miércoles, diciembre 24, 2008

When the night has come...

Playing for Change es una fundación empeñada en llevar la paz al mundo a través del lenguaje universal de la música. Muchos ya la conoceréis. Durante siete años se ha dedicado a grabar a cantantes callejeros de todo el mundo, y de ese trabajo ha salido este estupendo vídeo, con una increíble versión del Stand by me que aquí os dejo.

A toda la gente de bien que pase por aquí, venga de donde venga y vaya hacia donde vaya... FELIZ NAVIDAD.





P.D.: Como ya es habitual en todos los grandes medios de comunicación (no íbamos a ser nosotros menos que El Mundo, ABC, El País, etc.) este blog no se actualizará mañana, día de Navidad, que es jornada para compartir en amor y amistad con familiares y allegados, hombre, no para andar tonteando leyendo blogs y pasándose el día pegado a la dichosa pantallita. Espero que nadie se sorprenda ni se enfade, que esto ha sido siempre así. DetodalavidadeDios.

lunes, diciembre 22, 2008

El timo

A raíz de la tremenda repercusión mediática del denominado “caso Madoff” – el tipo que con el famoso y archiconocido timo de la estructura piramidal ha engañado a banqueros y empresarios de postín de medio mundo – el también famoso y archiconocido - y de postín, también de postín - equipo de investigación de Estilografic Punto Blog (EIEPB) se ha puesto a trabajar como antes nunca lo había hecho, y me parece que jamás lo volverá a hacer, tras la pista de un turbio asunto de características semejante aquí en España, de manera que a estas alturas de la investigación estamos en condiciones de afirmar que sí, que en efecto, se trataba de un nuevo timo del cual, además, este equipo de investigación – ya saben , EIEPB - también ha sido víctima. Vaya por Dios.

Resulta que el turbio y sucio negocio estaba construido de la siguiente manera: en determinados establecimientos repartidos por diferentes barrios de la urbe metropolitana, que reciben la nada sospechosa denominación de “Administración de Lotería” (AL), se han estado vendiendo una serie de papeles a los que, para aclararnos, a partir de ahora llamaremos “décimos”, que contienen impreso un numerito que la víctima puede elegir al azar, o incluso valiéndose de argumentos más o menos estúpidos basados en determinadas creencias o supersticiones, como la de que se corresponda con la fecha de nacimiento de tu primera novia, que mira que estaba buena, la jodía, o que si sumas todas y cada una de las cifras el resultado que te da coincida con el número de dorsal que lleva tu jugador favorito, ya sea éste del Recreativo de Huelva o del Almería Fútbol Club, que para el caso en lo mismo.

También puede suceder, y de hecho sucede a menudo, que el numerito en cuestión no lo adquieras en los referidos establecimientos AL, sino que te lo coloque tu cuñado, compañero de trabajo o incluso tu vecino a cambio de una nada despreciable suma de dinero, y en tal caso vienen a denominarse “paticipaciones”, porque, por lo que se ve, participas en el asunto, pero no al cien por cien, no sé si me explico, que es que el entramado resulta ser la mar de complicado (valga el pareado).

Pues bien, resulta que a la víctima la engatusan con que si el numerito en cuestión resulta después “agraciado” (se dice así, no es que me haya inventado yo el término) con un premio en un sorteo que hacen unos niños de un tal Ildefonso (sí, utilizan además a menores para urdir toda la trama, lo que puede dar una idea del grado de maldad y peligrosidad de quienes preparan el timo, incluido el tal Ildefonso) te puedes llevar a casa un pastón, y te obligan, eso sí, a salir en el telediario de las 15:00 horas descorchado una botella de cava, o en su defecto de sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero, y diciendo aquello de que el dinero te servirá “para tapar agujerillos”. Esto último es obligatorio, al parecer.

Según una reciente encuentra realizada por Tienesunminuto punto com en exclusiva para Estilografic Punto Blog, nueve de cada diez personas afirman haberse gastado una considerable parte de la paga extra en este llamado “Sorteo Extraordinario de Navidad” (SEN)

- A ver, ¿tiene usted un minuto?
- Si es sólo un minuto sí.
- ¿Se ha gastado usted una considerable parte de la paga extra en el llamado Sorteo Extraordinario de Navidad (SEN)
- Sï.

¿Lo ven? Ya se lo decía yo. Y el que hace el número diez no sabe no contesta, porque lo pillaron con una melopea de aupa tras la comida de Navidad de la empresa. Así de rigurosas son las encuestas de nuestra empresa, no se vayan a creer otra cosa.

Pues a lo que iba, que al final se trata todo de eso, de un tremendo timo de los llamados de estructura piramidal, como el del tal Madoff, porque en el hipotético caso de que te toque el premio que, yo creo que con algo de recochineo, denominan “Gordo”, o cualesquiera de los otros premios menores que otorga el sorteo, el dinero no te lo da el organizador, que no es otro que un organismo denominado Loterías y Apuestas del Estado (LAE), que también lo hemos descubierto, sino que utilizan la pasta gansa que han ido recogiendo de las numerosas e inocentes víctimas, cantidad a la que denominan “recaudación”, y que da para tener contentos a unos cuantos, que son los que, como he dicho, aparecen en la tele con el cava y eso, mientras que los demás lo único que hacen es perder y perder año tras año sus ahorros a cambio de lo que la organización (LAE) viene denominando “ilusión”, un ente indefinido y confuso que nada sabe muy bien qué es, y al que otros infelices incluso prefieren referirse con el absurdo nombre de “salud” .

Pues eso, que no sé a vosotros, pero a mí este año tampoco. ¡Mecagoenlaleche!

