jueves, septiembre 25, 2008

Vacaciones en el mar: lo slittamento (el deslizamiento)

Día 6
Recorrido: de Túnez a Palma de Mallorca (432 millas náuticas)
Salida de Túnez: 13:00 horas.
Llegada prevista a Palma: 14:00 horas
Estado de la mar: melancólico. Yo creo que porque esto ya se va acabando.
Navegación Turística: Vamos a ver. Lo voy a explicar por última vez, lo de las horas. De Túnez a Mallorca no se tarda sólo una hora, sino veinticinco. Se trata, precisamente, del tramo más largo del recorrido, hombre. Llegamos a las 14.00 del día siguieeeeeente.

- Papito...
- ¿Qué quieres, hija mía o la mia figlia?
- Quiero que te tires conmigo por el botogán.
- ... ja, ja, ja, ja.., me parto yo solo.
- ¿Por qué te ríes, papito?
- No te lo vas a creer, pero con el viento, la música y el jaleíllo de gente que hay en cubierta te había entendido que quieres que me tire contigo por el tobogán, o botogán, como tú dices. Qué ocurrencia.
- Es que he dicho eso, papito.
- Ah.

Superados a estas alturas ya del recorrido los miedos del interior del barco, y también los pericolos del exterior gracias a la intervención in extremis del bueno de Gennaro y del efecto balsámico que provoca el sabroso Limonchelo sobre los agenti della policía, la mia famiglia decide tomarse un día de relax y descanso para disfrutar de los entretenimientos y el ocio de a bordo. Así que nada, allá que nos vamos la bambina y yo al famoso botogán, impresionante artilugio que a través de curvilíneo recorrido de módulos de poliéster reforzados en fibra de vidrio conecta la cubierta superior de la embarcación con la de cinco pisos más abajo, y todo ello en un tan deslizante como acuático abrir y cerrar de ojos, o solamente cerrar y no abrir si es que a uno le asustan en exceso las curvas y desniveles de terreno, como es el caso.

- Uf, qué alto esta esto, y menuda cola hay... (puntos suspensivos que vienen a representar, habrá que aclararlo, el tiempo de espera hasta que alcanzamos la boca del tobogán). Buenos días, señor Vigilante-del-Tobogán-para-que-Nadie-se-Cuele (VTNC).
- Buon giorno, signore. Usted me-dirá...
- Sí, le digo. Veníamos a tirarnos por el tobogán, o también botogán, la mia bambina y yo.
- Ya, eso ya me lo imagino. Nadie sube hasta aquí si no es para eso. Quiero decir que usted me-dirá... uno ochenta y tantos, por lo menos.
- Por ahí debo andar, sí. Salvo que haya pegado un estironcillo estas vacaciones, que no creo.
- Y posee usted, por lo que he podido comprovare, un tono de voz ronco y grave, más de barítono que de tenore.
- Bueno, más o menos.
- Y por lo que veo, sobre su morena tez se adivina cierta tonalidad sombría que delata la existencia, o aparición futura, de manera continuada y recurrente, de considerable cantidad de pelo que, de no ser afeitado, acabaría por conformar una oscura y tupida barba que cubriría il suo rostro.
- Seguro que sí.
- Y observo por último, además, que su torso desnudo y..
- ¿Musculoso y atlético?
- Bueno, si le hace a usted ilusión añadimos “musculoso y atlético”, decía que su torso desnudo y... musculoso y atlético aparece también, debido sin duda a su renuencia, rechazo o aversión a recurrir a técnicas depilatorias, que le aseguro que cada día que pasa son más utilizadas por la población masculina, cubierto del vello propio de las personas de su edad y condizione sessuale.
- Ciertamente es así. Pero, ¿a dónde quiere ir usted a parar, VTNC?
- Pues a que si tenemos en cuenta: a, su altura; b, il tono della sua voce; c, su prominente barba; y d, el vello que cubre su torso musculoso y atlético, deducimos que es usted una persona adulta, ya entradita en años, y este tobogán está pensado, recuérdelo, para uso y disfrute de los piccoli bambini.
- Ya hombre, ya. Si yo no tengo el más mínimo interés, no se crea. Pero es que la mia bambina es todavía piccola, y quiere que la acompañe en el dichoso deslizamiento.
- Pero la bambina me-dirá...
- Poco más del metro, mide. Acaba de hacer los cuatro añitos, la criatura.
- No, no, digo en este caso que la niña me-dirá que quiere bajar solita, ¿no es así, bambina?
- No. Quiero bajar con papito.
- Es que le da un poco de canguelo. Ojalá quisiera bajar solita.
- Quiero con papito.
- Pues ya ves lo que dice este señor, que yo no puedo bajar, así que nada, nos vamos a disfrutar de cualquiera otra de las muchas y variadas atracciones que ofrece nuestro querido barco.
- Y a usted, por lo que veo, también le da un poco de canguelo, ¿no?
- A mi no le quiero ni contar. ¿No ve cómo me golpean las rodillas la una contra la otra sólo de pensarlo?
- Pero si es sólo un juego de niños o gioco per bambini, si no pasa nada, hombre, vamos, tírese, tírese, que yo le dejo, que me ha caído usted simpático y todo.
- Pues nada, en fin, allá vamos. ¿Podría usted, signore VTNC, ya que es tan amable, darnos un piccolo spintone o pequeño y delicado empujonci.........toooooooooooooo?

- Papito...
- ¿Qué quieres ahora, hija mía o la mia figlia?
- Quiero que te tires conmigo otra vez por el botogán.
- ... ja, ja, ja, ja.., me parto yo solo.
- ¿Por qué te ríes, papito?
- No te lo vas a creer, pero con el viento, la música y el jaleíllo de gente que hay en cubierta te había entendido que...

(léase así el post una vez y otra, sucesivamente, enlazando el final con el principio, hasta que el sufrido lector bien se haga una idea de cómo trascurre una jornada de relax y descanso a bordo del barco, o bien directamente se canse de la tontería)

martes, septiembre 23, 2008

Vacaciones en el mar: la detenzione (la detención)

Día 5
De Palermo (Sicilia) a Túnez (184 millas náuticas)
Salida de Palermo: 18:00 horas
Llegada prevista a Túnez: 07:00 horas
Estado de la mar: ¡pececillos!, que no me salía la palabra en el anterior post. Está llenita de pececillos.
Navegación Turística: Mejor casi que se acueeeesten y descaaaansen, que total, insisto, por la noche no se ve un pijo y por la mañana hay algunos que tiene unos ojitos que vamos..., que no se puede estar toda la noche de juerga.


Cuando uno es de naturaleza asustadiza, como servidor, sólo hay una manera de que se te quite del todo el miedo a que el dichoso barco se vaya tarde o temprano a pique: poner los temblorosos pies en tierra firme, es decir, disfrutar de las excursiones olvidándose al menos momentáneamente de posibles naufragios, y centrando uno su atención en tranquilos y acogedores lugares tan típicamente italianos como Nápoles y Palermo, ciudades de fama reconocida y que todo el mundo identificará con... ¡no!, ¡horror! ... ¡la mafia!

La primera impresión de Nápoles no es muy positiva que digamos. ¿Ha habido una guerra? La ciudad esta llenita de obras y todas sin terminar. Gennaro, nuestro guía napolitano, trata de justificarse: “es que aquí excavas un poco y rapidito te salen las ruinas romanas que te obligan a parar”.

Tras hacernos un rápido recorrido turístico por las principales obras, soterramientos y exhumaciones - que es un no parar - de la otrora bella y elegante ciudad de Nápoles, el cachondo de Gennaro nos concede tiempo libre (a nosotros y a él), no sin antes advertirnos de que nadie se le despiste que el barco se larga puntual, y de que si tenemos alguna urgencia – no, no es cosa de orines o defecaciones, sino de situaciones de verdadera emergencia o “pericolo” – le busquemos en la céntrica taberna “Il Limonchelo”, propiedad de “un buono amico”, donde podremos disfrutar, además, de este típico licor italiano.

El tipo nos dice también que nos zampemos para comer una pizza napolitana, y rapidito, en el ristorante de su “compare Giuseppe”, y que aprovechemos para visitar sin falta el café Gambrinus, donde degustaremos “il migliore caffè del mondo”, y no “esa agua sucia que toman los spagnoli”, va y añade, el jodío.

Tras escucharse en el grupo alguna que otra disimulada acusación de “mafioso” dirigida al “buono” de Gennaro, procedemos a seguir las indicaciones efectuadas, y tras ingerir a todo correr la pizza sugerida en el ristorante de Giusseppe damos con nuestros huesos en el café Gambrinus para degustar el aludido “migliore caffè del mondo”.

