Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

viernes, febrero 19, 2010

Acto tercero.- En busca de la sucesión (o el melón del presidente)


La acción de este tercer acto se va a desarrollar en un lugar extrañísimo e imposible de describir, un lugar llamado.... Bueno, no vamos a desvelar todavía cómo se llama el lugar, que si no le quitamos la gracia a la cosa. Vamos a dejar que sea el propio lector o espectador quien vaya poco a poco cayendo en el asunto, ¡qué nervios! Ah, y un dato importante: ha pasado muuucho tiempo. ¿Cuánto? Quién sabe. Porque, en definitiva, ¿qué es el tiempo?, ¿una medida real?, ¿algo relativo?, ¿una mera entelequia?... Resulta que al levantarse el telón vemos a un Zapatero con apariencia extraña, tampoco vamos a desvelar ya qué tipo de apariencia, que si no la cagamos, pero sí adelantaremos a modo de pista que se le ve como amoratado o azulón, y se ha dejado una melenita muy mona que le tapa las orejas y....chsssss, ya no contamos más... ¡Venga!, que entre de una vez Rajoy, que Zapatero le está esperando.

RAJOY:
(También con apariencia extraña y con su melenita al uso)
Buenos días, Zapatero,
todavía presidente.
¿He llegado yo el primero
o estás ya con mucha gente?

ZAPATERO:
Pasa, pasa, mi querido
jefe de la oposición.
¿Dónde te habías metido?
¡te esperaba hace un montón!

RAJOY:
Es que..., verás: José Mari
me dio las indicaciones,
y me mandó de Safari
con dos pares de cojones.

ZAPATERO:
Oyéndote juraría
que aunque ya no se le vote
algo manda todavía
ese tipo del bigote.

RAJOY:
No veo que el susodicho
decida al fin despedirse
y mira que se lo he dicho:
“si me quieres, venga, irse”

ZAPATERO:
Eso dijo Lola Flores
en la boda de Lolita,
pero es que el de las Azores
no se anda con chiquitas.

RAJOY:
Y como le insistas luego
desabrocha su chaqueta,
te levanta firme el dedo
y te hace la peineta.

ZAPATERO:
¡Jopeta!

RAJOY:
Olvidémonos de Ánsar
y vayamos a lo nuestro,
que si no vendrá Esperanza
a pisarme pronto el puesto.
Aquí tienes el dinero,
mi querido Zapatero,
que hace frente al alquiler.
Si no pones ningún “pero”,
lo primero es lo primero:
ya te puedo suceder.

ZAPATERO:
Muy deprisa vas, Mariano,
no me seas abusón,
ya te digo de antemano
que he cambiado de opinión.

RAJOY:
¡Ya me has jodido el invento!
¡Si no lo digo, reviento!
¿Y a que se debe, cojones,
ese cambio de opiniones?

ZAPATERO:
Al final resultó que
fui a Washington D.C.,
desayuné con Obama,
sin quitarme ni el pijama
y me llevaron a un acto
que causome gran impacto.

RAJOY:
¿Y cómo se llama el acto
que causote tanto impacto?

ZAPATERO:
Desayuno de oración.
¡No imaginas qué follón!
Me tocó leer la Biblia...

RAJOY:
Eso sí que me da envidia...

ZAPATERO:
... y una vez metido en lío
pedí firme en mi oración:
que nos veamos, ¡Dios mío!,
libres de la recesión.
Y me dice el Tío Cachondo
(me refiero al mismo Dios):
“Yo contigo es que me mondo,
presidente del montón.
¿Cómo quieres ir tirando
solamente retrasando
la edad de jubilación?”

RAJOY:
En eso tiene razón.

ZAPATERO:
Y yo no abro ya el melón.

RAJOY:
(Alzando la voz con firmeza y decisión)
Pues entonces, caradura,
no me dejas otra opción
que ponerte con razón
una moción de censura.

ZAPATERO:
Espera, espera, no grites,
ni tampoco precipites
tan tremenda decisión.

RAJOY:
¿Tienes algo que añadir?

ZAPATERO:
Escucha qué fue a decir
el Dios Todopoderoso
para librarnos del mal:
“a partir de ahora, mozo,
dejarás de ser humano
y te convertirás, ufano,
en realidad virtual.
Y le añado a éste mi gesto
que lo mismo que tú el resto
de toditos los presentes:
viviréis eternamente,
no os tendréis que jubilar
porque ya no seréis gente...,
¡os convierto en avatar!”.

RAJOY:
¡Qué me decís, Zapatero!
¿Me tomáis el pelo al cero?

ZAPATERO:
(Retirándose la melenita y dejando a la vista sus orejas)
Que no, que no, que está claro,
mira si no qué ha pasado...

RAJOY:
(Sorprendido)
¡Ahora no me quedan dudas
que lo que tienes de punta
ya no sólo son las cejas,
que también se ven picudas
de manera muy conjunta
de repente las orejas!

ZAPATERO:
(Poniéndose estupendo)
Pues Sonsoles ya me ha dicho,
y tal cual yo te lo digo,
que aunque me parezca a un bicho
ella me encuentra atractivo.
Y en tu caso, ya verás,
no te quedarás atrás....

RAJOY:
(Retirándose también la melenita y tocándose sorprendido las orejas)
¡Toma ya! Si hasta yo mismo
también las tengo picudas.
¡Por fin salgo de mis dudas
y de mi mismo ensimismo!

ZAPATERO:
Del Gobierno ejecutivo
ya te puedes olvidar
porque ya no estamos vivos,
somos sólo un avatar.

RAJOY:
¡Jobar!

ZAPATERO:
Y deja ya de dar caña
con que el paro nos devora.
¡Que no estamos en España...!
¡que vivimos en Pandora!

RAJOY:
Te quería preguntar...:
¿todo el mundo es avatar?

ZAPATERO:
Todos somos menos Jaime...

RAJOY:
Di qué Jaime que me calme...

ZAPATERO:
Jaime de Marichalar,
que yo creí que lo era
hasta verlo retirar
del Museo de la Cera.

RAJOY:
¿Y José María Aznar?

ZAPATERO:
Ése sí que es avatar.

RAJOY:
¿Y cómo haremos ahora
para gobernar Pandora?

ZAPATERO:
Aunque la crisis explote
y venga jodido el brote,
vivir aquí es una ganga.
Te apuntas al despelote,
te olvidas del del bigote
y te colocas el tanga.

RAJOY:
Firmemos entonces pacto
que cause tremendo impacto.

ZAPATERO:
Qué pacto ni qué narices
¡Cuántas tonterías dices!
¿No somos pues virtuales?
Colócate genuflexo,
démonos al cibersexo
cual si fuéramos mortales,
que he de confesar, hermanos,
mi pasión por los marianos.

RAJOY:
(Ruborizado)
¡Zapatero presidente!
¿Delante de tanta gente?

ZAPATERO:
¡No me digas que te ataca
el pudor del ñaca-ñaca!
¡Si estamos acostumbrados
a dar peor impresión
en cualquier intervención
en Pleno de Diputados!

RAJOY:
Pues ahora que lo dices
tienes razón, ¡qué narices!
Démonos al desenfreno
igualito que en un Pleno.
Y antes declarar yo quiero
mi pasión por Zapatero.

ZAPATERO:
Así me gusta, Mariano.
¡Vámonos a meter mano!
Y como véote prudente
de que nos mire la gente
pa’no hacer el papelón
que nos bajen el...

TELÓN

ESTILOGRAFIC:
(Apareciendo por delante del telón a modo de despedida, también con su melenita y eso)
Bien, damas y caballeros,
hemos llegado al final
de esta comedia de enredos
en un mundo virtual.

Y aunque haya quien apoya
que no estoy en mis cabales...
¡a ver si nos dan un Goya
en efectos especiales!

martes, febrero 02, 2010

Acto segundo.- En busca de la sucesión (o el melón del presidente)


Sede del Partido Popular en la Calle Génova de Madrid. La acción se sitúa en un amplio pasillo de las citadas dependencias, quedando a la izquierda una puerta cerrada, que vamos a llamar puerta uno. Habrá otra puerta cerrada en el centro, que vamos a llamar puerta dos, en la que cuelga un cartelito con un pedazo de bigote y que, por tanto, se entiende que se trata del servicio de caballeros. Se ve otra puerta, más a la derecha, y también cerrada, que denominaremos puerta tres. Por último, más al fondo y a la derecha del todo, estará la puerta cuatro. Optamos por no poner una puerta más porque, como se trata de una obra en verso, seguro que algún graciosillo nos haría la consabida rima... De la puerta uno sale Mariano Rajoy en dirección a la puerta cuatro que, ya lo adelantamos, conduce a la salida, y por la que precisamente entra José María Aznar corriendo a todo correr como alma que lleva el diablo hacia la puerta dos, y en su loco caminar se tropieza con una estantería muy mona que también hay en el pasillo. O sea, un lío de cojones, pero a ver qué quieres, si estamos en Génova.

RAJOY:
¿Dónde vas, José María,
Presidente de la FAES,
que tiras la estantería
con las prisas que te traes?

JOSÉ MARI:
Voy camino al escusado
que me pilla ya aquí al lado.

RAJOY:
¿Podrás parar un momento
ante mi requerimiento?

JOSE MARI:
Es que voy a hacer de vientre
como buen ex presidente.

RAJOY:
Déjame que te concrete
y entras luego en el retrete.

JOSÉ MARI:
Dime qué quieres, carajo,
que me voy la pata abajo.

RAJOY:
Tú que has sido presidente
porque lo quiso el destino,
conocerás el camino
mejor que cualquiera gente...

JOSE MARI:
Abrevia,
que tengo cita previa.

RAJOY:
Dime pues cómo voy, macho,
en mi coche, no en canoa,
desde éste mi despacho
hasta la misma Moncloa?

JOSE MARI:
Cuando estés en carretera
con cuidado por si llueve
vas despacio y en tercera
hasta la salida nueve.
Luego sigues todo recto
con el gesto circunspecto.
Al llegar a la rotonda
hay un guardia que es la monda,
dile que eres un banquero
y él te lleva a Zapatero.

RAJOY:
¡Qué profusa explicación!
¡Mejor que la del Tomtom!

JOSÉ MARI:
Pues entonces anda y vete
que me meta en el retrete.
Pero antes di, primero:
¿qué te traes con Zapatero?

RAJOY:
No te pienses que hay contienda,
son asuntos de vivienda.
Dejémonos pues de chanzas
que me largo ya mismito
para no acabar a gritos
como me vea Esperanza.

(José Mari se mete al retrete, que no puede más el pobre, y en ese preciso instante, cuando ya Mariano, dirigiéndose hacia la puerta cuatro, hace ademán de irse, aparece Esperanza por la puerta tres)

ESPERANZA:
(impidiendo el paso de Mariano hacia la puerta cuatro)
¡Anda, mira, Marianito!
Te buscaba hace un ratito.

RAJOY:
(por lo bajini y con gesto de disgusto)
¡Maldita sea mi estampa!
¡Me pilló doña Esperanza!
(dirigiéndose a Esperanza y fingiendo semblante alegre)
Buenos días, presidenta
de todos los madrileños,
¿me permites en mi empeño
de llegar hasta la puerta?

ESPERANZA:
¿No me ocultarás, Mariano,
que te encuentro un tanto esquivo,
algún asunto lesivo
que te traigas entre manos?

RAJOY:
¿Quién, yo? Líbreme Dios de tal
acusación y pecado,
lo que pasa es que he quedado
a comer con Cospedal.
(la empuja para poder pasar y alcanza por fin la puerta cuatro)

ESPERANZA:
¡Que aprovechen la viandas!
(bajito, sin que la oiga ya Mariano, que por fin ha salido)
Muy pronto sabréis quién manda
y quién maneja el percal.

(En esto sale José Mari de la puerta dos con cara de satisfacción y se choca bruscamente con Esperanza)

JOSE MARI:
¡Jesús!, qué susto y qué daño!
¡casi que me da un telele!