miércoles, diciembre 17, 2008

El robo

Piiiiiii, piiiiiiiii

- ¡Perobuenoquépasa!
- Disculpe, señor, ¿sería usted tan amable de acompañarme un momentito?
- Hombre pues depende de adónde quiere que le acompañe. Si vamos a ir muy lejos mejor que no, porque ya ve usted, me pilla con lo puesto y sin un calzoncillo limpio para mudarme siquiera.
- No, no, si es aquí al lado, al cuarto oscuro.
- ¿Al cuarto oscuro? Oiga, ¿quién es usted?
- No se me asuste. Si no ha hecho nada malo no tiene usted nada que temer. Soy el Vigilante de Seguridad del Vips de la calle Orense esquina con Sor Ángela de Cruz (VSVOESAC), que es precisamente el establecimiento que usted pretendía abandonar llevándose algún objeto que no le pertenece.
- ¿Llevándome qué? Si yo sólo he entrado por una urgencia relacionada con la secreción de líquidos excrementicios de color amarillento, que no me podía aguantar más, usted ya me entiende.
- ¿Qué pasa, que no ha oído usted el piiiiii piiiiii?
- Sí, sí, claro que lo he oído, pero qué quiere que le haga. Es que el chorrillo, por poco caudaloso que sea, produce inevitablemente cierto ruidillo al caer sobre las aguas o cualesquiera otros líquidos que acostumbran a reposar en el fondo del inodoro o taza del váter. Además, no creo que eso sea ningún delito.
- No, si no me refiero a ese pipi, sino al piiiiii piiiiii del detector de objetos robados, el que ha sonado cuando usted pretendía, con todo disimulo, abandonar el local. Vamos a ver, ¿qué lleva usted en el bolsillo?
- Pueeees.... las llaves.
- Las llaves. ¿Y qué más?
- El móvil.
- Máaas.
- Un agujero.
- Siiiiga.
- Un libro.
- Ajajá. Ahí quería yo llegar. Un libro. Déjemelo.
- ¡Sí hombre!, cómo se lo voy a dejar, si todavía no he terminado de leerlo.
- Me refiero a que me lo deje ver, porque sospecho que se trata del presunto objeto ajeno que dispara la alarma.
- ¿"El presunto objeto ajeno que dispara la alarma”? Qué bello título, sí señor. Pero no, no se trata de eso libro. Éste lleva un título más sencillito, pero no por ello menos interesante.
- No me refiero al título del libro, sino a la descripción de los hechos acaecidos. Que es usted un ladronzuelo, vamos.
- Oiga, ¿y qué va a hacer conmigo en el cuarto oscuro? No irá a torturarme con la perversa intención de extraerme una confesión de un delito que ni siquiera he cometido?
- De momento voy a realizarle el test de las diez pes.
- ¡Glups! Eso tiene que doler.
- No, no duele. Se trata de la Prueba para Predecir la Predisposición de las Personas a Procurarse Productos sin Previo Pago de una Puta Peseta.
- Lo de la peseta lo ha metido usted ahí con calzador ¿eh?
- Qué quiere, es que ahora con los euros...
- ¿Y en qué consiste la prueba?
- Verá, yo le voy preguntado cositas sobre el libro, y si usted se las supiera ello significaría que, en efecto, el libro es suyo y de nadie más. Pero si no tuviera ni pajolera idea de lo que le pregunto.... ello sería prueba evidente, manifiesta y suficiente de que acaba de robarlo, chorizo, que es usted un chorizo.
- Venga, venga, empiece.
- Vale. ¿Color del libro?
- Rojo. Muy mono.
- Qué morro, eso no vale, si ya lo ha visto... Vamos con otra más difícil: título.
- Blogs de papel.
- ¿Blogs de papel? ¿Y por qué se llama así?
- Porque se trata de una serie de relatos escritos en papel - y no en un soporte digital - por una serie de blogueros que acostumbran en cambio a escribir en este último medio aludido, esto es, el formato digital.
- Vale. ¿Y cuál es el nombre del autor?
- Son varios los autores y varios los relatos, ya le digo.
- Dígamelos, dígamelos. Los autores y los relatos
- Solsticio con beso, de AdR; Beatriz, de Alfman; La entrevista de trabajo, de Astra; La carta, de Belén in Red; Don José, de Náufrago en una palangana; Mesalina, de Escriptorum; Te lo juro por mi vida, de Estilografic; Invitadas al té, de Hombredebarro; Bruxismo, de La Interrogación; Transferencia, de Javier Menéndez Llamazares; Cotidianidades, de Lauraconchocolate; Arrepentirse, de Vitruvia; El vacío que nos une, de Olvidado; El invierno de Rodrigo Pérgamo, de Princesadehojata; y La línea de la vida, de Simpulso.
- Gente rarita, ¿eh?
- Bueno, cada uno es de su padre y de su madre. De ahí también el interés del libro.
- ¿Y que tiene de particular el libro?
- Pues que se trata de una iniciativa muy original de los chicos de La Clandestina, puesto que los blogueros que lo hemos escrito en realidad no nos conocíamos de nada previamente, pero sí solíamos visitarnos los unos a los otros, virtualmente hablando, en nuestros repectivos blogs. Y ahora, fíjate tú por dónde, resulta que compartimos proyecto literario. Y aprovecho, si me permite, para saludarlos desde aquí a todos y decirles que es para mi un honor compartir con ellos, ya digo, proyecto literario.
- ¿Y dónde puede comprarse, el dichoso librito?
- En La Clandestina. Por supuesto.
- ¿Y en el Vips?
- No; en el Vips no lo tienen. Por eso, insisto, soy inocente.
- Ya. ¿Y entonces por qué pita la alarma?
- Oiga yo qué sé. Estará estropeada. Le repito que el libro sólo se puede comprar en La Clandestina. Llámeles, llámeles a los de La Clandestina y pregunte, si no me cree.
- Bueeeeeno, vaaaaale. Vamos a dejar de hacer el tontito, mi querido amigo Estilografic.
- Me parece bien, yo creo que ya es suficiente, mi querido VSVOESAC. ¿Se lo explica usted a los lectores o lo hago yo?
- Explíquelo usted, Estilografic, que a mí me da la risa.
- Veréis, queridos lectores, se trataba todo de una broma para dar a conocer el nuevo libro, Blogs de papel, que acaba de publicarse en Editores Policarbonados y que podéis comprar desde ya en la librería La Clandestina. Y dicho esto, mi querido VSVOESAC, le dejo y me voy corriendo a casita a terminar de leerlo.
- Pues que usted lo disfrute, mi querido Estilografic. Adiós, adiós.

Piiiiiiiii, piiiiiiiii.

- ¿Pero bueno!, y ahora por qué pita?
- Me parece, Estilografic, que ahora sí que sí, me va a tener que acompañar usted al cuarto oscuro.
- ¡Noooooooo!

P.D.: ¡Y de La Clandestina ni se os ocurra robarlo, que sólo cuesta once euros, y además en la puerta también tienen alarma! ¡Y cuarto oscuro! ¡También tienen cuarto oscuro!

viernes, diciembre 12, 2008

Relatitos: (5) El TMI

No te puedes fiar ni de tu padre en los días que corren. Cuando no es una cosa es otra. El caso es que se pasan la vida engañándote y no puede ir uno por la vida de bueno, porque te la dan con queso. Escuchen ustedes si no lo que recientemente me ha sucedido con el famoso Teletransportador de Materia Inerte (TMI).

Hace tiempo que vengo utilizando el artilugio para enviarle a mi prima la de Medina de Rioseco, provincia de Valladolid, los tomates que, previo encargo, compro para ella en el Mercado de Maravillas, en el que hay un puesto de frutas y verduras que deben traerlos de no sé qué pueblecito de Murcia, y el caso es que están para morirse. Vienen con una pegatina, en cada tomate, que pone SUPREMOS, y que debe indicar precisamente eso, que son el no va más.

Pues bien, en las últimas semanas ella venía insistiendo e insistiendo en que no, en que los que le he estado mandando son de lo más normalito e incluso diría que tirando a malos, y la primera vez digo, bueno, vale, a lo mejor no me di cuenta y se los mandé de otro tipo, pero la segunda es que puse especial cuidado, por no hablar ya de la tercera y de la cuarta. La cuarta, por ejemplo, pagué un pastón por ellos, a seis euros el kilo que estaban. Y además es que me asegura que le llegan con la pegatina de SUPREMOS, pero que de supremos nada de nada.

Así que al final me dije: tate, el problema va a estar en el TMI, que por lo que sea no debe recomponer como Dios manda en el Punto de Destino (PD) las moléculas, átomos o entidades cuánticas previamente descompuestas en el Lugar de Origen (LO). Tampoco es que yo sepa muy bien cómo funciona técnicamente el dichoso aparatito, pero deduzco que viene a ser algo así, que primero se descompone la materia en trocitos muy pequeñitos una vez situada ésta en el LO, y después se vuelve a recomponer en el PD, formando de nuevo el objeto tal cual era antes de la teletransportación, sin mutación alguna de características morfológicas, pero habiendo experimentado, eso sí, una espectacular modificación espacial.