- Buenas, quería tres cafés. Per favore.
- Che classe di caffè vuole, signore?
- Pueees, a ver, ¿cuántos tipos de café tienen aquí, que ya luego le digo?
- Settanta e due, signore. A saber: caffè espresso, caffè macchiato, caffè schiumato, caffè lungo, cappiccino, caffé decaffeinato, cafféllatte,...
- Estoooo. ¿Puede acercarse alguien a Il Limonchelo a buscar a Gennarooooo? O si no, mire, póngame tres cappuccini deliziosi, y no se hable más. Grazie.
- Prego.

Nos tomamos el café, que hay que reconocer que está delicioso, y hala, a buscar al tal Gennaro a Il Limonchelo y pitando para el barco, que al menor descuido nos quedamos en tierra.

- Scusi signore, documentazione.
- ¿Cómo dice?
- Que nos muestre la sua documentazione. Siamo Polizie. Carabinieri, ya sabe.
- Ya. Aquí tienen mi pasaporte o passaporto, sí.
- ¿Y dónde van ustedes tan deprisa como almas que lleva il diavolo?
- Pues a Il Limonchelo vamos, en busca de Gennaro, dónde si no.
- Gennaro? chi è Gennaro?
- Un tipo con pinta de mafioso que se dedica, según tengo entendido, que a mi no me la da, a trapichear con el limonchelo, y que...
- ¿Ha dicho usted “mafioso”?
- Sí, eso he dicho. Veo que entiende usted perfectamente el español.
- ¿Y “trapichear”?, ¿ha dicho trapichear?
- Eso es. Eso he dicho. Lleva usted dos de dos.
- ¿Y ha dicho también, por último, “limonchelo” o, lo que viene a ser lo mismo, bebida espiritosa con cierto regusto a limón, o limone, obtenida por destilación y con alta graduación de alcohol?
- Ole, ole y ole. Ha acertado las tres.
- Usted está metido en algo gordo, signore.
- ¿Quién, yo?
- Sí, usted y toda esta gente que le acompaña. ¿Quiénes son?
- Somos la familia al completo. La familia Stilografic.
- La familia, ya. Y usted será, no me diga más, il Padrino o il capo, claro.
- Bueno, si usted lo quiere llamar así, simbólicamente sí.
- ¿Y se puede saber qué negocios se traen con el tal Gennaro, el tipo del limonchelo?
- Pues es que nos tiene que llevar al barco.
- O sea, que tienen ustedes nada menos que un barco. No sólo no se preocupan de pasar desapercibidos y esconder el dinero, sino que además hacen “ostentazione” de él.
- No, no, oiga, que el barco no es nuestro, es que estamos de vacaciones y...
- Sí, sí, eso dicen todos.¿Y a dónde se dirige, el barco?
- Pues si no recuerdo mal, nuestro próximo destino es Sicilia.
- Ajá, Sicilia, donde supongo que habrán pensado ustedes refugiarse en la bella y acogedora localidad de Corleone, cuna de la mafia, como hace Al Pacino en El Padrino después de cometer uno de sus muchos asesinatos, ¿no, pillines?
- Oiga, le aseguro que no sé de que me habla. ¿No estará usted insinuando que somos...?
- Mafiosi, sí, son ustedes unos mafiosi, signore Stilografic, ¿o debería llamarle signore Corleone?
- Oiga, que yo no me llamo así. Que somos spagnoli.
- ¡Al cuartelillo que van tutti!
- Pero...,oiga...., ¡Gennaaarooooooooo!

jueves, septiembre 18, 2008

Vacaciones en el mar: L’Avvenimento (el acontecimiento)

Día 4
Recorrido: de Nápoles a Palermo, Sicilia (167 millas náuticas)
Salida de Nápoles: 19:00 horas
Llegada prevista a Palermo: 08:00 horas
Estado de la mar: llenita toda ella de vertebrados acuáticos de respiración branquial cubiertos de asquerositas escamas, algunos, así como de otras muchas y variadas especies animales, que junto con las vegetales o flora marina vienen a conformar el denominado ecosistema marino o universo subacuático.
Navegación turística: Abandonamos Nápoles con ruta sudeste para recorrer, con las últimas luces del sol y dejando atrás las laderas del Vesubio, la costa de Sorrento, donde moran las bellas y misteriosas sirenas que trataban de encantar con su canto, valga la redundancia, al bueno de Ulises y a otros ingenuos marineros, algunos de los cuales, dejándose atraer embelesados por su sensual voz y vencidos por libidinosos deseos, los muy pillines, acababan naufragando contra las rocosas costas, que les estaba bien empleado, por tontos.

Aparte de los bramidos con los que de cuando en cuando nos obsequia el equipo de megafonía de a bordo, los pasajeros del barco estamos asiduamente informados de las novedades diarias gracias a la publicación del “Tudey”, o mejor “Today”, un folleto que se distribuye camarote por camarote a última hora de la tarde en el que se describen, con todo lujo de detalles, ubicación y horarios, todas la actividades programadas en el barco para el día siguiente.

Así, a última hora del miércoles, por ejemplo, todos los pasajeros conocemos ya la noticia de que el jueves se celebra nada más y nada menos que la esperada “cena de gala” (“la cena di gala”, qué poco original, la traducción). Y yo con estos pelos. Qué nervios.

¿Que qué es la cena de gala? La cena de gala es EL ACONTECIMIENTO (L’AVVENIMENTO). Así, con mayúsculas. Si nos encontráramos en una Universidad diríamos que es algo así como la Ceremonia de Graduación; si se tratase de un colegio hablaríamos del día de la Primera Comunión; de referirnos a una pareja, por supuestísimo que de la señalada fecha de la Boda; en el caso de una competición futbolera, estaríamos sin duda ante la Gran Final y si, por último, nos referimos..., no sé...a una piara de cerditos, estaríamos ante ... ¿El Día de la Matanza? Está visto que, debido a mis miedos y presentimientos - todo el día pensando en que esto se va a acabar hundiendo -, una y otra vez me traiciona el subconsciente o mi tradisce il pensiero.

EL ACONTECIMIENTO consiste en una cena por todo lo alto en la que, previamente, el capitán y toda la tripulación - inmaculadamente vestiditos de blanco - ofrecen al pasaje un refinado y elegante coctail. Y hay que ponerse hecho un pincel para la ocasión.

¿Cómo? ¿qué no has puesto en la maleta el elegante traje de Armani para la cena de gala? ¿No me dirás que no has metido en la bolsa los lustrosos zapatones para el susodicho acontecimiento? ¡Pero bueno! ¿Me vas a decir que no se te ha ocurrido echar la mejor de tus corbatas para lucirla durante la dichosa cenita? Si es usted, signor, o usted, signora, el destinatario o destinataria de alguna de estas preguntas, o questioni, o cualesquiera otras de semejante calado, ya se está buscando la vida para no dar la nota durante la tan cacareada cena de gala. No, no vale plantarse el bañador con el que más paquete marca uno, o las bermudas que cada cual conserva más limpias y relucientes a estas alturas del crucero. Hay que ir de punta en blanco...que no sabes tú hasta qué punto la gente, supongo que ya experimentada, acude de preparada a los cruceros. Y no te digo nada de italianos e italianas Si aquello parecía la boda de Michael Corleone.

Y así, mientras que toda la tripulación al completo, desde el flamante capitán hasta el último mono con chaqueta y pantalón blancos, pasando por el jefe de máquinas, el médico de a bordo, el oficial de seguridad, o el sacerdote, comparte con el embelesado pasaje estos entrañables e inolvidables momentos, en el preciso instante en que el renombrado máximo responsable de la embarcación se dispone a alzar su copa rebosante de burbujeante cava y brindar a la salud de todos los presentes, y con él todos los aludidos miembros de la tripulación imitando el ademán del oficial de mayor graduación, como mandan los cánones, a servidor, mira tú por dónde, se le viene a la cabeza aquel presentimiento disfrazado de incertidumbre, y no duda en interrumpir el ceremonioso acto para lanzar a los siete mares el interrogante de que sí, que muy bien, que muy bonito y entrañable todo, pero que si TODOS, es decir, TUTTI los miembros de la tripulación se encuentran ahora en este bello, lujoso y elegante salón compartiendo con nosotros este inolvidable momento... ¿quién cojones se está haciendo cargo ahora mismito – ¡Dios santo! – del timón de este puñetero cacharroooooo o puttana imbarcazioneeeee?

martes, septiembre 16, 2008

Vacaciones en el mar: Simulazione (simulacro)

Día 3
Recorrido:de Savona a Nápoles (345 millas náuticas)
Salida de Savona: 17.00 horas
Llegada prevista a Nápoles: 13.00 horas
Estado de la mar: en su línea, como siempre.
Navegación turística: como vamos a navegar por la noche no se va a ver ni un pijo, así que nos ahorramos el espacio. Eso sí, la llegada a Nápoles, ya con la luz del día, es muy bonita, no se la pierdan, con un volcán y todo. Apagaaaaado, el Vesubio está apagaaaaado.