ESPERANZA:
¡Cierra la puerta del baño
que no veas cómo huele!

JOSE MARI:
Cómo me alegro de verte
Espe de mi corazón,
que hace tiempo quiero hacerte
una gran proposición.

ESPERANZA:
(ilusionada)
Pues ahora es el momento,
que como venga Mariano
y nos pille mano a mano
ya se nos jodió el invento.

JOSE MARI:
Sabes que para mi eres
la mejor de las mujeres.

ESPERANZA:
(Por lo bajini)
Ahora sí que estoy contenta...
¡Ya me veo presidenta!

JOSE MARI:
¿Cómo dices?, no te escucho,
de un oído ando pachucho.

ESPERANZA:
Nada, nada, cosas mías.
Eso es porque te resfrías.

JOSE MARI:
¿Quieres algo de comida?
Dí qué quieres que te pida.

ESPERANZA:
Vamos ya mejor al grano
y me cuentas el secreto
antes que vuelva Mariano,
no te vaya a pedir fruta
y un micrófono indiscreto
crea que dije “hijoputa”.

JOSE MARI:
Allá va pues, corazón,
mi osada proposición...
(José Mari se acerca sobremanera a Esperanza, hasta el punto que los pelillos del bigote de aquél llegan a rozar la punta de la nariz de ésta, le toma la mano y se la acerca a la barriga al tiempo que se desabrocha la chaqueta y le susurra al oído, zalamero, la osada proposición...)
¿...tú te crees que son normales
éstos mis abdominales?
TELÓN

miércoles, enero 27, 2010

En busca de la sucesión (o el melón del presidente)

Comedia en verso en tres actos
Original de Estilografic Punto Blog

ACTO PRIMERO

Sencillo pero coqueto saloncito en el hogar de los Rodríguez Zapatero, también conocido como La Moncloa. En el centro, y en primer término, una mesita baja delante de un sofá que aparenta ser la mar de cómodo, pero vete tú a saber, con un par de cojines con un escudo del Barça que parece bordado a mano, pero vete tú a saber. A la derecha según mira el espectador, una puerta que se supone conduce al resto de estancia de la casa, pero vete tú a saber, y al fondo otra puerta que se supone dará directamente al jardín, pero vete tú a saber. Al levantarse el telón, la escena estará vacía, pero enseguidita entra por la puerta del jardín un señor que parece la mar de majo y educado, pero vete tú a saber...

ESTILOGRAFIC:
(dirigiéndose al público, si lo hubiere. Si no, basta con que hable mirando hacia platea, haciéndose el despistado como que aquí no pasa nada y el patio estuviera llenito de gente)
Ya se arranca la comedia,
hete aquí los personajes.
Si alguien quiere más bagaje,
búsquelo en la Wikipedia.
Dé comienzo por la gloria
de mi madre ya la historia,
que saber presto ya quiero
quién sucede a Zapatero.
Salgan pues ya los actores
con sus chismes y sus loores.
Son artistas del montón,
tírenles algunas flores
de toditos los colores
después de la actuación.
Planteado la cuestión
y ahorita que lo pienso...
¡ya está bien de tanto verso!
¡Dé comienzo la función!
(se retira y se cruza con Zapatero, que entra en ese momento. Ah, y cuidadito con no tropezarse el uno con el otro. )

ZAPATERO:
Aquí salgo yo dispuesto
a aclarar la situación.
Sin novio estoy y compuesto
pues no encuentro sucesión.
Como soy el que más manda
todos gritan y dan palmas
a mi paso.
¡Y yo ni caso!
Elegido desde antaño,
pronto cumpliré ocho años
al frente de este país.
Tú verás cómo me apaño
sin tiempo para ir al baño
¡cualquier día me hago pis!
Consultados mis barones
al respecto de este asunto
todos me dicen: “¡cojones!
si es preciso yo me apunto”.
Así pues, tiene bemoles
esto de la sucesión
Le preguntaré a Sonsoles,
niña de mi corazón.
(Se dirige hacia un lateral, y llama a voz en grito a su mujer, a quién se oye cantar a lo lejos “... y es que yo soy un tsunami, yo soy una chica in...”)
¡Sonsoleeeees, Sonsoleeeeeees!

SONSOLES:
(entrando por un lateral)
¿Me llamabas José Luis?
Estaba asando las coles
de Bruselas, para ti.

ZAPATERO:
(Sentándose en el sillón)
Eso tiene de ventaja
ser de Europa presidente,
que te traes gratis a casa
estas coles de Bruselas,
luego tú ya te las pelas
y las sirves a la gente.

SONSOLES:
Déjame pues, amorcito
que me siente aquí un ratito,
a tu vera o a tu lado.
(se sienta, zalamera, en el sillón junto a su marido)

ZAPATERO:
(con cara de pillo)
Bien te dejo que te sientes.
Se me alargan ya los dientes
de pensar en el asado
y en lo que ahora tengo al lado.

SONSOLES:
Lo que me ibas a decir,
ya lo puedes argüir.

ZAPATERO:
Sonsolitas de mi vida,
niña de mi corazón,
aunque me llamen suicida
y te llene de aflicción,
dime de una vez querida
qué hacer con la sucesión,
porque digan lo que digan
yo he abierto ya el melón.

SONSOLES:
(sorprendida)
¿Qué melón?

ZAPATERO:
El de la sucesión.

SONSOLES:
¡Ah, qué susto!
No gana una pa’disgustos
en la cocina.

ZAPATERO:
No te apures, mujercita
que he pedido ya una cita
con Sabrina.

SONSOLES.
¿Qué Sabrina?
¡Ese nombre me rechina!

ZAPATERO:
Una nueva cocinera
que te ayude en tus labores
caseras.
Más volvamos a las penas
Y dejemos ya las coles,
de Bruselas.
¿Sabrás tú entre tanta cesta
de la compra,
lo que dicen las encuestas
que me nombran?

SONSOLES:
Que un sesenta y seis por ciento
no te quiere en este puesto;
veinticinco de entre cien,
en cambio, te miran bien.
No te queda más opción,
por mucho que cambie el viento,
¡sabe Dios que bien lo siento!,
que bajarte del sillón.

ZAPATERO:
¿Y el otro nueve por ciento?

SONSOLES:
Declinó dar su opinión.

ZAPATERO:
¿Y si hacemos como Adriá,
que dice que cierra el Bulli
pero luego no se va?

SONSOLES:
Dejémonos ya de penas,
yo prefiero que te plantes
por fin de una santa vez,
y no saquen a las nenas
como ya te hicieron antes
en portada de Abecé.

ZAPATERO:
Tú dirás pues a quién nombro,
si me tocan en el hombro
todos con sus argumentos.
He pensado ya en Chacón,
pero pido su opinión
y me llama “mi sargento”.

SONSOLES:
También está Pepe Blanco...

ZAPATERO:
¡Otro que tampoco es manco!

SONSOLES:
¿Y el ministro Moratinos?

ZAPATERO:
¡Anda que ése es poco fino!

SONSOLES:
Con Montilla has de hablar.

ZAPATERO:
Ni lo pienses, que se piensa
que el fondo de la despensa
es almacén nuclear.

SONSOLES:
¿Qué me dices de Pajín?

ZAPATERO:
No me hace ni tilín.
¿No ves que luego la gente
si la nombro presidente
la va a llamar “masturbín”

SONSOLES:
Salgado está disponible....

ZAPATERO:
Pero va en caída libre...

SONSOLES:
Pues entonces De la Vega.

ZAPATERO:
Ésa sí que se la pega.

SONSOLES:
¿Has hablado con Bibiana?

ZAPATERO:
Es que no me da la gana.

SONSOLES:
Siempre queda Rubalcaba.

ZAPATERO:
¡Pero tiene mala baba!

SONSOLES:
¿Y no se te ocurre, digo,
algún nombre alternativo
a quien la envidia corroa
por vivir en La Moncloa?

ZAPATERO:
Tengo en mente un candidato.
desde hace ya un buen rato:
he hablado con Rajoy
y dice que si me voy
se hace cargo del contrato,
pues un chalet en Alcoy
no le sale más barato.

SONSOLES:
¡Qué me dices, Zetapé!,
¡Si Mariano es del Pepé!

ZAPATERO.
¿Y qué quieres qué le haga,
si es el que mejor me paga?

SONSOLES:
¡Ay, que me da mala espina,
voy corriendo a la cocina!

ZAPATERO:
No te alteres más, Sonsoles,
me retracto y no me voy.

SONSOLES:
Si no es por lo de Rajoy...
¡es que se queman las coles!

TELÓN

viernes, febrero 20, 2009

Acto tercero (Ge-no-va-ya-no-va, segunda parte)


Baile de Carnaval del Partido Popular. No sé yo si ha sido una buena idea al final lo del baile, porque, claro, a ver ahora cómo demonios sabe el espectador quién es quién en este galimatías, si va to’dios disfrazado. No obstante, y para una mejor comprensión de todo lo que en adelante aconteciere, daremos algunas pistas. Don Mariano es el que va disfrazado de Zapatero, y además se le reconoce enseguida por lo de la mano, que la sigue teniendo incandescente y hecha un Cristo. El Dr. Ánsar es el que va de Tejero, y se le reconoce, obviamente, por el bigote, aunque lleve la melena recogida en moñete bajo el tricornio. Pacocamps es el del antifaz, no por nada, sino porque va disfrazado de El Zorro. Doña Esperanza va de Un Señor Gallardo; y Un Señor Gallardo, de Doña Esperanza. Dolores de Quépedal va de botella. No, no de Ana Botella, sino de recipiente de cristal para líquidos. En el momento de levantarse el telón los invitados charlan, comen, beben y bailan al son, una vez más, del tarí, tarí, tarirorarí...., la mar de contentos todos, como si aquí no pasara nada, con la que está cayendo....

Dr. Ánsar (con tono elevado para que se entienda con la música de fondo, y esto vale ya para todos, ¿eh?): Qué, ¿cómo va lo tuyo, Mariano?
Don Mariano: Bien, bien, Doctor, el Patabajín va haciendo su esperado efecto.
Dr. Ánsar: No, no, si digo lo otro.
Don Mariano: Ah, bueno (enseñando su mano chamuscada), ya me he acostumbrado. Lo peor es a la hora de miccionar, que no hay cómo agarrarla. Por lo demás... uno acaba haciéndose a todo.
Dr. Ánsar (negando con la cabeza): Que no, que no, que digo lo otro, lo de la cacería.
Don Mariano: Ah, pues es que...
Dr. Ánsar (enfadado): ¡No me digas que no le estáis utilizando tal y como te dije!
Don Mariano (dubitativo): Sí, pero...

(En eso preciso instante todas las conversaciones, la música también, se detienen y se hace el silencio en la sala. El efecto tiene que ser algo así como si el tiempo se hubiera detenido o, al menos, ralentizado, como si todo sucediera muy, muy despacito, como a cámara lenta. Tooooodos los invitaaaaaados se giiiiiran leeeeeentamente hacia la pueeeeerta, abreeeen muuuuucho los oooojos, todo leeentameeente, y exhaaaaaan un profundo oooooooooooh de admiración, al ver entrar a .... Penélope Cruz. Y habrá algún espectador espabilado que diga: ¿y cómo sabemos que se trata de la verdadera Penélope Cruz y no, por ejemplo, de Rita Barberá disfrazada? Pues muy fácil: porque viene acompañada de su hermana Mónica, y que se sepa, Rita Barberá no tiene una hermana que se llame Mónica, listos, que sois unos listos).

Penélope Cruz (dirigiéndose a la concurrencia, en general): Hola buenas, yo venía por lo de la fiesta de los Oscars. ¿Es aquí?
Pacocamps: me parece que te has confundido de sarao, guapita.
Penélope Cruz (sorprendida): ¿Seguro? ¿alguien me puede decir quién es jefe de todo esto?