Total que me fui a preguntarle a mi vecino, que sé que hace algo parecido con los calabacines, que en su caso se los envía a una tía que tiene en no sé qué ciudad del continente asiático para hacer puré, puré de calabacines, de qué va a ser si no el puré, y que al mismo tiempo recibe por idéntico sistema (el TMI) una serie de papayas, mangos y lichis de un tamaño más que considerable que he tenido ocasión de degustar y que no tienen comparación con los que se venden en el chino del barrio, dónde va a parar.

- Oye, ¿a ti te siguen llegando en condiciones las frutas que te envía tu tía la de Sri Lanka?
- De Kuala Lumpur. Me las envía de Kuala Lumpur, Malasia.
- Bueno, me da igual. ¿A ti te siguen llegando en condiciones las frutas que te envía tu tía la de Kuala Lumpur?
- Pues no; ahora que lo dices la verdad es que últimamente me llegan hechas una pena.

Así que atando cabos entre tomates, calabacines, papayas, mangos y lichis, llegué a la conclusión de que en este asunto del TMI había gato encerrado, y que no se trataba ya de que mi aparato funcionara mejor o peor, no, sino de que en algún lugar intermedio del proceso de teletransporte ocurría algún suceso ajeno al mismo que dificultaba, o mejor impedía, que mi prima la de Medina de Rioseco, provincia de Valladolid, recibiera los tomates ricos ricos y en condiciones, tal y como yo se los había mandado. Vamos, que algún listo se quedaba con la mercancía buena y daba el cambiazo por la mala, no sé si me explico, teniendo incluso cuidado y paciencia en volver a colocar la pegatina en cada pieza para que éstos parecieran los originales.

Con la intención de confirmar o descartar mi hipótesis de trabajo, ni corto ni perezoso decidí poner manos a la obra e iniciar la investigación, para lo cual no tuve más que colocar el gusano en el anzuelo y esperar a que picaran los peces. Y qué mejor que recurrir al sencillo truco de hacer una marca en la piel de cada tomate, una discretísima crucecita, que posteriormente taparía cuidadosamente con las pegatinas de cada una de las piezas, para que tampoco fuera a dar el cante y descubrírseme el pastel.

Así, realicé un último envío para llamar después de inmediato a mi prima, la de Medina de Rioseco, provincia de Valladolid, a ver qué había sucedido durante el teletransporte.

- ¡Prima!
- Dime, guapetón.
- ¿Los tienes?
- ¿El qué?
- Pues el qué va a ser, los tomates.
- Ahora mismito acaban de aparecer en el PD.
- ¿Y qué pinta tienen?
- Psche.
- ¿Llevan pegatinas?
- Afirmativo.
- ¿Y qué pone?
- ¿Qué pone dónde?
- Donde va a ser, en las pegatinas.
- SUPREMOS, como siempre.
- Coge uno, anda.
- ¿Uno cualquiera?
- Sí.
- Ya.
- Quítale la pegatina.
- Ya.
- ¿Qué hay debajo?
- Un tomate.
- Ya, pero digo que si tiene alguna marca. Una cruz.
- ¿Una cruz?
- Sí.
- No.
- ¡Me lo temía!

¿Ven ustedes lo del teletransportador? Pues así, con todo.

miércoles, diciembre 10, 2008

Muerte al teutón

- Presi, presi, que hay un tipo en el vestuario que dice muy serio que hoy no juego.
- Y hacerle caso debes, muchacho, porque tal persona es desde hoy nada más y nada menos que tu nuevo entrenador.
- ¿Cómo...?

Es lo que tiene lo de cambiar de entrenador así, deprisa y corriendo, en vísperas de un partido de Champions y a cuatro días de un decisivo Madrid-Barça. Que no da tiempo material a que lo asuman ni los unos ni los otros. Llega el pobre técnico a Madrid y de la noche a la mañana le dicen que hale, que tira para el campo que tenemos partido contra unos rusos. Y así pasa lo que pasa.

- Taxi, taxi, me lleva al Bernabéu deprisita, que tengo partido.
- Cagando leches.
- Oiga, ¿no será usted del Atleti, por un casual?
- Pues un poco sí, la verdad sea dicha. ¿se me nota mucho?
- Hombre, más que nada por la elástica rojiblanca que tan orgullosamente luce, la casete del Mono Burgos que lleva puesta a todo trapo, la foto del añorado niño Torres que cuelga del retrovisor y, sobre todo, la cantidad de vueltas y más vueltas innecesarias que está usted dando.
- Es que aunque me haga usted más tilín que el Chúster, yo a los merengones no los aguanto.
- Pues póngame al menos la radio, a ver si dicen en el Carrusel Deportivo qué alineación saco, y voy tomando nota por si no llego a tiempo, que me temo que no.
- Ya le digo yo que no.

Si es que la presión ejercida por las masas llega un momento en que resulta insoportable, y no queda otra que tomar medidas que resulten acordes con el sabio sentir popular, aunque sólo sea para acallar futuras voces y salvar el pellejo de quienes en estos casos deberían ser los primeritos en largarse.

- Que sí, que lo vamos a hacer ya, Pedja, que hay que escuchar la voz pueblo, por la cuenta que nos trae.
- ¿Y qué dice el pueblo, querido presidente?
- No me digas que no has oído lo de “muerte al teutón”
- “Al Borbón”, han dicho "muerte al Borbón”.
- Bueno, pa’l caso es lo mismo. Lo hecho, hecho está.

Y el nuevo mister, entretanto, que consigue llegar a tiempo al partido y que entra en el vestuario más despistao que un pulpo en un garaje tratando de aparentar, eso sí, tranquilidad y dominio de la situación.

- A ver, ¿quién juega de portero?

Al final no sabes cómo pero de todo se sale y tiras pa’lante, y cuando te quieres dar cuenta ya está corriendo el balón.

- Chaval, calienta que esto se está poniendo feo y hay que arreglarlo con un cambio estratégico. ¿Tú de qué juegas?
- Señorr, yo delanterro, pero mí ser jugador ruso visitante. Banquillo del Madrid ser el de al lado, me temo.
- ¡Coño!, ya decía yo que estabais muy poco abrigaditos vosotros. Con el frío que hace.

A todo esto que, por si fuera poco, la imagen hay que tratar de cuidarla desde el primer momento, por aquello de que la primera impresión es la que cuenta. Así que la maquinaria del marketing y la comunicación se pone en marcha a la voz de ya sin que haya tiempo que perder.

- ¿Telecinco?
- Sí.
- Oye, que soy el jefe de prensa del Real Madrid, que digo que os andéis con cuidado y no me saquéis al nuevo mister en planos de cuerpo entero, hacedme el favor.
- ¿Y eso?
- Es que con las prisas el chándal que le hemos dado es de tres tallas menos, y se me antoja que le queda pelín pesquero, por no hablar del paquetillo, que se le va marcando de manera inconveniente, al muy torero.
- Vale, vale, lo tendremos en cuenta.

Y tanto que lo tienen en cuenta. Como que desde ese momento todos los planos del flamante nuevo entrenador van al mismo sitio, al dichoso paquetillo. No falla.

Digo yo que ya para el sábado el hombre habrá tenido más tiempo para hacerse con las riendas del equipo y dominará la situación, tal y como exige un partido tan trascendente como el que enfrenta a los dos eternos rivales, Madrid y Barça.