.... toc, toc, toc, toc...
- ¡Estilografic!, ¡Estilografic, signor! ¿Va tutto bene?

Cinco horas antes...:

La megafonía del barco brama a todo bramar el siguiente comunicado:

- Signore e signori, les recordamos que en el día de hoy, a las 16.30 horas, hora de la siesta, procederemos a realizar un simulacro de emergencia (simulazione di emergenza) obligatorio para tutti nuestros huéspedes. Y cuando digo “tutti” es tutti, ¿capito?
- Síiiiiiii - contestamos todos.
- Bien, pues atentos a las instrucciones - continúa el comunicado -. Cuando escuchen la señal de emergencia, siete silbiditos cortos de sirena seguidos de uno largo, tendrán que...
- Scusi, ¿pero cómo de cortos los cortos y cómo de largos los largos?
- Pues “pi” los cortos y “piiiiiiiiiiiii” los largos, mas o menos, “i” arriba o “i” abajo. Decía que cuando suenen los silbiditos tendrán que ponerse los chalecos salvavidas que encontrarán en sus camarotes y dirigirse al punto de reunión...
- ¿Pero los chalecos nos lo ponemos encima de la ropa que llevemos puesta en ese preciso momento o debemos primero proceder a despelotarnos para a continuación, y sólo a continuación, cubrir nuestros fornidos torsos con la escueta prenda salvadora, o salvatore, dejando al descubierto, ¡vive Dios!, nuestras partes pudendas inferiores, o inferiori?
- ¡Oigan!, ¿me quieren dejar ustedes – y de manera especial usted, signor Stilografic - que termine de leer tutto il comunicato, que como tenga que andar contestando uno por uno a los 4.000 pasajeros del barco nos va a dar la hora del simulacro y nos va a pillar a todos “in mutandine”, o lo que es lo mismo pero en spagnolo, "en bragas"?
- Vaaaala, vaaaale – contestamos todos a una.
- Decía que deberán dirigirse ustedes al punto de reunión siguiendo las indicaciones escritas en la parte interna de la puerta de su camarote. ¡Gracias por su colaboración! ¡Grazie per la sua collaborazione!

Tras la escueta información leída por megafonía a servidor le quedaban bastantes dudas, pero claro, tal y como se había puesto el tipo, cualquiera le interrumpía más veces para aclaran los puntos más oscuros del dichoso comunicado. A ver:

1.- ¿Sucederá, como en el Titanic, que quienes tienen la suerte (y la posición económica, claro, yo no digo que no) de disfrutar de los camarotes de primera clase, esto es, de las lujosas suites dotadas de terraza con vistas a la mar salada (salvo cuando el barco está atracado en puerto, que entonces si que no, que ahí no se ven más que grúas, contenedores y algún que otro barco que nos viene siguiendo todo el camino por mucho que hayas pagado por el billete, so listo) serán los primeros en ocupar los botes salvavidas mientras que los demás, los ocupantes de los modestos pero funcionales camarotes interiores sin ventanuco ni nada, es decir, la familia Estilografic, seremos en cambio los últimos en dejar atrás la damnificada embarcación que ya se viene a pique, ¡oh Dios!, por culpa del puñetero iceberg?

2.- ¿Ocurrirá, como en el Titanic, que antes de que todo se eche a perder definitivamente y se arme la marimorena o, en su defecto, la de Dios es Cristo, nos dirigiremos la señora de Estilografic y yo mismo hasta el mascarón de proa del barco que tan hospitalariamente nos acoge para declarar a los cuatro vientos, con música de Celine Dion de fondo, nuestro amor eterno hasta más allá de la muerte mientras mos fundimos en tierno y cinematográfico abrazo ?

3.- ¿Habrá, como en el Titanic, una orquesta que tocará y tocará hasta que el último pasajero, que deberá ser el tipo del violín, abandone el barco o en su defecto se hunda para siempre con su instrumento al hombro (al instrumento de música, me refiero) en las frías y revueltas aguas del inmenso mar, o será el ya famoso equipo de animación (scuadra di animazione) el que mantendrá entretenido al pasaje hasta el último y trágico instante en el que la popa, definitivamente, se sumerja rumbo al fondo de los océanos llevándose consigo al mismísimo Leonardo Di Caprio?

y 4.- Y sobre todo: ¿tiene todo esto algo que ver con la confesión que me hizo el oficial en el primer post, a quien se le escapó el insignificante detalle de que las cocinas parten el barco en dos, dato a partir del cual todo sagaz y desconfiado pasajero debería pensar que sí, que en efecto, existe riesgo de hundimiento inminenteeeeee?

Entre tales dudas y cavilaciones quedeme reposando plácidamente sobre la cama tras opíparo almuerzo a la espera de que los dichosos silbiditos, siete cortos y uno largo, nos espabilaran y condujeran hasta la zona en la que esperan los botes salvavidas para realizar la sencilla y rápida maniobra de simulacro de emergencia, y regresar después como si nada cada cual a su camarote una vez que se haya comprobado que TODOS los pasajeros han acudido a la llamada.

¿Todos?, ¿tutti?... ¡Falta uno! ¿Alguien sabe cuál es el camarote de los Estilografic?

.... toc, toc, toc, toc...
- ¡Estilografic!, ¡Estilografic, signor! ¿Va tutto bene?
- Zzzzzzzzzz...molto bene...., sí......, grazie...., zzzzzzzzz

lunes, septiembre 15, 2008

Vacaciones en el mar: Animazione (animación)

Día 2
Recorrido: de Marsella a Savona (193 millas náuticas)
Salida de Marsella: 17.00 horas
Llegada prevista a Savona: 08:00 horas (del día siguieeeeente, ya no lo digo más)
Estado de la mar: calmo (y más saladito que ayer, si cabe)
Navegación turística: nada más abandonar el puerto de Marsella contemplaremos, a la izquierda (¡a babor, leches!) el famoso Castillo de If, para tomar enseguidita y sin más dilación rumbo a Italia con ruta oriental en proximidades de costas francesas. Quienes no se encuentren durmiendo placentera siesta u ocupados en otros menesteres - allá cada cual - podrán contemplar, dada la proximidad de la susodicha costa, la ciudad de Tulón, la isla de Hyeres con el famoso faro del cabo de Armas y la encantadora Saint Tropez, que debe su nombre a... el patrón de los torpes, digo yo que será.

La pregunta es: ¿se llegan a experimentar en un crucero verdaderas sensaciones de peligro? Pues sí; tengo que confesar que definitivamente sí.

Eso sí, se deben dar dos condiciones al mismo tiempo para que se produzca una terrible y verdadera situación de peligro, a saber:

1.- Que a través de cualesquiera de los altavoces estratégicamente situados en seleccionadas y discretas ubicaciones tanto de la cubierta como del interior del barco, el relajado y ocioso pasajero alcance a percibir el ritmo frenético de cualquier melodía bailable, especialmente si ésta contiene o se caracteriza por la persistencia de compases propios de ritmos tales como la salsa o el reggaetón.

2.- Que por las inmediaciones – casi siempre escondidos tras variados e irrepetibles disfraces y agazapados a la espera de saltar sobre su indefensa presa confundidos entre el pasaje – aceche algún que otro integrante del llamado equipo de animación (“scuadra de animazione”).

Si, y sólo si, se cumplen estas dos condiciones a un tiempo, ay amigo, lo más seguro es que caigas irremediablemente en la trampa tendida y seas víctima del único y verdadero peligro, o también “pericolo” que amenaza paraliza, aterroriza y no deja dormir al pasaje de este tipo de cruceros: ¡QUE TE SAQUEN A BAILAR (o “ballare”)!.

El procedimiento viene a ser el siguiente: mientras suena o "suona" la música, el tipo en cuestión, el reputado miembro de la “scuadra di Animazione”, se lanza inesperadamente sobre tu cuello al menor descuido, asiéndote fuertemente y sin contemplaciones del brazo y conduciéndote, también sin contemplaciones, al grito de “a ballare, signor”, hacia la pista de baile más cercana o en su defecto lugar despejado de cubierta destinado a tal fin, y allí que te suelta dedicándote palmas y más palmas al compás de la música arriba mencionada, mientras tú, qué remedio te queda, tratas torpemente de coger el ritmo meneando por igual brazos, piernas, tronco y trasero, y esperando cualquier posible distracción del susodicho miembro de la “scuadra” para regresar a tu estado natural, esto es, el de pasajero estático contemplador de la confusa línea en la que parecen fundirse cielo y mar, allá en el añorado horizonte.