(Silencio otra vez. Ante la pregunta de la actriz, la tensión se palpa en el ambiente. Se miran los unos a los otros sin que nadie se atreva a contestar y así transcurren de nuevo unos segundos de absoluto silencio. Ahora sí que se puede decir que se detiene del todo el tiempo, porque nadie se mueve ni dice ni mu. Al final, Don Mariano se decide a romper el hielo).

Don Mariano (dubitativo): Estoooo, creo que yo. Yo soy el jefe, sí. Permítame que no le bese la mano, bella señora, pero me pilla usted dando buena cuenta de los sabrosos canapés.
Penélope Cruz (con gesto de desagrado): Pues permítame que no se la bese yo a usted tampoco, pero es que la tiene hecha un asquito.
Don Mariano: Y dígame, ¿qué les trae a usted y a su graciosa hermana por aquí?
Penélope Cruz: Pues eso, que veníamos a la fiesta de los Oscars, pero me parece que, en efecto, nos hemos debido confundir de “special event”.
Dr. Ánsar (interrumpiendo la conversación): Señoritas, si quieren ustedes tomar algo, están invitadas.
Penélope Cruz (asustada): ¡Huy, un golpista! ¿Dónde nos hemos metido, hermana? Vámonos, vámonos... (se largan las dos por donde han venido).

Dr. Ánsar (retomando la conversación con Don Mariano): Te decía lo de la caza, que...
Don Mariano (se echa a llorar): No puedo más, no puedo más...
Dr. Ánsar (asustado): pero Mariano, hijo mío, ¿qué te sucede? ¿Te duele la mano?
Don Mariano (derrumbándose del todo): ¡Qué mano ni que niño muerto...! Tengo que contarlo..., tengo que contarlo...

(Don Mariano toma aliento y respira profundamente tres veces, tres, pareciendo sacar fuerzas de donde no las hay, y a continuación coge una cucharita con su maltrecha mano y empieza a dar golpecitos en la copa, soportando el tremendo dolor que se supone le causa el atrevido gesto, y todo ello para llamar la atención de todos los presentes, que se giran hacia él. La música se detiene de nuevo. Otra vez el dichoso silencio).

Don Mariano (con voz temblorosa): Queridos invitados, ha llegado el momento de confesar toda la verdad...
Dr. Ánsar: ¿Cómo?
Pacocamps: ¡Qué dice!
Esperanza. ¡Se ha vuelto loco!
Un Señor Gallardo. ¡Por fin va a tirar de la manta!
Dolores de Quépedal: ¡Esto es el fin!
Don Mariano: Ahora vais a saber por fin en que consiste mi verdadero problema....

Pero para cuando Don Mariano procede a colocar el culo en pompa y soltar tres sonoras ventosidades semejantes a los tres “pums” en su día confundidos con disparos, ya en el baile no queda ni Dios, todos habrán salido huyendo despavoridos, temerosos de lo que allí pudiera revelarse. ¿Todos? Todos menos dos, dos sospechosos personajes que, escopeta al hombro y luciendo vistosos disfraces de cazador, apuran sus bebidas y guiñan el ojo al público en señal de complicidad, al tiempo que cae lenta y definitivamente el...

TELÓN
(fin)

miércoles, febrero 18, 2009

Acto segundo (Ge-no-va-ya-no-va, segunda parte)


Sala de consultas del médico de Partido Popular. ¿Qué cómo se sabe que es el médico del Partido Popular y no, por ejemplo, el ambulatorio de la Seguridad Social? Muy fácil: primero, porque suena de música ambiente la sintonía del PP, el tarí, tarí, tarirorarí...; segundo, porque el médico lleva un bigote enorme, el tío; y tercero, pues porque lo pone bien grande, qué leches: “MÉDICO DEL PARTIDO POPULAR”. La escena tiene su complejidad técnica, no se vayan a creer: el escenario está dividido en dos. A la izquierda se encuentra la sala de espera, en la que esperan, que para eso está, Don Mariano acompañado de Dolores de Quépedal. Don Mariano deberá llevar una gabardina echada sobre los hombros, de manera que no se le vean los brazos. Este dato es importante, que no se le vean los brazos. ¿Que por qué? Todo a su tieeeempo, todo a su tieeeempo. A la derecha, el despacho del médico. Aunque el espectador alcance a ver desde su privilegiada perspectiva el interior de las dos estancias, se supone que ambas están aisladas por un tabique y una puerta cerrada. La prueba de que los dos personajes que esperan no ven al médico, aunque el espectador sí, es que éste, el médico, no el espectador, se está hurgando en la nariz. Qué complicadas que son las artes escénicas hoy en día, me cachis en la mar.

Don Mariano: entonces qué, Dolores, ¿terminasteis la partidita sin mí?
Dolores: Pues sí, verás, es que Esperanza se empeño, y ya sabes que cuando se le mete algo en la cabeza, es ordeno y mando. Así que encontramos un sustituto.
Don Mariano: ¿Un sustituto? ¿Y se puede saber en manos de quién dejasteis mis cartas?
Dolores: de Alejandro.
Don Mariano; ¿De qué Alejandro?
Dolores (señalando con las cejas hacia la puerta del medico y bajando la voz): del yerno.
Don Mariano: ¡Ajjjjjjjj!
Dolores. Ajjjj no, Mariano. Agag. Alejandro Agag. El de la Fórmula 1.
Don Mariano: Ya, ya, si digo ajjjjjjjj porque ya tenemos bastante con el suegr...

(En ese momento la conversación queda interrumpida debido a que el doctor abre la puerta de la consulta, y en un alarde visual sin precedentes en escena, el cuerpo todo del facultativo continúa en la parte derecha del escenario, es decir, en el interior de la consulta, pero, sorprendentemente, el bigote, y sólo el bigote, asoma por la puerta hacia la parte izquierda, hacia la sala de espera. Vaaale, siiií, el espectador lo ve todo, pero se supone que lo único que asoma es el bigotillo)

Dr.Ánsar (asomando, ya digo, sólo el bigote por la puerta): ¡Que pase el siguiente!
Dolores (a Mariano): Suerte, campeón.
Don Mariano (Volviéndose hacia Dolores mientras se levanta): ¡Gracias!
Dr. Ánsar: ¡Coño Mariano!, pasa, pasa y toma asiento.
Don Mariano: Hola doctor. Venía por...
Dr. Ánsar (interrumpiéndole): Ya, ya, ya lo sé. A mí no me tienes que dar explicaciones. ¿Qué estas tomando?
Don Mariano: Pues ahora mismito nada, pero si me sirve usted una cervecita, fantástico, Doctor.
Dr. Ánsar: no hombre no, me refiero a si te han recetado ya algún laxante o algo.
Don Mariano: pero es que yo no venía por...
Dr. Ánsar. No te me hagas el remolón, Mariano, no te me hagas el remolón. Mira, te tomas tres pastillitas de esto al día, de Patabajín, y verás qué pronto sueltas todo aquello que llevas dentro y que, no sabemos nunca bien por qué, por unas causas u otras, no somos capaces de expulsar por nuestros propios medios, tú ya me entiendes.
Don Mariano: Si yo le entiendo, Doctor, pero es que lo del estreñimiento ya se me ha pasado. Yo venía a consultarle otra cosa.
Dr. Ánsar (sorprendido): ¿Otra cosa? ¡no me digas más! Vienes entonces..., así me gusta, Mariano, así me gusta..., vienes a pedirme opinión sobre lo de la caza.
Don Mariano (más sorprendido aún): ¿La caza?
Dr. Ánsar: Sí, los tiros que se oyeron el otro día mientras jugabais al Cluedo, ya me lo ha contado Esperanza. Veras, no he dejado de pensar en ello y hay que aprovecharlo al máximo. La inoportuna cacería o hecho cinegético va a ser nuestra mejor y más contundente arma arrojadiza.
Don Mariano: Pero es que...
Dr. Ánsar: No se hable más, Mariano, no se hable más. Ese par de dos, Pellejo y Mamón, han cometido un error y lo van a pagar caro. Machácalos, Mariano, machácalos, antes de que te machaquen ellos a ti, el ministro y el juez.
Don Mariano: Ya, pero...
Dr. Ánsar: Y ahora me vas a disculpar, querido, pero son cinco minutos por consulta, ya sabes, y vamos ya por los cinco con treinta, que hay que ver cómo pasa el tiempo cuando uno, o en este caso tú, está bien acompañado, ¿verdad? (Se levanta y se dirige a Don Mariano para que éste a su vez se sienta obligado a levantarse, invitándole así a abandonar la consulta) Ah, y no dejes de tomarte el Patabajín, tres al día, desayuno, comida y cena ¿eh?
Don Mariano (resignado): Tres al día , ya.
Dr. Ánsar: Y arriba ese ánimo (hace ademán de ir a estrecharle la mano a Don Mariano y entonces éste se descubre el brazo, ahora sí que sí, y se le ve una mano enorme, hinchadísima y toda enrojecida, pero no hace falta que el actor que haga el papel del sufrido líder se haga una escabechina, no, no seamos brutos, sino que vale con una mano postiza de esas de broma, ahora que estamos en Carnavales, incluso con un guante rojo de los de fregar bien hinchadito, esto último resulta muy práctico).
Dr. Ánsar (asustado al verle la mano): ¡Jesús, Mariano!
Don Mariano: Por esto venía, doctor, por esto venía...
Dr. Ánsar: ¿Pero qué te ha pasado?
Don Mariano: Que he puesto la mano en el fuego.

TELÓN
(continuará)

lunes, febrero 16, 2009

GE-NO-VA-YA-NO-VA (2ª parte)

Comedia en tres actos
Original de Estilografic Punto Blog


Si ya te leíste la primera parte, eso que te llevas pa'l cuerpo. En caso contrario, casi que déjalo ya y pasa directamente a la segunda. Total, te vas a enterar de lo mismo...

ACTO PRIMERO

Salita de reuniones de la calle Génova, sede del Partido Popular. Corre (y no veas cómo corre) el año del Señor de 2009, allá por el mes de febrero, y en la calle hace un frío que te cagas. No así en la citada sala, en la que se está la mar de calentito. Y todo a media luz, como en el tango. El espectador, ajeno a lo que allí dentro se cuece, percibirá, o deberá percibir, cierto ambiente crispado entre los allí presentes y caras de sospecha y desconfianza en los unos y en los otros. Alrededor de una amplia mesa redonda nos encontramos con una silla vacía (se supone que del jefe) y después, en el sentido de las agujas del reloj (se supone que el espectador lleva reloj y que éste es de manecillas, como Dios manda), se encuentran - sentaditos todos - la Señá Esperanza, un señor Gallardo, Dolores de Quépedal y Pacocamps. Cada cual, apunta que te apunta sus cositas en secreto y sin que los demás le vean. Esperan impacientes.

La Señá Esperanza (inquieta): Cuánto tarda este hombre...
Pacocamps: Sí que tarda, sí. Hace ya más de media hora que salió...
La Señá Esperanza (notablemente disgustada): Pues ya está bien, a ver si puede ser que terminemos hoy con esto...

(De repente, el silencio se rompe con un ¡pum!, a continuación un nuevo ¡pum!, y para finalizar un último ¡pum!, con lo cual, y si no me equivoco, suman la friolera de tres “pums”)

Dolores de Quépedal (alarmadísima): Dios mío, ¿qué ha sido eso?
Pacocamps (alarmadísimo también, para no ser menos): ¡un pum!
La Señá Esperanza (fría como si no fuera con ella, la tía): un pum no; han sido tres.
El Señor Gallardo: voy a ver qué pasa (se levanta, se dirige hacia uno de los laterales del escenario y hace mutis por el foro).
La Señá Esperanza (por lo bajini, por si acaso, y una vez que se ha marchado el Señor Gallardo). ¡Yo no he visto tío más pelota!
Dolores de Quépedal: No seas así, mujer. A lo mejor le ha pasado algo.