- Mister, que digo que de los once titulares que ha dado, siete están lesionados y no van a poder jugar.
- Vaya por Dios. ¿Y no hemos fichao a nadie últimamente?
- Sí, a uno, pero ése también está lesionado.
- ¿Y Cañizares? ¿No hemos fichao a Cañizares, que algo he leído yo?
- Que no, que ese ha sido el Vaticano. Y no se trata del que fuera portero de esta casa y después del Valencia, Santi Cañizares, sino del arzobispo de Toledo y Primado de España, Antonio Cañizares, nuevo prefecto de la congregación de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos.
- ¿Al Vaticano nada menos? Pues hubiera sido un fichaje divino.
- Eso sí.
- Porque digo yo que el suyo debe ser un puesto muy importante.
- Ya lo creo, míster. Desde que Juan Pablo II nombrara, hace veinte años, al riojano Eduardo Martínez Somalo como sustituto de la Secretaría de Estado- que ya tiene narices, con ese apellido – ningún español había alcanzado un puesto tan elevado en la curia romana.
- Lo veo a usted muy puesto en asuntos religiosos, capi.
- No se crea, es que me he leído el editorial de La Razón.
- Pues demos gracias por ello al Señor Nuestro Dios.
- Es justo y necesario.
- En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Padre Santo, Dios Todopoderoso y Eterno, por Cristo Nuestro Señor, porque enviaste a tu amado Hijo para redimirnos del pecado y de la muerte... Arrodíllate conmigo, hijo, arrodíllate.
- Pero mister, ¿se ha vuelto loco? ¿Se puede saber qué hace?
- Rezar hijo mío, rezar, que es lo único que nos queda para intentar ganar en el Camp Nou.

jueves, diciembre 04, 2008

Que no acaben con nuestro sentido del humor

Tengo que confesar que ayer el atentado de ETA me chafó el post, y me supo mal que algunos de vosotros comentarais que os ibais de aquí sin haberos reído y me recordarais que no hay que dejar que acaben con nuestro sentido del humor. Yo mismo decía que hace tiempo que decidí dejar de escribir de ETA a no ser que fuera para reírme de ella. Bien, eso es exactamente lo que voy a hacer, y trataré de paso de recuperar esa sonrisa que buscabais ayer y que no encontrasteis en este blog, aunque en este caso sea una sonrisa con cierto regusto amargo.

Confieso que suelo pasármelo yo solo en grande escribiendo este tipo de diálogos, qué le voy a hacer, a veces soy así de simple. Hoy sin embargo, no me he divertido ni un poquito, pero bueno, ahí va.

Puuuuuum, puuuuuum
- ¿Sí dígame?
- Póngame con Estilografic Pumto Blog.
- Pumto no, Punto. Oiga, ¿quién demonios es usted, que tan malamente suena el timbre del teléfono cuando llama?
- Soy un terrorista. Y su teléfono le suena así porque le llamo desde un móvil de ultimísima generación, un cuatribanda con pantalla táctil y salida para explosivos que provoca tal efecto en los aparatos receptores de las llamadas con la única y sana intención de meter miedo.
- Pues sí que lo mete, sí. Le habrá costado una pasta el aparatito.
- Me he dejado en él todo mi sueldo de un año, procedente todo, el sueldo digo, del cobro de numerosos impuestos revolucionarios. La única pega es que es rosita, no lo había en otro color.
- ¿Y para qué me llama? ¿Qué es lo que desea exactamente?
- Pues aterrorizarle, meterle el miedo en el cuerpo serrano de usted.
- ¿Como hicieron ayer?
- Como hicimos ayer, eso es... Oiga, ¿qué hicimos ayer?
- Pues cargarse vilmente a un empresario.
- Ah, es verdad. Cargárnoslo vilmente, Qué tíos ¿eh?
- Y ya que llama, ¿me podría explicar usted por qué?
- Pueeees.... Bueno, ya sabe, por lo de la elle.
- Querrá usted decir la y griega. La Y vasca.
- Eso, la y griega. Es que la ortografía no es lo mío.
- ¿Y lo suyo qué es?
- ¿Lo mío? Pueeees.... Lo mío es hacer pum. Cojo la pistola y hago pum.
- ¿Y qué mas?
- Bueno, poco más, la verdad. Sé atar las manos un poquito, pero no me quedan muy allá los nudos y la gente me se suelta.
- Y por lo que veo la gramática tampoco es lo suyo, ¿eh? Faltó usted a clase el día que explicaron lo de la SEmana antes que el MEs, ¿no?
- Yo es que no era mucho de ir a clase...
- ¿Y de explosivos? ¿De explosivos cómo anda?
- Jodido, la verdad es que ando jodido. Me se cayó una olla en un pié y desde entonces ando jodido.
- Es usted toda una joyita, ¿eh?
- Ya le digo.
- Pero oiga, ¿ustedes qué es lo que buscan a estas alturas de la película?
- ¿Qué película?
- Quiero decir que qué es lo que quieren, que cuáles son sus reivindicaciones después de tantos años.
- Pueeees... yo hacer pum.
- Ya, pero usted hará pum por algo.
- Bueno, sí... es que siempre he hecho pum, desde jovencito.
- Si quiere le refresco yo la memoria.
- Bueno, refresque, refresque...
- Ustedes buscan la independencia de los territorios que denominan Euskal Herria y no dudan para ello en recurrir a lo que denominan “lucha armada”, que no es otra cosa que ir por ahí extorsionando, secuestrando y matando a gente inocente.
- ¿Todo eso hacemos? Qué brutos.
- Pues sí. Qué brutos. Y dígame, el día que consigan la independencia, si es que la consiguen, ¿Qué van a hacer?
- Pues eso digo yo, algo habrá que hacer. ¿Seguir haciendo pum?
- Pues si no sabe usted hacer otra cosa, tendrá que seguir haciendo pum, a ver qué remedio.
- A ver.
- ¿Y quién se va a ocupar entonces de sacar adelante ese país
- Pues los que hacemos pum.
- ¿Y cree usted, señor terrorista, que estarán ustedes preparados?
- ¿Para hacer pum? Ya lo creo.
- No. Para sacar adelante un país y un pueblo como el vasco.
- Pueees...
- ¿No cree usted que eso sería un caos entre tanta pistola y tanto pum?
- ¿Como en las pelis del Oeste?
- Exacto, como en las pelis del Oeste.
- ¡No me diga!, con lo mal que llevo yo lo de montar a caballo.
- ¿Y eso?
- Es que sufro de hemorroides.
- No me extraña. Eso es de la mala leche que lleva usted dentro, que por algún lado tiene que salir.
- ¡Pum!
- ¿Qué hace ahora?, ¿por qué me dispara?
- Le recuerdo que soy un terrorista, y no me gusta lo que me está diciendo. Acabo de sacar mi mala leche por el cañón de mi pistola, a ver si así ya no me se sale por el culo, que no vea cómo jode.
- Ya. Y yo le recuerdo a usted que esto es una conversación telefónica y que por mucho que dispare a través del teléfono a mí no me da ni un poquito.
- ¡Mecagoenlaleche!, ¡mi moooooovil!

miércoles, diciembre 03, 2008

Basura

Esta mañana estaba intentando escribir un post irónico y desenfadado abordando el asunto de los malos datos del paro conocidos ayer, y llevaba un rato dándole vueltas y más vueltas al enfoque sin acabar de encontrar una manera apropiada de hacerlo, buscando por un lado una visión humorística del asunto y tratando de no caer, por otro, en la falta de respeto hacia aquellos que sufren en primera persona el problema y para quienes, sin duda, la situación constituye todo un drama con muy poca o ninguna gracia.