El primer día, claro, a uno le pillan en todas, pero cuando ya pasas a ser marinero experimentado tu ingenio se agudiza y tu persona se espabila, de manera que andas por cubierta siempre ojo avizor (“occhio scrutatore”, dice mi diccionario “on line”), ansioso por poner en práctica las variadas e ingeniosas técnicas y tácticas de emergencia y escape aprendidas a base de bailar y bailar ritmos nunca deseados.

- ¡A ballare, signor!
- Scusi, scusi, pero es que me veo en la obligación de cuidar de la mía bambina.

Por ejemplo.

O esta otra:

- ¡A ballaer, signor!
- Scusi, scusi, pero es que ando buscando el lavabo, o toilette, que cuando me viene me viene, il apretón.

Hay otra incluso más segura, que es la técnica de la rana, y que consiste en meterte, cual batracio sorprendido al borde del estanque, de cabeza y sin pensarlo a la piscina en cuantito ves algún animador rondando por cubierta y está sonando la música, y sólo salir cuando, al menos, la música haya terminado. Aun así, yo recomendaría no abandonar la piscina incluso aunque no esté sonando la música, porque estos experimentados muchachos de la “scuadra di animazione” se las saben todas y te la juegan al menor descuido.

- ¿Qué? - me pregunta el tipo de la ya famosa “scuadra” en cuanto salgo del agua una vez que la musica ha cesado -, ¿dándose un relajante bañito dejándose arrullar por el ir y venir de las suaves olas que se forman en la piscina gracias al movimiento del barco en su discurrir por la mar o “il mare”?
- Sí señor, sí. Resulta la mar de agradable , nunca mejor dicho, el suave bamboleo.
- ¿Balboleo ha dicho?
- Sí, en efecto, el desplazar de las olas le bambolea a uno delicadamente de un lado a otro.
- ¿Bamboleo o bambolea?
- Bamboleo y bambolea.
- ...porque mi vida yo la prefiero vivir asiiii.... ¡A ballare, signor!


jueves, septiembre 11, 2008

Vacaciones en el mar: Orientamento (orientación)

Día 1
Recorrido: de Barcelona a Marsella (190 millas náuticas)
Salida de Barcelona: 17:00 horas
Llegada prevista a Marsella: 08:00 horas (del día siguiente hombre, no me seas bruto)
Estado de la mar: calmo (y saladito)


Uno de los asuntos más complicados de la vida a bordo es precisamente el “orientamento”, es decir, saber dónde se halla uno en cada momento (valga el pareado). Y no me refiero ya a la latitud, longitud, dirección y velocidad del viento, es decir, al lugar exacto en el que se encuentra el barco en medio de la inmensidad del océano, no, sino a cómo regreso yo ahora a mi camarote, a por dónde se va al lavabo más próximo, que me meo, o a dónde narices queda la dichosa proa. Y encima con el problema del idioma...

- Buenos días, señor oficial.
- Buon giorno, signor.
- Por favor, o per favore, ¿Me podría usted indicar, si es tan amable, cómo llegar desde aquí primero hasta recepción para coger mis llaves y dirigirme a continuación desde la mencionada recepción hasta el restaurante, o ristorante, que la navegación me ha abierto ya el apetito, o appetito, y me van entrando ya ganitas de comer, o también mangiare?
- ¿Cómo se llama?
- ¿Quién yo? Estilografic Punto Blog. ¿Y usted?
- No, no, me refiero a que cómo se llama el ristorante; es que hay varios en el barco.
- Pueees..., ya la hemos liao, entonces... Espere que lo mire... Ah, sí, Ristorante Costa Smeralda, dice aquí.
- Ah, bene. Yo le indico. ¿Sabe usted dónde se encuentra ahora mismo?
- Sí, eso sí. En un barco, disfrutando de unas más que merecidas vacaciones.
- No hombre, me refiero a que si sabe en qué punto exacto del buque se encuentra usted, signor.
- Ah, pues eso no. Ni idea.
- Pues mire, si se asoma usted por encima de esta barandilla, con cuidado per favore, verá que hay una distancia considerable desde aquí hasta el agua, hasta el punto de que si usted, signor, se precipitara al vació desde esta altura, su esbelto cuerpo, conducido por la llamada fuerza gravitatoria, o lo que es lo mismo, su propio peso, cortaría el líquido elemento limpiamente continuando por espacio y tiempo considerables su camino hacia el fondo abisal de los mares, dejando atrás probablemente, y al nivel de la superficie, el florido bañador que luce usted con elegancia, porte y salero, con toda probabilidad adquirido en las recientes rebajas de julio del Decathlon, no nos engañemos, y haciéndolo por tanto, lo de continuar el camino hacia el fondo, de aquella manera que ustedes, los spagnoli, denominan “en pelota picada”.
- Uf, ya lo creo. Qué altura. No lo quiero ni pensar.
- Pues esa considerable altura es consecuencia, signor, de que nos hallamos ahora mismo en el ponte nove.
- ¿Que me ponga qué? ¿Es que no le gusta il mio bañador?
- En el noveno piso, quiero decir que estamos, mientras que tanto recepción como el citado ristorante se encuentran en el ponte tre, o piso tercero.
- Entonces es sólo cuestión de bajar seis pisitos, ¿no?
- Bueno, no exactamente. Me explico, ¿qué más contempla usted si se asoma, insisto que con cuidadito, per favore, por la borda?
- Oooooh, sí, veo como un caminillo líquido de ondas marinas que se va formando a nuestro paso, qué curioso.
- Pues eso es, amigo mío, ni más ni menos que la huella que nuestra insigne y singular embarcación va dejando a su paso por las tranquilas y claras aguas mediterráneas, y significa que lo que nuestra vista alcanza a ver desde aquí es ya camino recorrido, y no por recorrer, de todo lo cual llegamos a concluir que ahora mismito nos encontramos en la popa o parte trasera del barco.
- Hay que ver lo bien que se explica usted en spagnolo cuando pone empeño, ¿eh? Y me imagino entonces que la dificultad viene de que o bien recepción o bien el restaurante están en la proa, ¿no es eso?
- Eso es, sí signor. Para ser más exactos, recepción está en la proa y el ristorante, en cambio, está en la popa.
- Bueno, pues entonces no hay más que bajar hasta el piso tercero, o ponte tre, y caminar después en dirección a la proa para a continuación, una vez resuelto el asunto de las llaves, volver sobre mis propios pasos camino de popa hasta dar con el ristorante. ¡Chupao!
- Pues tampoco, signor, porque en su camino de popa a proa por el ponte tre se dará usted de bruces con las dichosas cocinas.
- ¿Las dichosas cocinas?
- Sí, que parten el barco en dos y...
- ¿CÓMOOOOOOO? ¡NOS HUNDIMOOOOS!
- Quiero decir, no se me asuste, que dividen en dos partes el barco y que no permiten pasar de popa a proa, ni de proa a popa, precisamente por el ponte tre ni por el ponte quattro. Tendrá usted que subir al ponte cinque y atravesar, por allí ya sí, las cocinas por uno u otro lado del barco.
- Vale, entonces bajo al ponte cinque y avanzo pasillo adelante por la izquierda...
- Querrá usted decir por babor, signor.
- Por favor, signor, entonces bajo al ponte cinque y avanzo pasillo adelante por la izquierda...
- No, no, no he dicho “por favor”, he dicho “por babor”, que como usted debería ya saber es lo contrario de estribor, es decir, la parte izquierda del barco según se mira hacia proa.
- Ya.
- Salvo que usted desee pasarse antes por el casino a echar una partidita. En ese caso tendrá que hacerlo por estribor. ¿Le gusta a usted el casino?
- Casi no.
- Pues entonces pase mejor por babor.
- Oiga, ¿pero usted cree que al final llegaré a tiempo al ristorante?
- Hombre, pues eso depende o, como decimos en italiano, dipende.
- ¿Y de qué dipende?
- Pues de si lo que quiere usted es almorzar, que ya le digo que no llega; si es cenar, que ahí ahí va a andar la cosa, o de si lo que pretende es, por último, desayunar, que entonces yo diría que sí, que lleva usted tiempo más que de sobra..., signor.


miércoles, septiembre 10, 2008

Vacaciones en el mar (introducción)

En efecto, con o sin ayuda de manguitos (qué importancia tiene al fin y a la postre tal baladí e insignificante detalle) Estilografic Punto Blog, es decir, servidor, consiguió dar alcance al tan impetuoso como impaciente buque de recreo destinado a ser al tiempo lugar de residencia y transporte marítimo durante sus más que merecidas vacaciones. ¿Qué os habíais creído, que me lo iba a perder?