(Quedan todos en silencio y continúan tomando notas, siempre desconfiando los unos de los otros y echándose ojeadas, los unos a los otros, con el rabillo del ojo. Enseguida regresa el Señor Gallardo y cuando se dispone a ocupar su silla, La Señá Esperanza se la retira, no sin disimulo).

El Señor Gallardo (cayéndose de culo): ¡Hostias!
La Señá Esperanza: Alcalde, no me seas mal hablado, por Dios.
El Señor Gallardo (incorporándose, colocándose las gafas que han ido a parar al suelo por efecto de la aparatosa caída y sin perder la compostura): Jopelines, quise decir.
Pacocamps: (dirigiéndose al Señor Gallardo): ¿y Mariano, no viene?
El Señor Gallardo: Me temo que está con dolores.
Dolores de Quépedal (sorprendida): ¿Conmigo? Si yo no me he movido de aquí...
El Señor Gallardo: no mujer, me refiero a que le duele, y por eso tarda.
Dolores de Quépedal: ¿que le duele qué? ¿Le han pegao un tiro? Dinos algo, Alberto, que nos tienes en ascuas.
El Señor Gallardo: que no, que no, que se trata de lo suyo, ya sabes (se toca la barriga)... de sus dificultades para evacuar.
La Seña Esperanza: ¡No me digas que está otra vez estreñido! Pues entonces tenemos para rato.
Pacocamps: ¿Y los tiros?
Un Señor Gallado: Ah, eso... Parece que se ha abierto la temporada de caza.
Dolores de Quépedal: ¡Indignante!
Pacocamps: ¡Dónde se ha visto!
La Señá Esperanza: ¡Pa’cagarse!
Un Señor Gallardo (sorprendido por el enfado de los tres): ¿Os referís al hecho cinegético o al tránsito intestinal?
Esperanza (hasta las narices de la situación): A ambas cosas. ¿Y sabéis lo que os digo? Que vamos a seguir sin él. ¿no te tocaba a ti, Dolores? Pues venga, acusa de una vez.
Dolores de Quépedal: Yo... digo que ha sido el Sr. Correa..., con el ladrillo..., en toda la cabeza y... en el despachito.

Y es entonces, y sólo entonces, cuando el despistado espectador descubre que los cuatro personajes y, por qué no decirlo ya, aspirantes a la sucesión del intestinalmente obstaculizado Mariano, se hallan disputando una tan interesante como reñida partidita de Cluedo, que lamentablemente va a quedar pendiente de resolución debido a que comienza a descender el siempre inoportuno...
TELÓN
(continuará)

jueves, mayo 29, 2008

La Comedia


GÉ-NO-VA-YA-NO-VA
(o el interminable viaje al centro de la tierra)

Comedia en tres actos
Original de Estilografic Punto Blog

PERSONAJES:

Estebita, un Señor de Valencia
Don Mariano Carajoy
El Tipo Gordo
El Tipo del Bigote
La Hermana Sor Aya
Pepe el Camarero
Un Señor Gallardo
Don Pedro Duque

(Pongamos las cosas en su debido orden)

miércoles, mayo 28, 2008

Acto Tercero (Ge-no-va-ya-no-va)


Saloncito la mar de apañado y espacioso de una casita de campo sita en finca rústica de la localidad de Cañaveral. No en Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos), sino más bien en Cañaveral, provincia de Cáceres (Extremadura, España), nada más pasar el embalse de Alcántara, localidad, dicho sea de paso, con buen vino de pitarra y excelentes aceitunas. Diez meses después. Encuéntranse reunidos en el citado saloncito un grupo de dirigentes del partido, de los denominados “fieles a Don Mariano Carajoy”. Se respira - o respírase - tensión y agitación en el ambiente. Al fondo del saloncito, colgada en la pared y de frente al espectador, una pantalla gigante de televisión, una LCD LG 47" 47LY95 con TDT incorporado estaría bien, pero claro, eso ya depende del presupuesto de la compañía a la hora de representar la obra, que con esto de la Eurocopa están ahora por las nubes los precios de los televisores. Qué me vas a contar a mí...

Un Señor Gallardo (preocupado): ¿Estás seguro de que todo salió bien, ¿no?
Estebita: Segurísimo. Con la cogorza que tenía no se enteró de nada, el pobre.
Un Señor Gallardo: ¿Y estás convencido de que era la mejor solución de todas las posibles? Téngase en cuenta que nosotros conformamos la llamada “línea blandita” del partido.
Estebita: Convencidísimo. Desechado el denominado “método Obregón” (siempre presunto, ¿eh?, no nos vayamos a meter en líos), es que no quedaba otra.
Un Señor Gallardo: Pues nada, nada, ahora a esperar que todo termine mejor que empezó.
Estebita: Eso espero, sí, porque el momento decisivo aún está por llegar, cuando.... Pero mira.... mejor te lo explica Don Pedro, nuestro asesor experto en la materia, que por aquí viene ya solícito y dispuesto.

(Entra en escena Don Pedro Duque, quien, recurriendo a la misma técnica teatral de identificación de personajes utilizada con éxito en la primera aparición en escena de Estebita - personaje que, recordémoslo, venía cargado con una paella para que se reconociera que se trataba de un señor de Valencia – llega vestido de astronauta, con casco, guantes y tubos de evacuación y todo, que son, los tubos de evacuación, los conductos que permiten al astronauta orinar y defecar con toda normalidad si resultara necesario e imprescindible.)

Don Pedro Duque (acercándose lentamente y andando así como cuando uno pasea por la luna, con la falta de gravedad y eso): Buenas tardes, señores. ¿Llego a tiempo?
Un Señor Gallardo: Llega usted en el mejor momento, Don Pedro. ¿Le apetece un vino de pitarra y unas aceitunillas?
Don Pedro Duque: Bueno, si me las pincha sí, porque es que no me apaño yo a cogerlas, con estos dichosos guantes.
Estebita: Le estaba explicando al Señor Gallardo, Don Pedro, cuáles son las dificultades de la misión....
Don Pedro Duque: Pues sobre todo, sobre todo, que no cabe duda de que corremos cierto riesgo al haber introducido un elemento extraño en un complejo artilugio no diseñado para tal fin, para transportar cuerpos extraños digo.
Un Señor Gallardo (con gesto comprensivo): Claro, claro. Me hago cargo, Don Pedro, pero todo sea por el bien del partido.
Estebita: Y de España, también por el bien de España.
Don Pedro Duque (poniéndose interesante): Sí, pero imagínense por un momento que se nos va todo al garete debido al sobrepeso, o si, por algún movimiento forzado, se nos escogorcia el brazo robótico, o Robotic Arm, destinado a extraer las correspondientes muestras del subsuelo y comprobar si, en efecto, se encuentra allí el esperado permafrost.
Un Señor Gallardo y Estebita (asintiendo a la vez, y simulando dominar el tema): El permafrost.
Don Pedro Duque (cada vez más en su salsa): Eso es, el permafrost, que como ustedes bien saben es la capa de hielo permanentemente congelado que se encuentra en los niveles superficiales del suelo de las regiones muy frías o periglaciares.
Un Señor Gallardo y Estebita: Ya.
Don Pedro Duque (imparable): No quiero ni pensar la que nos montarían los americanos si, en un ataque de rebeldía o rabia del improvisado tripulante, éste nos deteriorara, Dios no lo quiera, la delicada cámara panorámica estereográfica de alta resolución SSI (Surface Stereo Imager). O el mismísimo TEGA (Termal and Evolved Gas Analyzer), un espectómetro de masas que analiza muestras del suelo calentadas hasta resultar volatilizadas.
Un Señor Gallardo (con gesto de preocupación): Claro, porque seguro que todo eso costará una pasta gansa ¿no?
Estebita: Sobre todo el espectómetro ese, imagino.
Don Pedro Duque: ¡Ya lo creo! En total la misión sale por la friolera de 420 millones de dólares. ¡Cómo para cagarla!

(En ese instante se enciende la pantalla gigante situada en el centro de la sala, en la que de momento sólo se verán rayas y más rayas, como cuando en casa al vecino le dar por tocar la antena)

Estebita (emocionado y voviéndose hacia la televisión): ¡Ya tenemos imágenes!, ¡ya tenemos imágenes!
Un Señor Gallardo (tranquilo y frío): Bien, Estebita. Sintonízalo en condiciones, haz el favor.

(Estebita procede a ajustar la recepción del televisor, y finalmente aparece una imagen clara y nítida, la de la sonda Phoenix posándose sobre el suelo de Marte)

Todos: ¡Ooooooooh!

(A continuación, el grupo estalla en aplausos y abrazos al tiempo que todos apuran lo que a cada cual le queda de vino de pitarra en sus respectivos vasos, y mientras recobran la normalidad y van regresando a sus puestos se observa en la imagen del televisor que alguien desciende de la sonda Phoenix y, tras dar unos primeros pasos desconcertado, se dirige hacia la cámara hasta que su cara, la de Don Mariano Carajoy, ocupa toda la pantalla en un inconfundible primer plano)

DMC: ¡Cabroooneeeeeees!

(De nuevo estalla la alegría en el grupo y todos rompen a reír al grito de ¡Gallardón presidente! cuando, inexorable y, ahora sí, definitivamente cae lentamente el

TELÓN

martes, mayo 27, 2008

Acto Segundo (Gé-no-va-ya-no-va)


Barra del bullicioso bar de copas de dudosa reputación El Ave Palmípeda, vulgar y familiarmente conocido como La Gaviota, cercano al despachito que nos sirvió como escenario en el Acto Primero. Ambiente cargadito. Don Mariano Carajoy permanece sentado en un incómodo taburete jugueteando con un vaso vacío en la mano. Bueno, vació, vacío del todo no. Con hielo. A su lado, y sobre la barra, un ejemplar de El Mundo manoseadillo. Don Mariano, un poco chispa ya, charla con Pepe el camarero, sereno pero un poco tartaja, el muchacho.

Don Mariano Carajoy (como ido): Pepe, dígame la verdad, ¿cree usted, como dice Elorriaga en El Mundo, que no estoy en condiciones de ofrecer un liderazgo renovado, sólido e integrador?
Pepe el camarero: No haga caso, Don Mariano, esas son cosas de Pe-pe-Pedro Jota.
DMC: ¿Y considera usted, por lo que de mí viene sabiendo, que servidor es pusilánime o, lo que viene a ser lo mismo, falto de ánimo y valor para tolerar las desgracias y para intentar cosas grandes?
Pepe el camarero: Eso se lo habrá oído usted a Federico en la COPE-pe-pe. Ni lo tenga en cuenta.
DMC: Pues haga el favor entonces de ir rellenándome el vaso, amigo, y brindemos a la salud de Losantos, digo de todos los Santos. ¡Hip!
Pepe el camarero: Pe-pe-perdóneme la sugerencia, Don Mariano, pero no debería usted beber más.
DMC: Qué pasa, ¿que también usted se va a poner en mi contra? ¡Hop!
Pepe el camarero: No, no, usted sabe que yo le tengo aprecio, Don Mariano, pe-pe-pero precisamente por eso, precisamente por eso...
DMC: Un último güisquito y ya, se lo prometo. ¡Hip, hop!
Pepe el camarero (tratando de cambiar de tercio): Veo que le gusta a usted el hip-hop, La Mala Rodríguez y cosas así, ¿no?
DMC: Qué hip-hop ni qué hip-hop. Yo lo que tengo es un hipo que ya no me tengo, con tanto güisqui. Y la única Mala que conozco no se apellida Rodríguez, sino Aguirre.
Pepe el camarero (haciéndose el despistado): ¿y también es rape-pe-pera?
DMC: Oiga, ¿definitivamente es usted tartaja o es que estoy yo ya muy borracho?, y lo que es peor ¿por qué siempre se atasca en la misma sílaba que, dicho sea de paso, viene a coincidir con su nombre de usted al tiempo que se identifica también con las siglas de mi cada vez más zaherido, paupérrimo y desdichado partido?
Pepe el camarero: Pe-pe-perdón; rapera quería decir.