Abordar asuntos de actualidad bajo el prisma del humor a veces te obliga a enfrentarte con este tipo de dilemas y comprendo que en ocasiones conviene tener mucho cuidado con según qué cosas se dicen y tratar de no perder nunca una posible perspectiva que a lo mejor te es ajena, pero que puede ser la dominante en algunas de las personas que te leen y que podrían sentirse incómodos o molestos con lo que para otros es una simple broma.

Y en ésas estaba cuando me ha sorprendido una nueva mala noticia: el asesinato de un empresario por parte de ETA. Así que al final, me vais a perdonar, pero el post, ya casi terminado, ha ido directamente a la basura.

lunes, diciembre 01, 2008

Relatitos: (4) Actores en la cabeza

Siempre he odiado a Tom Cruise. De toda la vida. No porque me parezca un mal actor, que tampoco es eso, sino porque me da como... repelús. Esa es la palabra. “Temor indefinido o repugnancia que inspira algo”, dice el diccionario.

- A ti lo que te pasa es que le tienes envidia – me dice mi mujer.
- ¿Yo envidia de qué?
- Pues de que es guapo. Y de que ha estado con la Pe y con la Kidman. Sobre todo con la Kidman.
- ¡Vamos anda!, si es un canijo...

El fin de semana pasado le tocaba a ella escoger película, pues como matrimonio bien avenido que somos alternamos la elección, un sábado ella y un sábado yo, y fuimos a ver una de Tom Cruise. No se sabe si por lo del repelús o por qué, pero el caso es que a mitad de película comencé a sentirme mal, o al menos eso me pareció, quizás tratando de justificarme a mí mismo.

- Cariño, salgo un momentito al baño.
- Vale.

Sé que es de mala educación levantarse en mitad de la proyección, pero chico, no aguantaba ni un minuto más. Pese a mi extrema delicadeza y precaución, no pude evitar que mi sombra apareciera levemente en pantalla y, claro, rápido comenzaron a oirse silbidos y abucheos procedentes de los asientos traseros. “Que se los dediquen a Tom Cruise”, pensé. Así permanecí un buen rato fuera de la sala tomando el fresco hasta que se me pasó tanto el escalofrío que recorría mi cuerpo, consecuencia sin duda del repelús, como la sensación de ceguera que la luz del proyector había dejado impregnada en mis ojos. Ya con la excusa de evitar nuevos abucheos, no volví a mi localidad y esperé a mi mujer a la salida.

De regreso a casa en el coche, marido y mujer nos sumergimos, como es habitual tras cada sesión cinematográfica de fin de semana, en profundo y detallado análisis del largometraje visionado:

- Qué, ¿te ha gustado?
- Psche. ¿ Y a ti?
- Un coñazo. Ya sabes que a mí Tom Cruise...
- Ya.
- Pues eso, que el próximo finde toca la Jolie.
- ¿La Jolie? Sabes que no la aguanto.
- Pues es lo que hay.
- Pero si es todo huesos, hijo.
- Y qué más da, si luego le ponen el cuerpo de otra. A mi mientras enseñe los ojos....

En semejantes reflexiones nos hallábamos cuando de repente a ella va y le entra la risa floja, que no lo puede evitar.

- ¿Qué pasa?
- ¡Ay qué bueno, Manolo!
- ¿Se puede saber de qué te ríes?
- ¡Ay, que me meo! ¡No me había dado cuenta! – me dice señalándome la cara y sin poder dejar de reír.

Paro el coche en el primer sitio libre que encuentro y me miro en el espejo retrovisor, a ver qué cojones pasa.

- ¡La madre que me parió! ¿Qué es esto?
- ¡Es Tom Cruise, Manolo! Lo tienes grabado en la cabeza. Yo me parto.
- Pues a mi no me hace ninguna gracia. ¿Qué hace Tom Cruise en mi frente?
- Se ve que al levantarte en mitad de la peli y poner tu cuerpo serrano entre el proyector y la pantalla, la imagen se te ha quedado impregnada en la cara. Oye, qué curioso.
- ¿Impregnada has dicho? ¡No me lo puedo creer!
- Te está bien empleado, por molestar.

Continuamos el camino de regreso a casa y en cuanto abro la puerta me voy derechito al baño a mirarme en el espejo. Confirmación absoluta: es Tom Cruise, y no otro. Abro el grifo a toda presión y comienzo a echarme agua y más agua confiando en que aquella terrible imagen se borre, pero ni con jabón. Me ducho, me froto con alcohol de 96º, con desmaquillante, con disolvente, con aguarrás... y nada. Me voy a la cama con la frente roja e irritada, pero, eso sí, siempre con Tom Cruise.

- Mira que eres exagerado – me dice mi mujer al meternos en la cama. Ya se te irá quitando.
- Claro, como a ti no te ha pasado...
- Te recuerdo que fuiste tú y no yo el que se levantó en mitad de la peli. Yo esas cosas no las hago porque sé que molestan
- Ya, porque era Tom Cruise y te gustaba, que si no...
- Anda, anda, relájate y ven aquí, cariño, que hoy va a ser como si lo hiciera con...
- Olvídalo, que no estoy yo para fiestas. Me da repelús sólo de pensarlo.

Así pasé toda la noche y toda la semana siguiente, sin poderme quitar de la cabeza la imagen de Tom Cruise, literal y figuradamente hablando. Hoy sábado, una semana después, hemos vuelto al cine a ver una de la Jolie, y mi mujer se ha levantado en mitad de la peli:

- Cariño, salgo un momentito al baño.
- Vale.

Lo cierto es que no me he podido aguantar la risa floja cuando al regresar a casa me he dado cuenta de que los felinos y sensuales ojos de Angelina me miraban fijamente desde su frente. Es más, creo que por fin he superado el repelús y hasta diría que estaba especialmente excitado.

Esta noche hemos vuelto a hacer el amor después de una semana de huir de sus pretensiones. Ha sido una sensación diferente a otras veces, la verdad, como si todo fuera nuevo y nuestros cuerpos estuvieran aún por descubrir.

En cambio ahora, la llamada depresión post-coito está siendo también más acusada que nunca. Vuelvo a intranquilizarme y a sentir el repelús. Y es que no me puedo quitar de la cabeza qué coño estarán haciendo a estas horas Katie Holmes y Brad Pitt.

jueves, noviembre 27, 2008

El tiempo

¿Qué narices es el tiempo? Al tratar de responder a una pregunta como ésta, uno ha de ser consciente de sus limitaciones pues, admitámoslo, mi cabeza no es precisamente la de un neurocientífico ni nada que se le parezca. ¿Qué extraña fuerza me empuja entonces a enfrentarme a este peliagudo tema? Principalmente que acabo de ver el fantástico programa “Redes” de Televisión Española, en el que Eduardo Punset aborda este complejo asunto entrevistando al neurocientífico David Eagleman, de los Eagleman de toda la vida, quien se dedica a estudiar - que es que en el mundo hay gente pa’tó - cómo nuestro cerebro interpreta el tiempo. Cuando tengáis un ratito, si es que a alguien le queda claro qué es un “ratito” después de leer este post, os aconsejo que lo veáis en este enlace, porque no tiene desperdicio.