Y...¡voilà!, ya estoy de vuelta. Lo del viaje en crucero ha sido toda una experiencia. En los próximos días trataré de ir contando al estilo estilográfico (ya sabéis, con grandes dosis de la más imaginaria imaginación pero basada siempre en la más real de las realidades, valgan las sucesivas y redundantes redundancias anteriormente mencionadas, esto es, estilo/estilografico; imaginaria/imaginación; real/realidades y redundantes/redundancias), diferentes anécdotas y situaciones que sirvan para haceros una idea, para quienes no lo hayáis experimentado, de cómo es un viaje en un crucero.

Para empezar, y a modo de introducción, algunas aclaraciones que se me antojan necesarias:

Confieso, en primer lugar, que en mi acostumbrada planificación anual de las vacaciones no había encajado hasta la fecha la posibilidad de realizar un crucero, un tipo de turismo que no me había llamado nunca la atención. Según la idea preconcebida que tenía, me echaban para atrás principalmente dos cosas: una, esa imagen como de “lujo de mentirijillas” que se ofrece de los cruceros, con grandes salones, restaurantes y pasillos decorados con ostentación y pretenciosa ambientación; y otra, el escaso tiempo que le queda al pasaje para visitar los lugares en los que el barco realiza escalas, que es llegar a puerto y a las pocas horas ya estamos con el dichoso “todos a bordo que nos largamos”.

Y como era de esperar, mis dos ideas preconcebidas se confirmaron sin matización alguna. A veces uno no sabía si estaba de vacaciones a bordo de un barco o de compras por el centro comercial Plaza Norte de San Sebastián de los Reyes; y en cuanto a los destinos en tierra, te enteras de más detalles en los documentales de promoción que puedes ver desde el camarote que en la excursión en sí. Pero tengo que reconocer, en cambio, que después del viaje tengo otras muchas impresiones más que positivas de la experiencia.

La idea era la de disfrutar de unas vacaciones en familia. Mis padres, es decir, el Sr. Punto y la Sra. Blog, querían celebrar con algunos años de antelación sus bodas de oro, y nos propusieron reunirnos a todos en un crucero, puesto que somos una familiar pequeña y muy recogidita. ¡Y aunque no lo fuéramos!, ¡si en el barco cogían 4.000 personas sin achucharse ni nada!

Lo siguiente es aclarar que viajar en crucero ha dejado de ser un tipo de turismo para ricachonzuelos y familias adineradas. En esos barcos viaja gente de lo más normalita; vamos, en el mío iba toda la familia Estilografic..., no te digo más. Sí; se puede contratar un crucero que te deje tiritando la cuenta corriente para el resto del año, pero también se puede hacer por más o menos lo que viene costando un hotelito de medio pelo, eso sí, ajustando el tiempo de estancia a no más de una semanita, no te vayas a pasar.

¿Mareos con las consiguientes vomitonas arrojadas por la borda, ora a babor, ora a estribor? Al menos en mi caso, que me pongo nerviosito sólo de pensar que tengo que llevar a las niñas al Parque de Atracciones, lo cierto es que he vuelto con la caja de Biodramina intacta, con su precinto y todo. La única sensación parecida al mareo que experimenté la tuve al aventurarme a deslizar, junto con mi hija pequeña, mi cuerpo serrano por el tobogán (también conocido, por la susodicha, por el nombre de “botogán”) de cuatro alturas y otras tantas revueltas que coronaba la cubierta más elevada según se mira a proa, allá por el piso 12º del dichoso barquito. Tan grande es el bicharraco flotante que la mayor parte del tiempo te olvidas por completo de que te estás deslizando por aguas del Mediterráneo, te lo juro por Popeye.

Conviene señalar también que el barco llevaba bandera italiana y que la mayoría del pasaje era, por tanto, de esta nacionalidad. Aproximadamente 3.000 de las 4.000 personas que viajábamos a bordo del barco tenían el italiano como lengua materna. Lo digo más que nada por si en los sucesivos textos se me desliza algún que otro término en nuestra hermana lengua romance, signore e signori.

En cuanto a las escalas, lo dicho, que no hay mucho tiempo para descubrir los mejores rincones de Marsella, Nápoles, Túnez o Palermo, pero sólo por contemplar las magníficas vistas que ofrece el barco al acercarse al Golfo de Nápoles con el Vesubio al fondo o de la catedral de Palma de Mallorca ya es más que suficiente.

Y si lo que se pretende es disfrutar de la vida a bordo, allí hay entretenimiento para todos los gustos y edades. Eso sí, pensando siempre en el gran público, que nadie espere que le programen un ciclo de cine experimental o un conferencia sobre “Utilidades y aplicaciones de la aceleración de partículas tras la puesta en marcha del Gran Colisionador de Hadrones (LHC, siglas en inglés) de la organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, siglas también en inglés)” Eso no. Lo que hay, por ejemplo, es un magnífico equipo de animación que no te deja respirar un minuto y a la mínima que te descuides te pone a bailar La Bomba, El Papichulo o El Aserejé, coreografías que, alrededor del tercer día de crucero más o menos (dependiendo de la destreza de cada cual), todo buen marinero al uso debería ya irse sabiendo, no me vengas con cuentos.


jueves, agosto 28, 2008

El crucero

- Holabuenosdías
- Buenos días hombre, buenos días.
- Veníaadaruncurso.
- Oiga, ¿por qué habla usted tan deprisa? Cálmese, que estamos en agosto y tenemos todo el tiempo del mundo.
- Esquesetratadeuncursoacelerado.
- Yaaaaa, yaaaaa, pero es que el curso todavía no ha empezado, y lo podemos hablar tranquilamente, hay tiempo. Siéntese, hombre, y dígame su nombre y apellidos.
- Estilografic Punto Blog, o EPB, si quiere, para ir más rapidito, que no sabe usted la prisa que tengo.
- Qué manía con la rapidez. Bien, ¿y en qué curso está usted interesado?
- En un curso, acelerado ya le digo, de navegación.
- ¿Navegación aérea, por internet o en barco?
- En barco, en barco.
- ¿Y cómo de acelerado?
- Aceleradísimo. A mil kilómetros por hora, si puede ser. Zarpo dentro de unos minutillos en aquel barco que espera atracado en el muelle.
- Y por lo que veo necesita usted un curso que empiece desde nivel cero. ¡Cómo que kilómetros! Querrá usted decir nudos, ¡por Neptuno!.
- ¿Nudos?
- Sí, así como suena, sin el “cojo” delante, que le veo venir, grumete graciosillo, que es usted un grumete graciosillo. El nudo resulta ser la medida de velocidad utilizada en navegación, y equivale a una milla náutica por hora, esto es, a 1,852 kilómetros por hora.
- ¿Milla náutica ha dicho?
- Efectivamente, milla náutica, cuya definición está directamente relacionada con las dimensiones de la Tierra, y se trata de la distancia equivalente a un arco de un minuto sobre un círculo máximo.
- Ya. Le recuerdo que tengo prisa.
- Con lo cual – déjeme que le explique - , si tomamos como círculo máximo el Ecuador, la división de la longitud de la denominada línea ecuatorial (redondeada en 40.000 km para el cálculo) entre los 21.600 minutos totales da como cociente 1.851,85 m, que normalmente se redondea a 1.852 m, obteniendo así al fin todo marinero experimentado la longitud exacta de la milla náutica. ¿Esta claro, no?
- Clarísimo.
- Pues no, listillo, porque hay que tener en cuenta que la Tierra no es una esfera perfecta, por lo que si se considera un círculo máximo otro que el ecuador, como puede ser un meridiano, la medición de la milla náutica puede variar en unos pocos metros según la ubicación.
- Ah, no había caído yo en eso, pero permítame insistir en mi urgencia.
- Ya, ya, pero es que para solucionar el entuerto, la Conferencia Hidrográfica Extraordinaria Internacional de Mónaco adoptó en 1929 establecer de manera definitiva e inamovible los 1.852 metros como la medida estándar de la dichosa milla náutica, simplificando así todo este galimatías que le vengo contando.
- Entonces ahora sí estará clarito, ¿no? Pues venga, vamos a lo nuestro, a lo del curso....
- Pues tampoco está claro, fíjate tú por dónde. Porque hasta 1954 los Estados Unidos no aceptaron la dichosa definición.
- Vaya por Dios.
- Y no le digo nada de los británicos, que no la aceptaron hasta 1970, abandonando ya de una vez su famosa Milla del Almirantazgo, que venía a medir en realidad un poquito más, 1853,184 metros.
- Que ya son ganas de tocar las pelotas.
- Ya sabe usted cómo son los británicos.
- No, si yo me refiero a usted y a sus explicaciones, que le recuerdo que zarpo ya mismo y se me esta echando el tiempo encima...
- Oiga, no se me queje, que mis explicaciones le van a servir a usted de mucho una vez que se ponga usted al mando del timón de su embarcación, ya lo verá.
- ¿Timón? ¿Qué timón?
- ¿Pero no dice usted que zarpa ya mismo?
- Sí, ya mismo y en aquel barco. ¿Es que no oye usted la bocina que está haciendo sonar a la espera de que su último pasajero, es decir, servidor, o si lo prefiere, Estilografic Punto Blog, embarque de una puñetera vez, se calce sus chanclas y se vista sus bermudas y se disponga a tomar relajado el sol en cubierta y disfrutar de la brisa marina al tiempo que degusta un refrescante sorbete de limón al cava acompañado de la correspondiente tapita de jamón ibérico, rumbo a las costas de Marsella, Savona, Nápoles, Sicilia, Túnez y Mallorca, por el orden citado, trazando un círculo casi perfecto sobre las tranquilas y cristalina aguas de nuestro tantas veces cantado y admirado Mediterráneo, que eres como una mujer perfumadita de brea que se añora y que se quiere, que se conoce y se teme aaaay.....
- Ah, pues si es de pasajero entonces no le va a hacer falta curso ni nada. Eso sí, ¿Nadar sabe usted?
- ¡Claro que sí!; a braza, a croll, a espalda, a mariposa y a estilo perrito. Phelps me llaman mis amigos, no le digo más.
- Menos mal.
- Pero oiga, ¿nadar para qué? No me diga que no funcionan bien estos pedazo de barcos...
- Bien es poco; funcionan de maravilla, sobre todo gracias a su puntualidad, y entre tanta conversación y tanto cántico el suyo ya tiene que estar enfilando rumbo a Marsella, así que si quiere cogerlo va a tener que darse un chapuzón, me estoy temiendo. Pero..., oiga..., ¿dónde va?... No me deje por ahí tirada la ropaaaaaa...
¡SPLAAAASH!