(En ésas están cuando aparece Estebita, esa vez sin paella - porque ya sabemos que se trata de un señor de Valencia y no hace falta insistir e insistir -, acompañado de Un Señor Gallardo. Se sientan uno a cada lado de Don Mariano. Estebita a su derecha y el Señor Gallardo a su izquierda. El camarero les sirve una consumición a cada uno)

Estebita: (entusiasmado): ¡La tenemos, Don Mariano!, ¡por fin la tenemos!
DMC (cada vez más ebrio): Ya lo creo que la tenemos, Estebita, ¡menuda cogorza!
Estebita: Me refiero, Don Mariano, a la solución. Lo del mensaje divino, ¿se acuerda?
DMC: Algo, pero muy confuso todo, sí.
Estebita (mirando al Señor Gallardo): A su izquierda lo tiene, Don Mariano, ¿recuerda?: “la solución al desvarío/rima con el macho cabrío”.
DMC: ¿Y?
Estebita (paciente): Pues que la Hermana Sor Aya dijo “macho cabrío” porque por sus votos no puede decir palabrotas.
DMC: “Palabrotos”. Dijo “palabrotos”, Estebita. Que estaré como una cuba, pero la memoria no me falla.
Estebita (más paciente): Sí, pero dijo “palabrotos” para que rimara con “votos”, pero se refería a que su espiritualidad le impide articular el malsonante término de “cabrón”.
DMC (dirigiéndose al Señor Gallardo): ¡Hala lo que ha dicho! ¿Usted lo ha oído?
Un Señor Gallardo: Perfectamente. Ha dicho “cabrón, que además rima con “Gallardón”.
Estebita: Que precisamente viene a ser la solución.
DMC: ¡Cojón!
Los tres a coro (levantando sus vasos y mirando a los espectadores): Y que ya todos sabemos antes de que se cierre el...

TELÓN
(continuará, por no decir chim pon)

viernes, mayo 23, 2008

Gé-no-va-ya-no-va (o el interminable viaje al centro de la tierra)

Comedia en tres actos
Original de Estilografic Punto Blog


ACTO PRIMERO

Despachito modesto en la cuarta planta de un edificio del madrileño distrito de Chamberí. Don Mariano Carajoy acumula papeles y más papeles en actitud nerviosa. A la derecha, según mira el espectador, una puerta cerrada, pero no con llave. Sobre la mesita - ya digo, llena de papeles - un modesto marco portando un retrato de El Tipo del Bigote (al que avanzado el acto conoceremos) caído boca abajo sobre la mesa. Aunque no se le vea, es importante que el retrato sea de El Tipo del Bigote y no, por ejemplo, de Chikilicuatre, porque más tarde sí que se le verá. En el preciso momento de abrirse el telón alguien llama a la puerta.

Toc, toc (desde el otro lado del despacho, alguien empuja la puerta. Se trata de Estebita, un señor de Valencia. Para que el espectador sepa que, en efecto, es un señor de Valencia, el tal Estebita –animoso y bien parecido – llega cargado con una paella para unas... veinte personas con, más o menos, los siguientes ingredientes: un litro de aceite, sal, un pollo troceadito con sus muslitos y sus alitas y todo, una cebolla, dos dientes de ajo, pimiento rojo y pimiento verde, calamares (unos 400 grs), dos kilos de arroz SOS, azafrán (una cajita), un kilo de mejillones, un kilo de gambas arroceras, 16 cigalitas o, en su defecto, 16 gambones, una lata de guisantes, judías verdes y garrofó, ñoras y limones).
Estebita: ¿Da usted su permiso, mi querido y admirado Don Mariano?
Don Mariano Carajoy (triste y ojeroso): Pasa, pasa, Estebita, no te quedes ahí parado y distante cual si fueras miembro destacado de candidatura alternativa. Siéntate.
Estebita (se sienta dejando la paella encima de la mesa): Don Mariano, le encuentro a usted triste y ojeroso, como muy bien ha hecho notar ya el autor de esta comedieta en las acotaciones escritas en letra cursiva. No se imagina usted la poca gracia que me hace verlo así. Alégreme ya esa cara, hombre, mire qué pedazo de paella le traigo.
DMC: La pena son los guisantes, que no me gustan.
Estebita: Pues yo se los quito, faltaría más (se pone a quitar los guisantes uno a uno, con paciencia) Séame usted positivo, don Mariano, séame usted positivo.
DMC: lo intento Estebita, créeme que lo intento, pero es que esta crisis me trae de cabeza. ¡Veo guisantes por todos lados!
Estebita: Lo que sucede, Don Mariano, es que estamos en un proceso de metamorfosis.
DMC: ¿Con escarabajo, como la de Kafka?
Estebita: No, no, como la de los gusanitos de seda. Ya estamos en su segunda fase, en plena trasformación.
DMC: ¿Y en que nos estamos transformando si se puede saber?
Estebita: Pues de momento, don Mariano, en capullos.
DMC: (más apesadumbrado si cabe): Jo.
Estebita: Pero no se alarme que vendrán tiempos mejores. Acabaremos revoloteando de flor en flor, cual bellas y delicadas mariposas, ya lo verá.
DMC: Pues no sé qué será peor.
Estebita: Mire, vamos a hacer un ejercicio. Concentrémonos en nuestros problemas y verá cómo así encontramos la solución.
DMC: Pues nada, concentrémonos.

(Los dos cierran los ojos como abstraídos por el aroma de la paella al tiempo que hacen un suave ruidito con la boca juntando sus labios, cada uno los suyos, no la liemos, así como mmmmmm... Al ratito, llaman a la puerta)

Toc, toc (desde el otro lado del despacho vuelven a empujar la puerta. Se trata esta vez de un tipo gordo disfrazado de extrañísima y ridícula manera)
DMC: (sorprendido) ¿Quién es usted?
El Tipo Gordo: Hola Mariano, soy la columna de tu garaje. Sí, ésa que tú y yo sabemos, jeje.
Estebita (algo enfadado): Pero Don Mariano, ¿en qué problema se ha concentrado usted?
DMC: Verás Estebita, es que esta mañana me hice un rasguño en el coche, al salir del garaje de casa...
Estebita: Hágame el favor de volver a cerrar los ojos y concéntrese en los problemas, pero en los del partido, a ver si me entiende.

(El Tipo Gordo se va y al salir tropieza adrede con el marco de la puerta, haciendo a continuación un gesto pícaro, arqueando las cejas, de cara al espectador. Don Mariano y Estebita vuelven a concentrarse repitiendo el gesto con ojos y labios, mmmmm... Llaman de nuevo a la puerta)

Toc,toc.
DMC: ¡Ostras, Jose Mari!
Estebita: ¿Cómo la sabe, Don Mariano?
DMC: Porque que yo sepa mi puerta no tiene felpudo, así que eso que asoma por debajo no puede ser otra cosa que el mostacho del susodicho (coloca bien el retrato de manera que, ahora sí, el espectador pueda verlo) ¡Pasa, pasa, Jose Mari! Está abierto (los dos, Estebita y Don Mariano, se ponen en pie).
El Tipo del Bigote (ignorando a Estebita): ¿Cómo estás, Marianito de mi vida y de mi corazón?
DMC: Concentrado estoy, concentrado en nuestros problemas.
El Tipo del Bigote: Pues recuerda lo que te digo: a los mejores, elige sólo a los mejores. Ah, y nada de complejos (se marcha por donde ha venido como si de una aparición se tratara).
Estebita (volviendo a tapar el retrato): Vamos a ver, Don Mariano, cambiemos de técnica. Concentrémonos en las posibles soluciones, no en los problemas, a ver si así nos llega la inspiración divina (repiten el consabido gesto). En las soluciones, no en los problemas, en las soluciones, no en los problemas, en las soluciones, no en los problemas...

Toc, toc (otra vez la dichosa puerta)
DMC: Adelante.
La Hermana Sor Aya (con hábito y crucifijo): ¡Ave María Purísima!
DMC y Estebita: ¡Sin pecado concebida! Pasa, pasa, Hermana, y toma asiento.
La Hermana Sor Aya (misteriosa): Este mensaje divino os vengo a dejar: “Para tal desaguisado/servidora un apaño ha encontrado/la solución al desvarío/rima con el macho cabrío” (hace ademán de largarse como si tal cosa).
DMC: ¡Espera Hermana Sor Aya!, que de lo que dices no entendí nada.
La Hermana Sor Aya: No olvides que por mis votos/yo no digo palabrotos (se va).
DMC (desconcertado): ¿Tú has entendido algo, Estebita?
Estebita: Me temo que estoy como usted, Don Mariano, así que si me lo permite, me retiro a pensar en tal mensaje divino, a ver si logro descifrarlo. Adiós (se levanta y sale).

(Don Mariano se queda solo en el despacho y vuelve a cerrar los ojos y a hacer el ruidito con los labios, mmmmmmm.., agachando la cabeza en dirección a la paella, que sigue sobre la mesa. Así permanece un ratito hasta que resulta evidente, por los ronquidos, que se ha quedado dormido. Descansa su cabeza sobre la paella y continúa roncando plácidamente hasta que cae el

TELÓN
(continuará)

lunes, abril 21, 2008

El "meiquinof" de cómo se hizo lo del pececillo (o el Superagente 86)

Escribir el recién terminado relato del pececillo desaparecido ha sido para mi una experiencia totalmente novedosa y enriquecedora, tengo que confesarlo. Ponerte a trabajar en una historia por entregas, cuyos capítulos se van publicando día tras día y en tiempo real, sin que sea posible ya el repaso, la marcha atrás, el cambiar el principio, el modificar o introducir nuevos datos antes de darle el OK definitivo a la totalidad de la historia, hacen de ello una aventura fascinante, sobre todo por la incertidumbre del resultado, como en los buenos partidos de fútbol.

Un momentito, por favor, que me suena el móvil...

- ¿Estilografic?
- Sí.
- ¿No me diga que se va a poner ahora a hablarnos de cómo demonios ha escrito el relato del pececillo, después de habernos estado dando la murga con la dichosa historia un día sí y otro también....
- Hombre, va a ser sólo un post más...
- Ah, vale. Pues vaya a lo concreto, termine rapidito y pase ya a otro tema, hombre.
- Vale, lo tendré en cuenta. Por ciento, ¿quién llama?... Oh, ha colgado.

Ya estoy aquí otra vez. ¿Qué estaba diciendo? Ah, si, lo del fútbol, que no sabes cómo va a terminar la cosa. Hombre, siempre está el truco de escribirlo primero todo (el lector qué sabe, el pobre), repasarlo tranquilamente, darle el toque definitivo, y ya después ir publicándolo por capítulos como si se hubiera ido escribiendo poco a poco y día a día. Pero no ha sido éste el caso, lo prometo.

La mayor dificultad de la experiencia yo diría que está en lo de las puertas. Las puertas que se te van cerrando a medida que escribes. Uno se llega a sentir como el Superagente 86. A medida que avanzas en la historia te sucede lo que le sucedía al bueno de Maxwell Smart al comienzo de cada capítulo, en lo que los entendidos llaman opening, si no me equivoco. Que se te van cerrando las puertas a tus espaldas....

Perdón, que vuelve a sonarme el móvil...

- ¿Estilografic?
- El mismo. ¿Quién es?
- El mismo también. El mismo de antes, digo.
- Ah, ¿Y que quiere usted ahora?
- Pues que no sé qué se piensa, la verdad. ¿Qué edad media le calcula usted a los lectores de su blog?
- No sé... ¿contándome a mi o sin contarme?
- Sin, por supuesto.
- ¿alrededor de los 30 puede ser entonces?
- Puede ser, pero en cualquier caso tenga usted en cuenta que la mayoría de ellos no tendrá ni pajolera idea de quién es el tal Superagente 86, y mucho menos de qué es lo que le pasa al comienzo de los capítulos, en el dichoso “opening”, como usted lo llama. Así que haga el favor de explicar con todo detalle la imagen de las puertas utilizada en su argumentación o de lo contrario mejor cállese, o cuéntelo de otra forma más... actual, diríamos.
- Creo que tiene usted razón. Procedo entonces a poner el vídeo, si me disculpa.