Y en eso que estudia el tal Eagleman, en cómo el cerebro interpreta el tiempo, es en dónde parece estar la clave de todo: que una cosa es la noción del tiempo, si es que ésta existe, y otro bien distinta es cómo nuestro cerebro la interpreta, no sé si se me entiende, aunque por las caras que me estáis poniendo ya veo que no.

Vamos a poner un ejemplo: resulta que mi cuñao se acaba de mudar de piso y se ha ido a vivir ande Cristo perdió el mechero. El otro día fuimos por primera vez a su nueva casa tomando, con un par, la imprevisible M-40. Pues entre que estaba lejitos el barrio y que existía la incertidumbre de que nos fuéramos a perder, el trayecto se nos hizo larguísimo. Curiosamente, a la vuelta hicimos exactamente el mismo recorrido pero al revés, y sin embargo se nos hizo... hombre, cortísimo tampoco, pero ya no tan largo.

¿Por qué?

Eagleman, de los Eagleman de toda la vida, ya digo, lo explica (vamos a ver, no explica lo de mi cuñao y la M-40, no, pero sí otros casos parecidos). Dice lo siguiente: el tiempo y la memoria están interrelacionados. Cuando suceden hechos que nos llaman mucho la atención, por ejemplo cosas novedosas que generan tensión, sucesos violentos o que nos dan miedo, nuestro cerebro mantiene recuerdos más densos, de modo que cuando volvemos sobre ellos la sensación que nos queda es la de que han durado mucho. Es como ver pasar una película a cámara lenta.

Es absolutamente cierto lo que dice el tal Eagleman, ya sabéis, de los Eagleman de... Yo he estado a punto un par de veces de tener un accidente de coche, y recuerdo ambas escenas como si hubieran durado mucho, cuando en ambos casos todo fue cosa de décimas de segundo. En cuanto a lo que son recuerdos positivos, pero también intensos, lo mismo me sucede con el parto de mis hijas, y eso que no las parí yo, que creo recordar que fue cosa más bien de la madre, de la madre que las parió. Pero yo estuve allí y lo recuerdo todo como a caaa-maaa-raaa-leeen-taaa. Con la mayor, por ejemplo, el médico me invitó a abandonar el quirófano en el momento definitivo porque el parto era complicadillo. Vamos, que me echó. Tuve que esperar en la puerta del quirófano un ratito, no llegaría al minuto, pero ese periodo de tiempo a mi me pareció más largo que un discurso de Castro en sus buenos tiempos.

Punset, que es listo como él solo, el tío, va y pregunta: entonces, ¿podemos alargar el tiempo? Pues en cierto modo sí, contesta el neurocientífico. ¡No jodas!, diría el mismísimo Punset si no fuera un señor tan educado y bien hablado. Se trataría – explica Eagleman de los... - de hacer siempre cosas nuevas y sorprendentes. Si almacenáramos recuerdos tan novedosos como fascinantes un día tras otro, al final tendríamos la percepción de que nuestra vida ha sido más larga. Lo mismo sucedería, claro, si se tratara de recuerdos desagradables o violentos, pero entonces el remedio sería peor que la enfermedad.

Otra idea que se desprende del estudio de cómo el cerebro interpreta el tiempo es la de que nuestra percepción de la vida va por detrás de la realidad. ¡Tócate las narices! No, no, esto último no es una frase hecha que denote mi asombro ante la idea expresada, no. Te estoy diciendo que te toques las narices, literalmente.

Bien, pues en el momento en que tú tienes la percepción de que te estás tocando las narices, en realidad ya te las has tocado hace rato. Nuestra vida – dice Eagleman – es como un show televisivo en directo, pero no es exactamente en directo, sino que llega a nosotros como un breve retraso. ¿Os acordáis de la famosa final de la Super Bowl y de la teta de la Jackson? A partir de ese día todo en América se hace con un breve retraso.

Última idea y ya no lo lío más: ¿entonces resulta que sólo existe el pasado? Que conste que es el pesao de Punset el que pregunta, no yo. Eso no lo sabe el neurocientífico, que tampoco lo va a saber todo, el hombre. Ya bastante tiene con lo suyo. Opina no obstante que es posible que el futuro también exista, pero lo que puede suceder es que no tenemos acceso a él, como sí lo tenemos, en cambio, al pasado.

Yo ahora, sin embargo, estoy siendo capaz de acceder al futuro y sé que al escribir este post, aún antes de terminarlo, lo que estoy haciendo es meterme en un berenjenal de toma pan y moja, porque no entiendo ni la mitad de las cosas de las que estoy hablando, y temblando estoy por los comentarios que seguro vais a hacerme poniéndome verde y diciéndome que vaya castaña que nos has soltado hoy, querido Estilografic.

Una cosita sí que me ha quedado clara después de todo: que entre lo de ayer de Bombay y lo del helicóptero, yo sé de una que no sé si al final llegará a ser presidenta del Gobierno, pero lo que sí es seguro es que el camino a La Moncloa se le va a hacer largo de cojones.

martes, noviembre 25, 2008

Relatitos: (3) Una comida desacertada

Después de haber engullido no sin cierta desazón - compensada esta última, eso sí, con un incontrolable apetito canino – las espirales con salsa bolognesa que había elegido como mal menor para mi primer plato, el camarero va y me planta encima de la mesa, aún sin haber dado cuenta del todo de la penosa pasta, el filete de ternera con patatas que ponía punto final a la parte más consistente de mi menú del día (“menú de lunes”, decía en la carta).

Tras pensármelo durante unos segundos con cara de bobo mientras contemplaba el plato recién servido, opté finalmente por requerir la presencia del camarero, y eso que soy, por naturaleza, pudoroso enemigo de reclamaciones.

- Camarero, por favor, ¿sería posible que me cambiaran el segundo?
- ¿Le ocurre algo a SU filete, señor?

Aquel tipo pronunció el SU subrayado de tal manera, o al menos así a mí me lo pareció, que ya di por descontado que mi petición iba a caer directamente en saco roto. Aún así, eché el resto en un último intento.

- Es que no me ha entrado por el ojo – me atreví a soltarle al descarado camarero, aludiendo así al melancólico aspecto de “suela de zapato” que presentaba aquella triste lonja de carne de oscura y chamuscada presencia.
- No se trata de que le entre a usted por el ojo, señor, sino de que su sabor le resulte lo suficientemente satisfactorio.
- Ya, pero....
- Ahora, si o que busca es experimentar nuevas sensaciones, allá usted con lo que se introduce por cualesquiera de las aberturas de su anatomía destinadas a otros fines - , me suelta en muy pedante, yo creo, no sé por qué me da, que con la clara y evidente intención de mofarse de mí.

Permanecí un buen rato sin reaccionar, como abstraído, contemplando MI filete como si quisiera, en efecto, comérmelo con la vista a ver qué resultado obtenía, y como ocurre casi siempre que me quedo a solas – o en compañía de MI filete en este caso, que viene a ser lo mismo – comencé a divagar y divagar.