miércoles, agosto 27, 2008

Las dos caras de la moneda china

“Estos Juegos han servido para que el mundo conozca a China y China al mundo”, dijo el presidente del COI en la ceremonia de clausura de unos JJOO que han sido calificados como “excepcionales” tanto en lo deportivo como en lo organizativo. En efecto, como si de una moneda se tratara, la imagen de la gran China ha sido lanzada al aire, pero ¿cuál de sus dos lados es el que ha conocido estos días el mundo?

La deslumbrante cara de la moneda ha mostrado la imagen de una China preparada, moderna y brillante que nos ha dejado admirados y expectantes ante la posibilidad de que el país avance hacia la apertura y la democratización, siguiendo el ejemplo de lo ocurrido en su día con Corea del Sur. La oscura cruz, sin embargo, nos sigue enseñando un país que desgraciadamente continúa dando flagrantes muestras de falta de libertades de opinión y expresión y que ha incumplido sus promesas de respeto por los derechos humanos.

A poco que cerremos la boca y contengamos el inevitable “oh” de asombro y admiración ante el espectáculo ofrecido en las ostentosas ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos y nos paremos a reflexionar sobre cómo es posible tanta perfección, tanto esforzado y abnegado trabajo y tan excelentes resultados llegaremos a la conclusión de que la brillantez de la cara de la moneda depende en gran medida de la oscuridad de la cruz de la misma, de que ambos lados no se contraponen en realidad, sino que más bien se complementan y de que aquélla, la cara, probablemente no sería posible sin la existencia de ésta, la cruz. Olvidémonos de derechos, libertades y otras “menudencias” y vayamos a la práctico, y concluiremos que las dictaduras resultan siempre más eficaces que las democracias.

Pocas realidades ofrecen tan claramente dos caras como la China, un país que parece vivir en permanente contradicción, o eso es al menos lo que nos parece a los ignorantes occidentales. Sí, digo ignorantes porque conviene no olvidar la perspectiva desde la que hablamos, o mejor desde la que no hablamos, que nos creemos que somos el centro del mundo cuando China, el llamado Imperio del Centro, es el país más poblado de la Tierra. ¿Pero cómo asumir si no el desarrollo desenfrenado de ese vehemente capitalismo que parece no tener fin al tiempo que se mantiene un estricto régimen comunista capaz de las mayores atrocidades y desprecios para con los derechos humanos?, ¿cómo entender si no que el pueblo chino sea capaz de conjugar su refinado gusto cultural y su delicada sensibilidad artística con la más horrenda expresión de lo hortera y del mal gusto representadas por la estética de adornos y baratijas que pueblan los estantes de sus mercadillos y comercios?

En la vida social china existe lo que se llama el arte de “guardar la cara”, mantener un comportamiento base similar para todo el mundo, esto es, no sacar los pies del tiesto, hablando en cristiano. Se trata de no perder la compostura y controlar las emociones, algo que desde el punto de vista occidental puede ser interpretado más que como una virtud como una actitud de hipocresía y engaño. El cine de Ang Lee (Sentido y sensibilidad, Tigre y Dragón, Brokeback Mountain, Deseo peligro) ofrece buenas muestras de ello, incluso aplicadas al "comportamiento occidental". Otra clara muestra de esa contradicción y esa aludida doble cara de la sociedad china.

La misma ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos resultó, además de memorable, reveladora al respecto. La imagen de esas grandes teclas moviéndose sobre el suelo de El Nido durante la representación lo reflejaba a la perfección. Superficialmente sólo apreciábamos un complejo mecanismo que se desenvolvía en escena sin fallo alguno. Pero la realidad era bien distinta: debajo de cada tecla, ocultos a los millones de telespectadores que seguían atónitos la retransmisión, algo tan sencillo como cientos de personas trabajando. Y lo mismo sucedió con esa reproducción a pequeña escala, falsificación si se quiere, de El Nido, formado por lo que más tiene China: seres humanos. Otra cosa mejor no podrá ofrecer China al mundo: mano de obra buena y, supuestamente, barata.

¿Y qué decir de los excelentes resultados deportivos obtenidos por los atletas chinos? El caso de las jóvenes gimnastas resulta especialmente llamativo. Sí el sacrifico y la dedicación que para todo atleta conlleva alcanzar el éxito olímpico ya roza en ocasiones la frontera de lo inhumano en países supuestamiento abiertos y democraticos, qué no ocurrira en aquellos otros en los que resulta sencillo ocultar métodos de entrenamiento cuanto menos de dudosa aceptación moral.

Lejos de interpretaciones “occidentalizadas”, lo que parece quedar claro es que mientras la moneda china siga dando vueltas en el aire ambos lados van a seguir existiendo y complementándose. Pero el mero gesto de haber sido lanzada al aire ya supone de por sí que algo se está moviendo en el gigante asiático. Sólo cuando toque por fin tierra empujada por su propio peso sabremos si finalmente la moneda cae de cara, quedando así su oscura cruz, para el bien del pueblo chino, sepultada para siempre.

Nota: una versión reducida de este artículo aparece hoy como “Carta al director” en El País