Ahora sí que sí, yo creo que queda más o menos claro. Tú vas escribiendo y aportando datos, y lo que sucede es que a medida que avanza la historia te vas haciendo prisionero de los datos por ti aportados, de los que ya no puedes escapar. No hay marcha atrás y hay que tirar p’alante como sea. Eso reduce las opciones pero también, ay amigo, agudiza el ingenio y la imaginación hasta más no poder.

Otra cosa que se estarán preguntando los lectores es que cómo es posible que a un tipo tan sencillo y normal como lo es Estilografic, padre de familia responsable, se le ocurran unas historia tan absurdas, poco serias y disparatadas como la de... Perdón, otro vez el móvil.

- ¿Sí?
- Que me pregunto yo, que soy el de antes, que cómo es posible que a un tipo tan sencillo y normal como lo es Estilografic, padre de familia responsable, se le ocurran unas historia tan absurdas, poco serias y disparatadas como la de... el pececillo desaparecido.
- Pues si deja usted de llamar cada dos por tres (igual a seis) a lo mejor lo cuento y todo.
- Vale, espero entonces. Adiós.

...como la del pececillo desaparecido, iba a decir. Pues la historia tiene variadas fuentes de inspiración que a continuación paso a detallar:

Fuente1: Una vez, hace ya tiempo, mi hermano me dejo al cuidado de sus peces durante un viaje de una semana. Incomprensiblemente uno de los animales desapareció sin dejar rastro, y aún estoy dándole vueltas y mas vueltas a cómo pudo ocurrir.

Fuente 2: Mi hija tiene ahora en casa una pecera con dos pececillos, uno de ellos un cometa.

Fuente 3: Los sábados por la mañana acostumbro a pasar el aspirador en casa, y cuando paso con él cerca de los peces siempre se me ocurre la desagradable idea de que pasaría si, en un despiste, acercara sin querer la boca del tubo de succión al agua de la pecera.

Fuente 4: Hay un fantástico sketch de LA PANTERA ROSA (lo pongo todo con mayúsculas al tiempo que me pongo en pie porque para mi decir Pantera Rosa son palabras mayores) en el que el animalillo va chupando y chupando todo lo que se pone a su alcance con una aspirador hasta que al final se succiona a sí misma...

- ¡Diga!
- ¿Y el vídeo?
- ¿Qué video?
- El de la pantera rosa.
- Es que no lo he encontrado.
- ¡Pues vaya falta de rigor y profesionalidad!

Ni caso.Y luego está la posibilidad de ir introduciendo datos referidos a la actualidad que le dan al relato más cercanía con el presente, y que ten sirven también de inspiración, como es el caso del robo de las canciones de Loquillo, lo del dúo que hace en su último disco con Johny Halliday, el rockero francés que da nombre (o casi) al detective de la historia, la votación para la elección de presidente del Congreso o el nombramiento de los nuevos ministros.

- ¡Qué pasa ahora!
- Y no se olvide de la eliminación del Geta a manos del Bayern, que eso si que dolió.
- Cierto, que se me olvidaba. ¿Algo más desea usted?
- No, de momento no, pero todo se andará.
- Pues gracias.
- De nada.

Y quería también hablar –si me deja el tipo del teléfono - de las fuentes de documentación. Hay ver cómo ha cambiado el asunto en este sentido, con esto del internet. Tú antes te ponías a escribir un relato y perdías muchísimo tiempo documentándote. Ahora, en cambio, pones en el gugel “aspiradores” y te salen todas las marcar y modelos posibles. Yo de hecho iba a introducir en la historia mi modelo de aspiradora real, una Bosch muy apañadita que tengo, pero me salió en gugel lo de la Rowenta y me pareció que el nombre daba mucho más juego, sobre todo por sus posibilidades alfanuméricas: Rowenta, Rowentynuno, Rowentaydos...

Y que decir de la famosísima guiquipedia, de gran ayuda para la búsqueda de fórmulas matemáticas y leyes físicas que uno tenga a bien, por qué no, introducir en medio del relato para explicar con un ejemplo vete tú a saber qué cosa, manejándolas luego a tu gusto con más o menos gracia o mayor o menor fortuna. Oye, que todo es posible y hay gente muy rarita por ahí.

Y esto último lo digo ya, lo de las formulitas, como todos habrá adivinado, con el móvil recién apagado.

jueves, abril 17, 2008

El extraño y sorprendente caso del pececillo desaparecido (Cap. VII y último)

RESUMEN DE LO PUBLICADO: Gracias a la admirable disposición y eficacia de la encargada del establecimiento especializado en venta de peces La Maskota Ke Flota (LMKF), conocemos los lectores que el vago detective Holiday pretende engañar al bueno de Estilografic comprándole un pez nuevo, similar al perdido, y una nueva aspiradora, similar también a la damnificada, para posteriormente darle el cambiazo. La idea es hacerle creer a Estilografic que Holiday ha resuelto él solito el caso del pececillo desaparecido y ha arreglado además el aparato estropeado, cobrándole después el muy bribón nada menos que 3.000 euros del ala por los servicios prestados. Pero no se saldrá con la suya, no.

Cap. I, Cap. II, Cap. III, Cap. IV, Cap. V y Cap. VI. Píchese despaciiiito, ya no lo digo más.

Agencia de detectives ACME y Asociados, jueves 17 de abril, 13:00 PM

Toc, toc.
- Adelante, adelante Estilografic, que no sé si se ha dado cuenta usted, pero la puerta ya está abierta y está golpeando sobre mi cabeza.
- Huy, disculpe señorita, es que estaba mirando para otro lado y...
- Vale, vale, no se preocupe, estoy acostumbrada a ello. Recuerde que esta historia ya comenzó así.
- En efecto, me acuerdo. Así fue como nos conocimos hace ya la friolera de.... siete posts, con éste.
- ¡Hay que ver cómo pasa el tiempo! Y pensar que esto ya se acaba... ¡qué penita!.
- Qué le vamos a hacer, mujer. Nada es para siempre.
- Y dígame... ¿Qué le trae hoy por aquí?
- Verá, su jefe me llamó el otro día y me citó aquí porque al parecer tiene ya prácticamente resuelto el caso. Me dijo que le trajera además mi aspiradora rota en cuyo interior, supongo, insiste en pensar que se halla el pececillo.
- Pues se metió en su despacho hace ya más de tres horas y no ha vuelto a salir, lo cual me empieza a parecer de lo más extraño, si le digo la verdad.
- Ya me ha extrañado a mi también, siendo las horas que son, no habérmelo encontrado en El Giraldillo dando buena cuenta de una fritura variada acompañada de sus respectivas cañitas.
- Yo es que estoy preocupadísima. Pero hasta el punto de no saber ni dónde meterme.
- De todas formas, yo venía más que nada a decirle que todo ha terminado.
- ¿Cómo dice? No me asuste más. ¿Todo, todo?
- Todito. Sí.
- ¿Y mis planes de futuro? ¿Y la celebración nupcial que tengo a la vista? ¡Madre mía qué disgusto!, ¡los invitados!, ¡el menú!, ¡la lista de boda!, ¡la peluquería!...
- No mujer, no se alarme. Con “todo” me refiero al “casocuatro”. A lo del pececillo. Que al final lo he encontrado, vaya.
- Uf, que susto me ha dado usted. ¿Y cómo lo ha encontrado?
- Resulta que una amiga de mi hija que es un poco trasto – no mi hija, sino su amiga – estuvo el día de la desaparición en casa merendando y encaprichose del dichoso pececillo, de manera que ni corta ni perezosa llenó de agua la botellita de Colacao energy que gustoso le ofrecí para merendar - una vez ingerido su líquido original, eso sí – e introdujo el pececillo dentro del envase para después largarse con él sin decir ni pío.
- Vamos, que al final más que una desaparición se ha tratado de un robo en toda regla.
- Bueno, más bien de una travesura infantil, diría yo. La muchacha finalmente se arrepintió de su acción y ayer mismo llamó a mi hija para confesarle su fechoría.
- Vaya con la niña.
- Lo importante es que el pez ya está de vuelta en casa más contento que unas castañuelas, y que además el padre de la niña se ha ofrecido, gustosamente y como compensación a la travesura, a arreglarme la aspiradora, ya que – no se lo pierda – es técnico en electrodomésticos y Máster CCC en Fuerzas de Succión. Así que su jefe puede dar carpetazo definitivo al llamado “casocuatro”. Se lo dice de mi parte.
- Pues no sabe cuánto me alegro, porque si le soy sincera le veía ya un pelín liado, al Sr. Holiday, con este caso; no sé yo si lo iba a resolver tan fácilmente. ¿Dónde se habrá metido este hombre?
- ¿Por qué no abrimos de una vez la puerta de su despacho y salimos de dudas?
- Creo que va a ser lo mejor... ¿Señor Holiday...? ¿Señor Holiday...?
- Oiga señorita, aquí no hay nadie. Mire, sobre la mesa hay una pecera con un pececillo dentro, igualito igualito que el mío.
- ¡Qué mono!
- Y en el suelo una aspiradora. ¿La ve?
- ¿Igualita igualita que la suya?
- Lo parece... pero no. Huy, huy, huy... no sé qué me da, que me estoy temiendo lo peor...
- Explíquese Estilografic. ¿Dónde narices está mi jefe?
- Me parece, señorita, que su jefe va a tomarse, ahora sí que sí, unos cuantos día libres.
- Disculpe, pero no entiendo nada.
- Sospecho que Holiday quería engañarme dándome el cambiazo con el pececillo y la aspiradora, pero ha cometido un grave error.
- ¿Qué error?
- Se ha confundido de aparato, y en lugar de la Rowenta ha adquirido la Rowentaynueve, que de apariencia es muy similar, pero que posee una potencia de succión muchísimo mayor, dónde va a parar, hasta el punto de poder resultar peligrosa.
- ¿Y?
- Pues que sin duda al intentar manipularla para, ya digo, engañarme sin piedad, su querido jefe ha sido víctima de la acción de una doble fuerza.
- No me estará diciendo que...
- Se lo estoy diciendo, sí: Holiday permanece atrapadito en el interior de la aspiradora. Y bien empleado que le está.
- ¡La Virgen del Carmen!
- Ah, y no se le vaya a ocurrir a usted abrir la aspiradora.
- ¿Por qué?
- ¡Cómo que por qué! Porque destruiría las pruebas.
- ¿Qué pruebas?
- Las pruebas del "casosiete", el que acaba de abrirse: El extraño y sorprendente caso del detective desaparecido.
- ¿Y entonces qué vamos a hacer?
- Usted no sé, pero yo largarme a mi casa y llevarme conmigo el pececillo nuevo para que les haga compañía a los míos. Adiós muy buenas.
- ¡Oiga, Estilografic! ¡No me deje así! ¿Qué hago?
- Echarle agua de vez en cuando por el tubo de succión, que al menos esté fresquito, el muy bribón.

(dis is di end)

martes, abril 15, 2008

El extraño y sorprendente caso del pececillo desaparecido (Cap. VI)

RESUMEN DE LO PUBLICADO: El ínclito detective Johnny Holiday, el de los días libres, no acaba de resolver el caso del pececillo desaparecido. Tras enterarse de que Zapatero ya ha nombrado a su Gobierno, Holiday da carpetazo (¡POM!) al llamado “casoseis”, que consistía precisamente en averiguar la formación del nuevo Ejecutivo socialista, lo cual le deja más tiempo para dedicarse a la búsqueda del animal. Estilografic informa a Holiday de que por echar agua dentro de la aspiradora por si el pez estuviera allí, se le ha estropeado la Rowenta. Dando prácticamente al pez por muerto, Holiday sugiere la posibilidad de comprar otro pececillo y santaspascuas, ante lo cual, Estilografic rompe a llorar desconsoladamente.