La primera sensación que uno percibe es la del movimiento del párpado que, de manera incontrolada e involuntaria, reacciona tratando de cerrarse ante la presencia de un cuerpo extraño, aún antes de que se produzca el contacto entre la rígida ternera y la delicada y sensible pupila, y no te digo ya cuando éste, el contacto, se consuma. Con la glándula lagrimal segregando a pleno pulmón, la carne y el nervio, distribuidos a partes iguales en el filete, consiguen introducirse en el globo ocular. Y una vez allí, entre buenos humores que nada tienen que ver con la disposición de ánimo del comensal, sino más bien con líquidos vítreos y acuosos que protegen córnea y cristalino, el pedazo de carne alcanza finalmente el nervio óptico, capaz de convertir no sólo la luz, sino también todo filete que se precie – pese a que éste en concreto mucho no es que se precie - en meros impulsos nerviosos que recorren las neuronas camino del lóbulo occipital del cráneo de cada cual. Ya el último trago consiste en dejarse caer por el córtex visual o zona del cerebro que procesa la información que tiene que ver con aquél de los sentidos corporales que nos permite ir por la vida sin tropezar con los continuos obstáculos que ésta nos va deparando, esto es, la vista.

En estas divagaciones me encontraba cuando el simpático camarero me sacó del trance con un leve golpecito en el hombro.

- Qué, ¿al final no se va a comer el señor ese pedazo de filete?
- Pues mire, no. Mejor tráigame ya el postre directamente.

Eché una ojeada – esta vez en el sentido más realista de la expresión – al menú para ver las opciones posibles, y pese a que en otras circunstancias hubiese sido sin duda mi primera opción, descarté en esta ocasión la naranja así como cualquier variedad de mandarina o clementina como postre, pensando que, en el caso de que se volviera a repetir la ensoñación, aquello me iba a acabar escociendo más de la cuenta.

Y más incluso que la cuenta.

lunes, noviembre 24, 2008

Operación familiar

Riiiiiing, riiiiiing
- ¿Sí?
- Buenos días, querrrría hablarrr con Estilografic Punto Blok.
- Quiera o no quiera, amigo, está usted hablando con él. ¿Y usted quién es, que se dirige a mí de manera tan brusca como extraña?
- Ivan Pavlyuchenko me llamo. Pego me puede llamarrr Pavlyuchenko a secas, que le gesultarrra más fácil.
- No crea, si lo difícil es lo del Pavlyuchenko; lo de Ivan me sale muy bien. Por su nombre me da que usted de Getafe no es, ¿verdad?
- No señorr, nacido en San Petesburgo y criado en Moscú. Soy un adinerrrado empresarrio ruso.
- Mire, si le parece vamos a hacer una cosa. Como a nuestros sufridos lectores ya les queda bien clarito que es usted ruso, deje de hablar así y pronuncie usted como Dios manda, que será más fácil y cómodo para todos.
- De acuerdo.
- Bien, pues dígame entonces, con esa vocecita de ruiseñor que se le ha quedado, qué es lo que desea de mí, adinerado empresario ruso.
- Comprar. Deseo comprar éste su blog, llamado Estilografic Punto Blog, como también usted se llama. ¿A quién me tengo que dirigir?
- ¿Comprar mi blog? Pues a los principales accionistas, tendría que dirigirse.
- ¿Sacyr Vallehermoso?, ¿La Caixa?... ¿quiénes son?
- No, no, no se complique señor ruso, si esto no es más que una empresita familiar.
- ¿Familiar quiere decir que su nombre me tiene que sonar de algo, es decir, resultarme familiar, o que pertenece a una familia?
- Más bien esto último, sí.
- ¿Y de qué adinerada familia o clan empresarial se trata?
- Pues de los Punto Blog de toda la vida. Al cincuenta por ciento.
- ¿Cómo que al cincuenta por ciento?
- Pues que el cincuenta por ciento es de los Punto y el cincuenta por ciento es de los Blog. La familia de mi padre y la de mi madre, respectivamente.
- ¿Y tendría que hablar con los dos?
- No, le vale con que hable conmigo, que soy su hijo.
- ¿Es usted mi hijo?
- No, no, el hijo del Sr. Punto y de la Sra. Blog. Cómo narices voy a ser su hijo, si yo no hablo ruso.
- Ya me parecía a mi, qué susto me ha dado.
- ¿Qué le sucede, que se le ha puesto ahora la voz temblona, de repente?
- Verá, le voy a contar algo. ¿Tiene usted tiempo?
- Si no se nos alarga mucho el post...
- Resulta que hace unos cuantos añitos, cuando yo era un mocetón fortachón capaz de dar cuenta de veinte chupitos de vodka en menos de una hora, y estando ya casado con mi actual señora, de nombre Yelizaveta, estuve destinado un tiempo en una muy turística localidad costera de España, no recuerdo cuál, en la que mantuve una acalorada y apasionada relación con una bella lugareña de quien nada he vuelto a saber, ya sabe, una canita al aire...
- Pillín, pillín... Así que mantuvo usted una doble relación, al cincuenta por ciento...
- En realidad fueron sólo una cuantas noches locas en las que corrieron el vodka y la sangría a partes iguales, es decir, por utilizar sus mismas palabras, al cincuenta por ciento. Y al final, dado mi permante estado etílico, no le puedo decir con toda seguridad, pero siempre cabe la posibilidad..., ya me entiende...
- Quiere decir usted que hay como mínimo un cincuenta por ciento de posibilidades de que una de esas noches locas ella quedara... ¿Y ello le tiene preocupado?
- Uf, desde entonces una noche sí y otra no, es decir, el cincuenta por ciento, sueño con que un día, tarde o temprano, sonará mi teléfono y una voz lejana con acento español pronunciará al otro lado de la línea la temida palabra...: ¿papá?
- Cosas de la vida, oiga, cosas de la vida. En fin, ¿y cuánto está dispuesto a pagar?
- ¿Por tu silencio, hijo mío?
- Que no, qué manía, que yo no soy su hijo. Me refiero a que cuánto está dispuesto a pagar por el blog.
- Dígame usted cuánto pide.
- Pueeees, ¿su empresa es pública o privada?
- Al cincuenta por ciento, diría yo.
- Es que ya sabe qué ha dicho nuestro presidente Zapatero, que tratándose de un sector estratégico, como es el de los blogs, si es pública no hay nada que hacer y si es privada, pues depende de la privacidad, que ya sabe usted que en Rusia no es lo mismo que en España.
- Lo sé, lo sé. Conozco bien a los españoles..
- Sí, y a las españolas también, por lo que me cuenta... Verá, tratándose de un asunto tan delicado casi prefiero que hable usted con los principales accionistas, ¿sabe? Al cincuenta por ciento.
- ¿Y dónde puedo localizarles?
- Pues es que...
- ¿No me diga que están muy ocupados?
- No es eso, no. Es que a mi padre nunca lo llegue a conocer, y mi madre...
- ¿Y su madre?
- Mi madre es que no está en Madrid. Ella ha vivido siempre en Benidorm.
- ¡Hijo mío!
- ¡Papá!
- ¡Entonces el blog ya es mío!
- El cincuenta por ciento, papi, sólo el cincuenta por ciento.

miércoles, noviembre 19, 2008

El tipo que todos llevamos dentro

Todos nosotros llevamos a otra persona dentro. A unos se nos nota más y a otros menos, pero todos la llevamos. Por ejemplo, no sé si os habréis fijado, pero hay mucha gente que lleva a un tipo gordito dentro que lucha por salir desesperadamente. A mi vecino le pasa, sin ir más lejos. Y también le sucede, por ejemplo, a Alejandro Sanz, a Pedja Mijatovic o al mismísimo Maradona. Con los futbolistas retirados pasa mucho esto y a algunos además es que les acaba saliendo de verdad.