martes, julio 22, 2008

Un recurso literario

- Buenosdiasnosdedios.
- Esomismodigoyo. ¿Qué desea?
- Verá, quería hablar con el responsable de este blog, si lo hubiere.
- Claro que lo hubiere. Delante lo tiene.
- ¿Pero delante según miro yo de frente o delante sí, por el contrario, me giro un poquito yo así, hacia la izquierda, con lo cual lo que me queda frente por frente es el vecino del Primero Izquierda?
- No, no, de frente, de frente, según me mira a mí a la altura de los ojitos.
- ¿No será usted entonces el interfecto?
- Querrá usted decir el susodicho, que yo estoy vivito y coleando.
- Eso quería decir, discúlpeme, que es que a veces resulto un poco torpe terminológicamente hablando. Llámeme repipi, si quiere.
- ¡Repipi!
- Gracias. Insisto. ¿es usted el responsable susodicho?
- Pues sí. Yo soy, en efecto, el interfecto, digo el susodicho. ¿Qué es lo que desea? Y cuéntemelo rapidito porque vamos, sólo en los saludos y presentaciones ya llevamos casi medio post, no sé si se ha percatado usted de este extremo, así como de que además me está usted contagiando su repipiez.
- Vale. Entiendo entonces que no vamos a charlar previamente e intercambiar opiniones sobre los famosos cien días del Gobierno y que vamos mejor directamente al grano.
- Pues sí, casi mejor que sí. Y ahora el que insiste soy yo: ¿qué es lo que desea?
- Verá, yo es que soy inspector de blogs.
- ¿Y?
- Pues que hemos detectado (y empleo “hemos” como plural mayestático, que he sido yo solito) la presencia de un menor o menora en su blog, también conocido como Estilografic Punto Blog (EPB), el blog, no el menor.
- Ah, entiendo. Se trata de mi hija, sí, que ha estado escribiendo unos días los post para...
- Y supongo que ya sabrá usted que no está permitido utilizar a menores, o en este caso a menoras, para ponerlos a realizar el trabajo que correspondería hacer a un adulto, en este caso concreto a usted, sinvergüenza, que es usted un sinvergüenza.
- Pero, oiga, verá, si me deja yo se lo explico...
- ¿Qué me va a explicar usted a mí que yo no sepa? ¿No hemos quedado en que soy un repipi?
- No, no, es que todo tiene una explicación...
- ¿Todo? ¿Incluidos los más arriba mencionados cien días del Gobierno, que tenemos a la ciudadanía hecha un obelisco....
- Basilisco.
- Eso, hecha un basilisco debido a los síntomas de desconcierto y desorientación mostrados por el Ejecutivo mientras todos los indicadores económicos se descojoncian y lo que es peor, apuntan a todo apuntar hacia que lo peor aún esta por venir?
- No sabía usted cómo criticar al Gobierno y al final lo ha conseguido, ¿verdad?
- Pues sí. Me ha costado lo suyo pero al final lo he conseguido, he de confesarlo. Y ahora volvamos a lo nuestro: queda usted detenido.
- ¿Cómo?
- Pues poniéndole yo las esposas y procediendo a conducirle a las oportunas dependencias judiciales. En eso consiste una detención, que hay que explicárselo todo, ¡hombre!
- Que no, que no, que yo se lo explico ahora mismito. Que se trata de un recurso literario.
- ¿Perdón?
- De un recurso literario. Que todo es mentirijilla.
- Explíquese ahora mismo.
- Verá, resulta que para darle a esto del blog un toque más “ligero” en época estival, se me había ocurrido la idea de hacer como que fuera mi hija la que escribía los post, lo cual me permitiría modificar la perspectiva del narrador así como lograr un acercamiento a los asuntos de actualidad desde un punto de vista más ingenuo e infantil, tratando de provocar con ello la complicidad del lector, siempre más relajado y tendente al esparcimiento -téngase en cuenta - en estas fechas tan cercanas a la huída masiva a playa o montaña, según los gustos de cada cual.
- Compruebo que, en efecto, se le está a usted pegando mi repipiez a “magnis itineribus”, o lo que viene a ser lo mismo, a marchas forzadas. Pero a mi no me engaña con tanta palabrería. ¡Encima resulta que es usted un mentiroso!
- Le juro a usted que es la purita verdad lo que le cuento.
- Pues yo le juro a usted que esta noche va a dormir entre rejas. Su blog queda cerrado. ¡Andando!
- Pero... ¡oiga!, ¡ay!, ¡ay!, ¡suélteme!, ¿pero qué es esto?, ¿una broma?
- Una broma no, amigo... ¡un recurso literario!

viernes, julio 18, 2008

Con dos pares (de manos)

Vale. “Relatos a cuatro manos” es un título con trampa, ya me he dado cuenta. Descartada por motivos obvios - y hasta cierto punto desagradables si se piensa fríamente - la premisa de que el supuesto autor estuviera dotado de cuatro extremidades superiores, esto es, que se tratara de lo que habitualmente viene denominándose como “bicho raro”, concluimos que el truco está en que se trata de dos autores, Carlos Méndez y Mariano Vega, mira tú qué listos.

Lo que pasa es que, si se piensa bien, el titulo tiene en realidad su aquél, porque los dos relatos incluidos en el libro, “Clandestino” (Carlos) y “Dos maletas y una montaña rusa” (Mariano), pese a resultar bien distintos a primera vista tanto en forma como en contenido, sí que acaban, a poco que se introduzca uno en ellos, compartiendo un mismo tronco común, con lo que al final va a resultar verdad lo del “bicho”. Ahí lo tienes: un único tronco y las ya famosas cuatro extremidades superiores.

Carlos y Mariano utilizan maneras de narrar bien diferentes, eso sí que es verdad. A partir de esa diferencia es cuando surgen las dos pares de manos. Si algo destaca de la escritura del primero es sobre todo su frescura y naturalidad, características que confieren a su relato una engañosa – por trabajada – sensación de improvisación que acaba resultando de lo más agradable. El autor bien puede presumir de un modo de escribir dotado de una sorprendente e irreflexiva sinceridad que hace que sus manos correspondientes guarden lo que pugilísticamente hablando podría denominarse como una buena y directa pegada. Las dos manitas de Mariano, en cambio, trazan su escritura en las Antípodas. Ésta se nos antoja mucho más pausada, trabajada al máximo y razonada en cada una de sus frases. Hablamos, sin exagerar, de un exprimidor del pensamiento del que el sediento lector logra obtener sabrosos zumos tan deliciosos como vitamínicos, aderezados con profundas reflexiones vitales. A Carlos no se le lee, se le acompaña por la vida; a Mariano tampoco, se sienta uno con él a reflexionar.

La diferente estructuración de los dos relatos responde en parte a esta manera tan distinta de afrontar la escritura. La mayor inclinación a la extraversión del Carlos escritor, o mejor, de su personaje “Clandestino”, le lleva a organizar el relato en torno a las relaciones del protagonista con el resto de los personajes. Clandestino es - víctima de su propia contradicción - un solitario que no sabe estar solo. El autor ha sabido tejer en un espacio narrativo limitado toda un red de personajes que magnifican, matizan y, en definitiva, dan sentido al personaje principal. Así, Lorena (o más bien el lunar que lleva entre la piernas) es el faro inalcanzable que lo guía; Andrés es su apoyo emocional; Silvia - su ex - y Lucía - su hija - representan la estabilidad de la que huye pero de la que tampoco se puede olvidar; Saul y Jon son los amigos lejanos que están ahí cuando los necesita pero que en nada le comprometen; Iratxe, la novia de Jon, es la tentación prohibida no por ello menos deseada; Miguel, -el odioso Miguel - representa todo aquello de lo que desea huir pero que tampoco es capaz de despreciar. Todos ellos conforman ese “universo clandestino” tan contradictorio como la vida misma.

“Dos maletas...”, en cambio, es el vivo retrato de la introspección de su personaje principal, y su historia se organiza fundamentalmente alrededor de las reflexiones de un tipo que busca en los recuerdos el sentido de su vida. O si se quiere, el relato se estructura a partir de las libretas de diferentes colores que el protagonista utiliza para escribir sus recuerdos, y que son en definitiva las que nos van a servir de guía en ese viaje interior a través del tiempo (presente y pasado), del espacio (la ciudad y el pueblo) y de la imaginación (la montaña rusa y el metro de Madrid), para concluir con la repetida sentencia de que “volver al principio es la mejor forma de terminar”. No me digas cómo, pero Mariano sale siempre airoso de ese objetivo tantas y tantas veces buscado por todo escritor que se precie, y que consiste en encontrar la frase perfecta para cada una de las ideas y reflexiones que su personaje se trae entre manos. ¿Ejemplos? A patadas: “De vez en cuando voy (al pueblo) para tomar el aire, aunque nunca supe si buscaba aire fresco para recordar de dónde vengo o aire rancio para no olvidar de dónde huí”. O este otro, magistral, sobre la escritura: “Podría escribir hasta con una cadena abrochada en mi muñeca zurda que acabara en un ancla o en una compacta bola de presidiario”.

¿Qué es lo que relaciona entonces esas dos maneras de narrar tan diferentes? ¿En qué consiste el tronco común que sostiene las dichosas cuatro manos? Sobre todo en que ambos son al final el reflejo de dos maneras de concebir la literatura como forma de vida, de vivir para contar y de contar para poder seguir viviendo. “Escribir no es un trabajo, es una necesidad” dice el personaje de “Clandestino” sobre la literatura. “Algunos recuerdos sí que acuden cuando se les reclama, pero otros regresan sólo cuando ellos quieren”, cuenta el protagonista de “Dos maletas...” sobre el sufrido arte de escribir.

Si se me permite la arriesgada comparación, Carlos es Sabina y Mariano, Serrat. Dos pájaros de un tiro.

“Relatos a cuatro manos”, de Carlos Méndez y Mariano Vega (Ed. Policarbonados) se puede adquirir en la librería La Clandestina.

martes, julio 15, 2008

La Señora y El Señor

Hay una señora que no sé quién es de la que están hablando todo el rato en la tele, y como no paran de hablar y de hablar de ella y parece alguien importante a quien le ha debido suceder algo malo, yo voy y le pregunto a papá sobre - como diría él - la susodicha.

- Papá...