Cap. I, Cap. II, Cap. III, Cap. IV y Cap. V (este último sin rima) Ah, y despacito, despacito...

Establecimiento La Maskota Ke Flota. Miércoles 16 de abril. 11:00 AM.

- Buenos días, señorita.
- Buenos días, caballero
- Verá, soy el afamado detective Johnny Holiday.
- Ah sí, el del relato de Estilografic, también conocido por su acusada tendencia a tomarse días libres.
- El mismo. Y con su recibimiento, señorita, no hace usted otra cosa que reafirmarme en mi condición de “afamado”.
- Y en lo de los días libres supongo que también , porque si no no sé que hace usted por aquí.
- Pues ahí se equivoca usted, señorita, que aunque no lo parezca hoy estoy trabajando.
- Dígame entonces en qué puede ayudarle, Sr. Holiday. Rapidito.
- Verá, buscaba un pez.
- Ya lo sé. El de Estilografic. El del llamado “casocuatro”.
- Bueno ya, pero aparte de eso, buscaba un pez para comprarlo yo aquí y ahora.
- ¿Un cometa, no?
- Efectivamente, un cometa. La veo a usted muy despierta y al corriente de todo, señorita.
- Es que soy la encargada. Y trabajar en La Maskota ke Flota no es moco de pavo. La selección de personal es rigurosísima, no se vaya usted a pensar lo contrario. Aquí la disciplina, el orden y la eficacia están por encima de todo. Además, es que sigo a diario sus aventuras y desventuras en el blog de Estilografic.
- Ah.
- Sepa, por cierto, que se le ve a usted muy gracioso, aunque, eso sí, algo tontoelhaba, no nos vamos a engañar.
- Procuraré corregirme en mi comportamiento en adelante, señorita. Imaginará usted, entonces, despierta lectora, qué es lo que servidor pretende.
- Con todo detalle lo imagino.
- A verlo.
- Se dispone usted a comprar un pez cometa lo más parecido posible al pececillo perdido por Estilografic al módico precio de un par de euros como mucho, ¿verdad?
- Hasta ahí, todo correcto.
- Posteriormente, y ya por un precio no tan módico, se va a hacer usted con una aspiradora modelo Rowenta 7535 Clean Control, similar a la que se le ha estropeado a Estilografic, ¿no es cierto?
- Afirmativo, señorita.
- A continuación, va a citar al bueno de Estilografic en su despacho mañana....
- No señorita, mañana no...
- Perdón, pasado, pasado mañana, que mañana es su día libre. Decía que va a citar a Estilografic y le va a decir que acuda a su despacho acompañado de su aspiradora estropeada, y que ya tiene prácticamente el caso resuelto. ¿Voy bien?
- Va usted estupendamente.
- Por último, planea usted decirle a Estilografic, cuando éste se presente en su despacho con la aspiradora, que se dispone a manipular el aparato en algún lugar en el que él no pueda verlo, aduciendo motivos de seguridad. Y entonces, aprovechando el despiste del cliente, pega usted el cambiazo y... ¡voilá!, vuelve usted con el pez vivito y coleando supuestamente rescatado del interior del aparato y además con la aspiradora arreglada, como si nada hubiera sucedido.
- Y lo que es más importante, señorita, le arreo al Estilografic una factura de 3.000 euros en concepto de resolución del “casocuatro” (hallazgo del pez más arreglo de la aspiradora), habiéndome gastado yo sólo un par de euros en el dichoso pececillo y como mucho unos 100 euros más en la Rowenta, también dichosa.
- Eso mismo le iba a decir yo ahora, que no me ha dejado terminar. El plan es perfecto, y lo felicito por ello, afamado detective Holiday.
- Mas afamado que nunca, a partir de la resolución de este caso.
- Bien , pues aquí tiene su pez.
- Una última cosa, señorita. ¿Sabe usted dónde venden aspiradoras?
- Dos calles más abajo.
- Está usted en todo, hay que ver qué disposición y qué determinación, las suyas.
- Pues ahora me va a disculpar, que tengo que darle un toque de atención al personal, que se me despista.
- Adelante, adelante. Cumpla usted con su obligación.
- ¡Capitán!, ¡mande firmes!
- Caray, que carácter.

(Tu bi continued a litel mor)

lunes, abril 14, 2008

El extraño y sorprendente caso del pececillo desaparecido (Cap. V)

RESUMEN DE LO PUBLICADO: El detective Johnny Holiday, al que se le conoce ya no sólo por su tendencia a tomarse días libres, sino también por su afición a hacer rimas graciosillas y soeces, no avanza en el caso del pececillo desaparecido. Lo último que se le ha ocurrido es mandar a Estilografic que rellene su aspiradora de agua aprovechando una doble fuerza, la de la gravedad y de la propia potencia del aparato (una Rowenta 7535 Clean Control) por si el animal pudiera encontrarse dentro del artilugio.

Cap. I, Cap. II, Cap. III, Cap. IV (despacito, ¿eh?)

Despacho del detective Johnny Holiday. Lunes 14 de abril. 13:00 horas PM.

- Mal día nos espera hoy para lo nuestro, amigo Estilografic.
- VayaporDios. ¿Y eso?
- Tengo nuevo caso a la vista, y esta vez importantísimo.
- El caso........¿seis?
- Je, je, veo que se lo pensó usted por si acaso, ¡eh?. Pues sí, el llamado “casoseis”, así, sin rimas ni nada.
- ¿Y de qué se trata?
- Nada más y nada menos que de averiguar, amigo Estilografic, la composición del nuevo Gobierno socialista surgido tras las pasadas elecciones del 9 de marzo.
- ¿Ah sí? Pues me temo que Zapatero se le ha adelantado a usted, Señor Holiday.
- ¿Cómo dice?
- Que según tengo entendido, a estas horas los nuevos ministros ya están prometiendo sus cargos ante el Rey, y lo que es más, esta tarde celebran ya el primer Consejo de Ministros.
- ¿Pues sabe qué le digo?, que mucho mejor, porque así tendremos más tiempo para avanzar y dar de una vez por todas carpetazo al dichoso “casocuatro”, que si no se lo damos nosotros los que van a acabar dándoselo son los sufridos lectores de éste su blog.
- Mire, ¿sabe qué le digo yo?, que por primera vez desde que nos conocemos estoy en algo de acuerdo al cien por cien con usted.
- Pero antes póngame al día, mi querido Estilografic, de cómo es entonces el nuevo Ejecutivo, a ver si servidor iba bien encaminado en sus pesquisas.
- Mejor pinche usted aquí, lo ve, y no perdemos tiempo en contarlos, que son nada más y nada menos que diecisiete ministerios con sus respectivos ministros y ministras. Más ministras que ministros, por cierto.
- Esta bien, pincharé, pero antes adelánteme usted, hombre, los datos más importantes y llamativos de los nombramientos, ¿no ve que mordiéndome las uñas estoy?
- El desembarco de Sebastián en Industria es, sin duda, de lo más destacado.
- ¿Sebastián el cangrejo de La Sirenita? ¡Qué obsesión la suya con el mundo marino!
- No hombre no. Sebastián el que fuera rival de Gallardón en las últimas municipales.
- ¿Y qué más es, a su juicio, digno de mención?
- Que Chacón va a Defensa, y que Magdalena se mantiene.
- Qué tías. ¿Algo más que destacar?
- Sí. El nombramiento de la jovencísima Bibiana al frente del nuevo Ministerio de Igualdad.
- ¿Bibiana la popular “chica Almodóvar”?
- ¿Es que no oyó usted que dije “jovencísima”? La almodovariana Bibiana debe andar ya por los.... Pues como usted y yo, más o menos.
- ¡Qué dice! Hable por usted, que yo, aquí donde me ve, soy bien jovencito.
- Pues no lo aparenta usted, qué quiere que le diga. ¿Cuál es su edad?, si me permite la indiscreción.
- No más de cuatro post tengo de vida. Cinco con éste, para ser exactos. Yo antes es que ni existía. Y poquitos que me quedan ya, además.
- Vaya, ahí me ha pillado usted. Pero dejémonos de rollos y vayamos a lo nuestro.
- Ah sí, el “casocuatro”. Procedo primero a dar carpetazo al “casoseis” y ya estoy con usted.

¡POM!

- Ya estoy con usted. ¿Hizo lo de la aspiradora que le dije?
- Qué remedio.
- ¿Y cuál fue el resultado?
- Hubo dos resultados. ¿A cuál se refiere?
- Detálleme los dos, si no es mucha molestia.
- El resultado uno fue el derramamiento del agua sobre el parqué del salón, supongo que debido a que una de las dos fuerzas que deberían haber entrado en juego falló. O quizás las dos.
- Pues también es mala suerte, oiga, no sabe cuánto lo siento. El tal Newton no se había equivocado antes, que yo sepa. ¿Y el resultado dos?
- Estropeóseme la Rowenta.
- Vaya por Dios. Si es que ya no hacen las aspiradores como antes. Ni piensan en los peces ni nada. Vamos a abrir entonces, si le parece, una nueva línea de investigación. Dígame, amigo Estilografic, ¿qué tipo de pez es el desaparecido?
- Pues normalito, de los de agua de toda la vida.
- Ya, ya, pero ¿sabe usted el nombre de la especie y, lo que es más importante, su precio en el mercado?
- Creo que es un cometa, y su precio, no más de un par de euros.
- ¿Y dónde lo compró?
- En el establecimiento La Maskota ke Flota, tienda especializada en la venta de peces, como su nombre indica. Oiga, ¿no estará usted tramando comprarme otro y santaspascuas?
-Bueno, se trata de una posibilidad.
- Pues quítese esa idea de la cabeza, hombre. ¡Ese pez es un ser vivo, y tiene un valor sentimental!
- Bueno, eso de que es un ser vivo, al menos ahora mismo, es algo discutible. Y en cuanto al valor sentimental... Pero bueno. ¿Ya está usted otra vez llorando?
- Es que dice usted las cosas de una manera...
- Ande, ande, no sea usted tontín, que a lo mejor se lleva usted una alegría y le llaman de Moncloa en los próximos días para formar parte de algún equipo ministerial.
- Sí hombre, no sé de qué ministerio va a ser.
- Pues del de Agricultura y Medio Ambiente, lógicamente (que ahora incluye Pesca y Medio Marino, ¡así de fino!).

(tu bi continued a litel)

viernes, abril 11, 2008

El extraño y sorprendente caso del pececillo desaparecido (Cap. IV)

RESUMEN DE LO PUBLICADO: Estilografic comienza a estar hasta las narices de que el detective que se encarga del caso de su pez desaparecido, Johnny Holiday (llamado así por su tendencia a tomarse días libres), no avance en la investigación. El tal Holiday piensa ahora que Estilografic pudiera haberse “tragado” al pececillo con la aspiradora. Qué ocurrencia.

Pínchese aquí para leer el Cap.I; aquí para el Cap.II, y aquí para el Cap. III. Despaciiiito, pínchese despaciiiito.

