que tanto gustan a los niños...
- Veo que no me ha entendido. Es un juego que ha propuesto la tal Vitruvia en su blog...
- ¿Y que consiste en...?
- En leer todos a la vez el libro de Doris Lessing y después comentarlo cada uno en nuestros blogs un día previamente fijado.
- ¿Todos a la vez?
- Todos.
- ¿Yo también?
- Bueno, si usted quiere...
- ¿Y comentarlo en nuestros blogs?
- Eso es. Si lo tuviere.
- Pues no, me temo que no lo tuviere, digo que no lo tengo. Así que casi no lo voy a leer. Me presenta usted mis disculpas a la tal Vitruvia.
- Así lo haré, señorita, pero ¿quiere hacer el favor de darme ya el libro?
- ¿Qué libro? Ah, sí, el de Doris Lessing. Pueeees.... Me parece que no me quedan.
- ¿Cómo que no le quedan? A ver qué le digo yo ahora a Vitruvia.
- ¿A quién?
- A Vitruvia, a la del blog.
- Dígale que usted no tiene blog.
- Pero si es que ella ya sabe que tengo blog. ¿Cómo es que no le quedan? ¿Esta segura?
- Segurísima, ¿no ve que no ha parado de venir gente preguntando por él?
- ¿Gente? ¿Qué tipo de gente?
- Gente rarísima, por cierto. Verá, por aquí han pasado desde un tipo zurdo en braguitas y con fiebre hasta un conejo con el coxis - también llamado cóccix o rabadilla - destrozaíto, el pobre, y todos me pedían el librito de marras.
- Ya, creo que sé de quienes me habla.
- Y ahora que lo dice, hasta una tal Vitruvia ha venido por aquí. Muy maja la chica, por cierto.
- Si, sí, es un encanto.
- ¡Anda!, mire, ha habido suerte, aquí queda un ejemplar.
- No sabe la alegría que me da.
- Ah no, pero está reservado.
- ¿Reservado? ¿A nombre de quién?
- De un tal.... Estilografic Punto Blog.
- ¡Pero si ese soy yo! Ya se lo he dicho al principio de post, ¿no se acuerda?
- ¿Ah sí? ¿No decía primero que su nombre no venía al caso y después que como habíamos vuelto a empezar desde el principio ya no tenía que saberme su nombre? Desconozco su identidad, amigo. Y es más, no me fío de usted.
- Mire, vamos a hacer una cosa,¿por qué no entra en mi blog un momentito, y en el de Vitruvia incluso si quiere, y comprueba que es verdad todo lo que le estoy contando?
- Pues no es mala idea. A ver, a ver.... ¡anda!, el post de hoy se titula “el libro de Vituvia”, como de lo que estamos hablando.
- Claro, lo he puesto yo, el título.
- ¡Y salgo yo!, mire, ¡salgo yo! Jeje, qué gracia, aquí es cuando le he dicho lo de Vitruvia con “b”, qué bruta soy.
- Sí.
- Y aquí cuando lo de los libros de los juegos y los recortables. Qué ocurrencia.
- ¿Lo ve? ¿Me da entonces el libro?
- Tome, tome y márchese a leerlo, criatura de Dios. Pero no se le ocurra empezarlo antes de las 19:45 horas del domingo 17 de febrero.
- ¿Y como sabe usted que hay que empezarlo a esa hora?
- Muy sencillo, porque soy fiel lectora del blog de Vitruvia. Con “v”.

P.D: Con todo mi cariño, para la tal Vitruvia, con “v”, por las ganas y sobre todo por la ilusión que ha puesto en ésta su locura.