- Dispara hija, dispara de una vez.
- ¿Quién esa señora de la están todo el rato hablando en la tele y en los periódicos?
- ¿A quién te refieres, a Carla Bruni o a Ingrid Betancourt?
- No, no, se llama Martinsa Fadesa, o algo así.
- Eso no es una señora. Se trata, hija mía, de la mayor promotora inmobiliaria de este país en cuanto al volumen de activos.
- Ah. ¿Y que es lo que le pasa a la señora promotora?
- Pues nada hija, que ha solicitado un concurso voluntario de acreedores.
- Ya. ¿Sabes que te encuentro hoy poco didáctico, papá?
- Perdona hija, es que es un tema complejo, créeme. Eso de lo acreedores es lo que comúnmente venía llamándose en mis tiempos “suspensión de pagos”
- ¿Suspensión viene de suspenso, no?
- Efectivamente. Lo que comúnmente venía llamándose también en mis tiempos “cate”.
- Vale, pues hasta ahí lo pillo. ¿y qué más?
- Bien, trataré de explicártelo de la manera más sencilla posible.
- A ver si es verdad.
- Verás, resulta que la tal Martinsa, a la que, si te parece y pensando en tu comodidad, pasaremos a denominar a partir de ahora como La Señora, se ha estado endeudando hasta las cejas en época de bonanza económica para hacerse con suculentos activos, es decir, que acostumbraba a manejar boyantes sumas de capital sin disponer en realidad de ello para construir pisos y más pisos, de manera que mientras la coyuntura económica de este país ha resultado favorable todo ha ido viento en popa, gastando a todo gastar y manteniendo siempre sus expectativas para hacer frente a la dichosa deuda que ascendía ya a la nada despreciable cifra de 5.200 millones de euros.
- Respira, anda.
- Gracias. Pero claro, cuando la situación económica en general y el mercado inmobiliario en particular entran ambos dos en tan clara como irremediable recesión, por no hablar de crisis lisa y llanamente (no nos vayan a cerrar el blog), la cosa se complica sobremanera, las entidades financieras acreedoras quieren cobrar su deuda y no están dispuestas a prestar un céntimo más y La Señora tampoco encuentra a quién vender a buen precio sus activos más arriba calificados ya de suculentos, debido a que los potenciales compradores de suelo y vivienda están en estado de lo que podríamos denominar “parálisis permanente”, produciéndose así finalmente el tan temido como esperado pinchazo de la burbuja inmobiliaria, no sé si me entiendes.
- Bueno, ¿y por qué no intentas ahora explicármelo de la manera más difícil posible, ya que de la más sencilla no ha dado lo que se dice muy buen resultado, a ver si así te sigo algo más?
- Pues que La Señora en cuestión, hija-mía-de-mi-vida-y-de-mi-corazón, tenía un agujero en el bolsillo de no te menees, y ahora se ha acabado de descoser, así que ya no hay manera de que funcione.
- Ah, vale, ahora sí que lo entiendo. Y claro, ese agujero ha acabado afectado también a El Señor.
- Ahora me temo que el que no te sigue soy yo, hija mía. ¿De qué Señor me hablas?
- Me refiero al que está preparando cerca de 400 despidos debido a que cada vez se hacen menos pisos y claro, cada vez es menos necesaria también su actividad.
- ¿Y cómo es que sabes tanto tú de ese misterioso Señor, que yo no tengo ni idea de quién es?
- Pues bien conocido que es. Yo lo visito a diario, y tú también deberías.
- ¿A diario?
- Claro que sí. Gracias a la acción de la leche y los yogures de naturfibra con regulaplús, que te ayuda a visitarlo al menos una vez al día. Al Señor Roca, me refiero.
- ¡Pa'cagarse!

lunes, julio 14, 2008

Pulpos, elefantes, pirañas, monos y vacas

Me acabo de enterar de que se ha muerto una señora australiana que tenía 108 años y que era la bloguera más viejita del mundo. Y de que hay otra señora española que tiene 97 años que también tienen un blog, y que ahora es la bloguera más viejita del mundo, porque la otra se ha muerto, la pobre mujer.

Mi papá dice que a veces se siente como un pulpo en un garaje escribiendo en un blog porque casi todos los blogueros son mucho más jóvenes que él, así que le voy a decir que se lea esta noticia de las dos abuelitas para que deje de decir lo del pulpo. La verdad es que a mi lo del pulpo me hace mucha gracia, porque me imagino a papá en el garaje de casa escribiendo en el ordenador muy muy rápido, con sus siete tentáculos aporreando el teclado. Sí, ya sé que los pulpos tiene ocho tentáculos, pero es que uno lo utiliza siempre para coger el ratón.

Hay otras expresiones como la del pulpo, pero a mi me gustan menos. Se dice también lo de “como un elefante en la cacharrería”, pero no es exactamente lo mismo, porque el elefante en la cacharrería es que además de encontrarse raro tiene mucho peligro porque va rompiéndolo todo, y el pulpo para eso es más tranquilo. He encontrado otras frases de animales parecidas, como la del “ como un mono con revólver” o la de “como una piraña en la bañera”, que esos si que son peligrosos y que quieren decir que la persona que se encuentra así puede hacer daño a los demás, el muy bruto.

A lo mejor resulta que yo soy una de las blogueras más pequeñas del mundo, y empiezan a llamarme de la tele para hacerme entrevistas o para salir en el “Tú sí que vales”, que es un concurso en el que la gente hace cosas raras y en el que salen muchos niños. Al pulpo, digo a papá, no le gusta nada el "Tú sí que vales" pero a mí sí, y ahora que estoy de vacaciones lo veo de vez en cuando.

A papá es que no le gustan los concursos de la tele en los que la gente sale haciendo tonterías, y le da mucha rabia que los papás lleven a sus hijos a esos concursos porque dice que lo que están haciendo es enseñarles que lo más importante es ser famoso y salir en la tele. Papá dice que luego cuando son más mayorcitos no le dan importancia a los estudios ni a nada, y que lo único que quieren es ganar mucho dinero fácilmente y que al final acaban yendo por la vida “como vaca sin cencerro”.

viernes, julio 11, 2008

La cola

He visto que hay un montón de colas en no sé cuantos sitios y países para comprar no sé qué cosa. También aquí, en Madrid. Me he acordado de que en el cole un día nos contaron que hay países en los que se pasa mucha hambre y la gente hace colas muy largas para conseguir alimentos. Como últimamente cada vez que les pido dinero a mis padres para comprarme algo me salen con el rollo de la gasolina, la cesta de la compra, la crisis y no sé que más, mi cabecita se ha puesto a funcionar en cuantito he visto las colas y me he dicho “esta vez va en serio”.

Luego papá me ha explicado que no, que de momento no es para tanto, que se trata del dichoso aifón-de-apel. O algo así he entendido yo.

¿Y qué es el aifón-de-apel?, le he preguntado yo a papá, y papá me ha respondo que se trata de un nuevo modelo de teléfono que incorpora conectividad 3G, GPS, pantalla táctil e iPod. Yo me he quedado igual, pero al menos sé que todavía no somos pobres.

¿Y por qué la gente hace cola para comprarlo?, ¿es que van a vender muy poquitos?, le he preguntado yo a papá, y papá me ha contestado que no, que es que hay gente que se vuelve loca por comprarse las cosas el primero, como cuando salen los libros de Harry Potter, y que si se esperaran unos días lo podrían comprar tranquilamente e incluso sabrían si de verdad merece la pena gastarse la pasta que cuesta, porque a lo mejor luego resulta que no es para tanto.

De todas formas me ha dicho papá que él no cree que haya tanta gente dispuesta a pasarse la mañana en la cola para comprarse el aparatito, con el calor que hace, que seguro que al menos la mitad están ahí porque forman parte de una campaña de publicidad o algo así para que la gente se contagie y lo compre. ¿Y la otra mitad?, le he dicho yo. “La otra mitad son gilip...” Eso lo ha dicho él, que yo no digo palabrotas. Él tampoco muchas, pero de vez en cuando se le escapa alguna.

En nuestro libro de Conocimiento del Medio se explica lo de la publicidad, que es un sistema que se utiliza para vender bien las cosas, y dice también que hay que tener cuidado porque en los anuncios intentan convencernos para que compremos cosas que luego no necesitamos. ¿Entonces la cola es un anuncio, papá?, le pregunto yo a papá, y papá me aclara que no, que en realidad no, pero que como si lo fuera, que para el caso es lo mismo.

Entonces, papá, ¿estos que están en la cola hambre, lo que se dice hambre, no tienen, verdad?, le pregunto yo por último a papá, y papá me dice que no, que de momento no, pero que si se tiran ahí mucho rato y les da la hora del aperitivo ya veré cómo también les empieza a picar el gusanillo.