- Bueno amigo Estilografic, vamos allá con lo nuestro que hoy no tengo mucho tiempo. Me ha surgido un nuevo e importante caso a resolver.
- ¿El casocinco”
- ¡..........te la hinco! Je, je, disculpe, pero no he podido resistirlo. Se trata de una broma que hacíamos en el colegio...
- Sí, sí, ya sé. Yo también lo hacía, lo de las rimas. ¿Y se puede saber en qué consiste ese importante caso que ahora tiene entre manos?
- Se trata nada menos que de averiguar por dónde narices escapósele el esférico al bueno de Abbondanzieri, también conocido como “Pato”, en el segundo gol de Bayern frente al Getafe.
- No me hable, no me hable. ¡Hay que ver qué injusto es el fútbol!
- Como la vida misma, amigo mío, como la vida misma. Bien, pues vayamos con lo suyo.
- Vayamos pues.
- Nos habíamos quedado en la descripción de su técnica a la hora de pasar la aspiradora. Pero existe un dato preliminar a tener muy pero que muy en cuenta. ¿Qué tipo de aspiradora tiene usted?
- La Rowenta RO 7535 Clean Control , creo que se llama.
- Si, ¿pero se trata de una aspiradora tradicional o por el contrario resulta ser un modelo ecológico?
- Ahí me pilla usted en fuera de juego.
- Verá, resulta que, por motivos que se me escapan, existen dos tipos de aspiradoras en el mercado: los tradicionales, que llevan bolsa; y los ecológicos, que no la llevan. En el caso de los primeros, la bolsa lo que hace es recoger el polvo aspirado, y no sólo el polvo, sino también cualesquiera otros objetos, incluso animales, que pudieran yacer abandonados y a la buena de Dios por los diferentes y escondidos rincones de la vivienda o zona aspirada. En cuanto a los segundos, los ecológicos, también conocidos como “lossinbolsa”, en lugar de la dichosa bolsita lo que tienen es un depósito de agua donde se queda el polvo, evitando que éste, el polvo, vuelva al ambiente.
- Qué curioso, pero..., ¿dónde quiere ir a parar?
- Pues que si nos encontramos en el caso de los segundos, es decir, si su aspirador fuera ecológico o de “losisnbolsa” el problema del pececillo desaparecido ya no lo es tanto, porque el dichoso bicho, en el hipotético caso de se hallara dentro del aspirador, ya estaría como pez en el agua, nunca mejor dicho, nadando a todo nadar en el depósito ecológico, y podría haber permanecido ahí todo este tiempo con vida e incluso podría seguir en el interior de la aspiradora durante días y nada le sucedería.
- Yo creo que lleva bolsa.
- Pues, ¡ay amigo!, si su aspiradora es con bolsa...
- ¿Qué habría que hacer entonces?
- Se lo detallo ya mismo: se apropia usted de una jarra de agua de un litro de capacidad aproximadamente, y la llena usted hasta arriba del mencionado elemento, teniendo cuidado, eso sí, de no derramar gota del susodicho sobre el parqué del salón de su vivienda, que luego se levanta y se queda hecho una penita y yo no quiero hacerme responsable. ¿Hasta ahí me sigue?
- Hasta ahí sí.
- Pues bien, A continuación coge usted la aspiradora, la tal Rowenta, y presiona el botón de encendido/apagado, o lo que viene a ser lo mismo, de on/of, que es que suele venir así, en inglés, en los aparatos electrodomésticos, para proceder a poner el marcha el artilugio. ¿Me sigue todavía?
- Le sigo todavía, sí.
- Me alegro. El siguiente paso será coger la jarra con la mano derecha si es usted diestro, o con la izquierda si es siniestro (en el buen sentido, lo de siniestro) y verter el agua en el interior de la aspiradora a través del tubo de succión, de manera que el preciado líquido se vea impulsado hacia el interior del aparato por una doble fuerza, que a continuación paso a explicarle más detalladamente, la doble fuerza, si me sigue siguiendo. ¿Me sigue siguiendo?
- Por supuesto, le sigo siguiendo, y no pierdo detalle.
- Fantástico. La primera de las fuerzas, que vanos a denominar “fuerza 1”, viene determinada por la famosísima ley de gravitación universal de Newton, que establece que la fuerza que ejerce una partícula puntual con masa m1 sobre otra con masa m2 es directamente proporcional al producto de las masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa:

donde u12 es el vector unitario que va de la partícula 1 a la 2, y donde G es la constante de gravitación universal, siendo su valor 6,67 × 10–11 Nm2/kg2. ¿Estamos?
- Psche.
- A ver. Resulta que esta ley establece que mientras más grandes sean las masas de sus cuerpos, mayor será la fuerza con que se atraigan, y que a mayor distancia de separación menor será la fuerza de atracción. Por consiguiente, la fuerza de atracción entre dos cuerpos como el que ejerce la Tierra sobre los cuerpos que están dentro de su rango de acción, es la causa de que los cuerpos que se sueltan a cualquier altura caigan al suelo. Yo creo que está bien clarito, ¿no?
- Como el agua. Como el agua que tengo que derramar dentro de la aspiradora, digo.
- Bien, pues vamos ahora con la llamada “fuerza 2”. Este depende en gran medida de la potencia del aspirador que usted haya adquirido en el mercado. Sabrá usted cuál es la potencia de su aspirador, ¿no?
- 2.000 w.
- No está mal. Pues sumando la fuerza de la gravedad a los 2.000 w. mencionados, el agua cae dentro seguro.
- Oiga, ¿y no sería más fácil, digo yo, coger la aspiradora, abrirla, mirar lo que hay dentro de la bolsa y si allí estuviera pez y este se mantuviera con vida, Dios lo quiera así, devolverlo a su pecera y a lo que es su rutinaria vida diaria?
- ¡Ni se le ocurra abril la aspiradora, por Dios!
- ¿Y eso por qué?
- Porque destruiría usted las pruebas.
- ¿Las pruebas de qué?
- Pues del caso, las pruebas del caso. Y ahora me va a disculpar que....
- ¿No me irá a decir que hemos terminado y que no vuelva hasta pasado mañana porque mañana es su día libre?
- No, no. Es que tengo que ocuparme de mi nuevo caso.
- ¿El casocinco?
- ¡.............te la hinco!, je, je.

(tu bi continued egein and egein and egein)

jueves, abril 10, 2008

El extraño y sorprendente caso del pececillo desaparecido (Cap. III)

RESUMEN DE LO PUBLICADO: a Estilografic se le ha perdido un pececillo y busca para recuperarlo la ayuda de Johnny Holiday, un detective que hace llamarse así por su tendencia a cogerse días libres. El detective le da a entender a Estilografic que tiene entre manos casos más importantes que el suyo, a saber, el de la desaparición de las canciones de Loquillo, el de la identidad de los diputados socialistas que no votaron a Bono o el del farol de la mismísima Esperanza Aguirre. En esas están cuando Holiday se larga a tomar pescaíto al “Giraldillo”.

(Pínchese aquí despacito para leer el Cap. I y más despacito todavía aquí para leer el Cap. II. Si con el resumen ya fuera suficiente, no hace falta pinchar en ningún sitio.)

Despacho del famoso detective Johnny Holiday. Jueves 10 de abril. 16:00 PM, es decir, en plena hora de la siesta.

Encuéntrase Estilografic Punto Blog al principio de este post (bueno, al principio y al final, porque es que no se va a mover, el hombre) en el despacho del detective Johnny Holiday esperando la llegada de éste, quien, evidentemente, se halla ausente. Procedentes de la habitación contigua escúchanse tan tremendos como estruendosos sonidos de naturaleza respiratoria y origen indeterminando, dándose la probabilidad más que probable, valga la redundancia, de que tales ruidos pudieran surgir de la mismísima garganta del titular del despacho que nos sirve de escenario, esto es, el tal Holiday, quien estaría, siempre según tal suposición, echando una siestecita, ronca que te ronca, en la ya mencionada dependencia contigua.

Sobre la mesa del despacho, además de un marco de discutible atractivo y diseño conteniendo un retrato, primer plano, de la afamada Carla Bruni, hállase también una grasienta carpeta marrón en la que, escrita con bolígrafo rojo fosforito, se alcanza a distinguir la leyenda “CASOCUATRO”.

“¡El mío!”, exclama Estilografic sin el menor atisbo de duda.

- En efecto, el suyo. ¿no iría a abrir la carpeta?
- No, no. Estaba sólo... esperándole.
- Ya, disculpe, pero es que tenía algún trabrajillo pendiente que resolver en la habitación de al lado, pero ya estoy con usted.
- Bien, pues empecemos, que el tiempo en este despacho se pasa muy rapidito.
- Cuénteme usted entonces, y nos ahorramos todo tipo de preámbulos, que si qué tal le va la vida, que si como estas las niñas, que si hay que ver qué tiempecito..., cuénteme digo lo acontecido la mañana de los hechos con todo lujo de detalles.
- Verá, pasar pasar, lo único que pasó de importancia es que despareció uno de los dos peces que habitan en la modesta pero sin embargo graciosa y acogedora pecera que tenemos en casa, en la habitación de mis hijas.
- Y dice usted que tiene dos peces.
- Tenía. Ahora solo tengo uno.
- Ya, ya, me refiero a antes de los desafortunados hechos.
- Sí, entonces tenía dos.
- ¿Y no habrá notado usted, por casualidad, un tan alarmante como repentino aumento de peso en el otro pez, en el que le queda?
- ¿No estará usted insinuando que...?
- Yo no insinúo nada, pero de entrada no hay que descartar ninguna posibilidad. Insisto, ¿está gordito?
- Yo creo que no, que estoy en mi peso, kilo más o kilo menos.
- No, me refiero al pez, al que queda.
- Ah, pues no. Yo creo que está igual que siempre.
- Bien. Dígame exactamente qué estaba haciendo en el momento de la desaparición.
- Pues nadar. Lo que hacen todos lo peces, a ver qué otra alternativa les queda.
- No hombre. Ahora sí que me refería a usted. Reláteme si no le importa, punto por punto, todo lo sucedido el día de autos.
- Verá, a eso de las ocho y cuarto de la mañana se despertó mi hija pequeña y, como suele hacer los días que no hay cole, vínose como un rayo a meterse en la cama de los padres, que es que no hay forma de dormir un poco más los domingos, oiga.
- Siga, siga...
- A continuación, como media hora más tarde, despertose también la mayor, y vínose también a la cama, con lo cual, teniendo en cuenta que yacíamos cuatro personas en una cama pensada para el descanso de dos, decidimos levantarnos a desayunar. Qué remedio.
- Ahórrese si quiere el contenido del desayuno. ¿Qué hicieron después?
- La digestión, claro.
- Ya, ya, pero aparte de la digestión...
- Pues recoger un poco la casa y limpiar.
- ¿Limpiar? ¿Qué limpiaron exactamente?
- Pues ahí nos solemos repartir el trabajo, oiga. Mi mujer se suele encargar de los baños y yo paso el aspirador...
- ¿Ha dicho usted “as-pi-ra-dor?
- Sí, eso he dicho. Todo junto, sin guiones, pero eso he dicho.
- ¿Me quiere describir de la forma más precisa posible de qué manera pasa usted el aspirador?
- Pues como todo el mundo, digo yo. Oprimo la boquilla de succión contra el parqué del inmueble al tiempo que la hago deslizarse suavemente, procurando hacer un barrido preciso y homogéneo por toda la habitación y aprovechando el cómodo movimiento que provocan los ruedines habilitados en el cuerpo del artilugio para desplazar éste a medida que voy avanzando.
- Impresionante su descripción. Pero dígame, ¿en algún momento succiona usted, o ha succionado, algún objeto de manera no intencionada?
- Pueeees..... Bueno sí. Como debajo de la cama lo paso sin mirar primero, una vez lleveme un calcetín y en otra ocasión un calzoncillo o prenda íntima masculina.
- Huy, huy, huy...
- ¿No estará usted insinuando ahora la posibilidad de que...?
- ¿Levanta usted a menudo del suelo, bien sea de manera voluntaria o bien por despiste, la aludida boquilla de succión de manera que esta pudiera haberse introducido, sin que usted se hubiera dado cuenta, en el recipiente de cristal que constituye la confortable residencia de su añorada mascota acuática?
- Pueeees....
- Pero no. No me conteste ahora. Hágalo en su próxima cita que tendrá que acordar con mi secretaria, a la vuelta de mis merecidas vacaciones.

(tu bi continued egein and egein)