Hablando de fútbol, y a la espera de que a Ronaldinho le salga de dentro el día menos pensado Jar Jar Binks, si nos centramos en la Casa Blanca a mi se me antoja que Schuster lo que lleva dentro es nada más y nada menos que un ex entrenador. En cambio, a un ex presidente del Gobierno como es José María Aznar le encantaría poder llevar dentro todo un presidente del Real Madrid, y que además se le saliera hacia afuera. Pero me da que lo único que lleva dentro es un pedazo de galán de culebrón, no me digas que no.

En cuanto a la otra Casa Blanca, la de Washington, siempre he pensado que Obama lleva en su interior un escolta de la NBA agazapado y agachadito, y que Bush en cambio lo que lleva es un tontoelhaba que además le sale hacia afuera muy a menudo. Apuesto en cambio a que del interior de Sarah Palin el día menos pensado surge Vilma Picapiedra, mientras que a Arnold Schwarzenegger le terminará por aparecer un ... Arnold Schwarzenegger.

En el mundillo de la farándula y la televisión también se da muy a menudo el asunto. Véase si no a Rosariyo Flores queriéndose asomar por las venas de la Patiño cada vez que ésta se irrita. Sí que es cierto, no obstante, que se viene detectando últimamente que con eso de las operaciones estéticas es más difícil distinguir el personaje que cada famoso retiene en su interior, hasta el punto de que llega a dar la impresión – y nunca mejor dicho, lo de la impresión – de que es una única personalidad la que habita en las entrañas de todos ellos: la Duquesa de Alba.

Entre los políticos, de sobra es conocida la tendencia de Mr. Bean a esconderse bajo la personalidad de Zapatero, y familiares que residen en el País Vasco me aseguran que más de una vez han visto las puntiagudas orejas de Mr Spock asomar en alguna comparecencia pública del lehendakari Ibarretxe.

En algunos casos el fenómeno de la personalidad oculta adquiere tintes recíprocos. Observemos si no la fotografía que aparece hoy en prensa de Hu Jintao y Fidel Castro. A mí me da la sensación de que el presidente de China lleva dentro a Baltasar Garzón, de la misma manera que el ínclito juez guarda en su interior al líder chino; y en cambio, apuesto a que Fidel lleva en sus entrañas al cura de la parroquia de mi barrio, quien - no me cabe la menor duda - lucha a su vez como un poseso por no dejar que le asome el espíritu de Castro.

La cinematografía ofrece también numerosos ejemplos de actores con personalidades ocultas en su interior. Yo cada vez que veo a Leonardo Di Carpio en una peli no puedo evitar escuchar de fondo a Luis Miguel cantando boleros, por no hablar de la bellísima y sensual Maria de Medeiros , a la que a veces hasta me parece oír pronuncia la cacareada frase: “me pareció ver un lindo gatito”.

- ¿No t’as fijao - le digo a mi mujer al ver el retrato de Sor Maravillas en la tele – que es igualita igualita que Pepe Bono?
- Cariño – me contesta mi señora –, miedo me das cada vez que se te sale el Estilografic que llevas dentro.

martes, noviembre 18, 2008

Piratas

No llegar a fin de mes es el día a día en tiempos de crisis. Y claro, cuando la cesta de la compra aprieta, la situación deviene en un sinvivir ante el cual es menester no quedarse de brazos cruzados y escudriñar nuevas y retributivas oportunidades laborales que el cada vez más escaso mercado de trabajo nos viene a brindar. Existe, no obstante, una actividad muy en boga que bien podría ser la solución: la de pirata.

- Buenas, venía por lo del puesto de trabajo.
- ¿Tiene usted experiencia en el sector?
- Bueno, alguna vez, en alguna fiesta de disfraces...
- No, pero digo en la vida real.
- Bueno, también, en internet. Ya sabe, pelis y musiquita. Otra cosa no.
- Ya. ¿Y qué es lo que te atrae a usted de la vida de pirata?
- Pues que a la vida pirata se vive mejor. ¡Sin trabajar!
- ¿Sin trabajar?
- ¡Sin estudiar!
- ¿Sin estudiar?
- ¡Cooooon la botella de ron!
- Oiga, déjese de cancioncitas. Me parece a mi que está usted equivocado con el trabajo a desarrollar. Le advierto a usted que esta ocupación es muy dura y no está exenta de riesgos.
- ¿Quiere usted decir que podría volver a casa con un parche en el ojo o con una pata de palo?
- Mas bien quiero decir que podría usted no volver a casa nunca jamás de los jamases.
- Pero oiga, vamos a ver, no nos engañemos, que todos sabemos que lo de los piratas no es más que un juego, cosas de cuentos para niños.
- Sí, sí, un juego... ¿No ha visto usted lo que sucede con el crudo?
- Bah, pero eso tiene arreglo. Basta con dejarlo unos minutitos más en el horno y se sirve más pasadito.
- No, si digo el petróleo. Ha sido secuestrar un petrolero saudí y se dispara el precio del barril en los mercados.
- ¿El barril de ron?
- No, el de petróleo. A más de 58 dólares.
- ¡Jesús, qué barbaridad!
- De lo más bárbara, si señor. ¿Y usted en concreto por cuál de los puestos ofertados está interesado?
- Ah, ¿pero es que hay varios?
- Sí. Ahorita mismo hay plazas disponibles para bucaneros, filibusteros o loritos. ¿En qué grupo le encuadro?
- Pues en cualesquiera de los dos primeros. Porque en el de loritos supongo que no puedo, ¿verdad?
- ¿A ver, a ver? Enséñeme las uñas... Sí que puede, sí. Da usted la talla.
- Pues apúnteme a cualquiera de los tres. En el que haya más plazas.
- ¿Cuál es su titulación?
- Soy capitán.
- ¿Es capitán?
- De un barco inglés.
- ¿De un barco inglés?
- Y en cada puerto tengo una mujer.
- ¿Ya estamos otra vez? Ande, ande, relléneme esta solicitud y entréguela allí enfrente.
- ¿Y a quién se la entrego?
- A aquella muchacha que va por allí.
- ¡A aquella muchacha que va por allí, me la voy a ...!
- Oiga, un respeto, que va a ser usted un pirata, pero no un depravado. Deje ya la dichosa cancioncita.
- Vaaale, ¿pero a quién se la entrego, a la morena o a la...?
- ¡No pienso picar el anzuelo, señor!
- Bien, ¿y cuándo podría empezar?
- Ya mismo.
- ¿Y a dónde tengo que ir?
- Operamos frente a las costas de Somalia, en aguas del Índico.
- Indique, indique dónde.
- Pues eso, en el Océano Índico, con acento en la “i”.
- Ah, disculpe, no le había entendido. ¿Y a que parte del Índico tengo que ir?
- Váyase usted al cuerno.
- ¡Oiga!
- Al cuerno de África, digo. Coooon la botella de ron.

lunes, noviembre 17, 2008

Relatitos: (2) Corbatas

- Papá.
- Dime, hija.
- ¿Por qué te gustan tanto las corbatas?
- Huy pues no sé... porque me resultan un complemento la mar de variopinto y original.
- Ya, pero... ¿por qué no te las pones nunca?
- ¿No me las pongo?
- No, no te pones ni una.
- ¿Ni una?
- No. Tienes el armario llenito de corbatas, de todos lo colores, modelos y diseños, pero nunca te las pones.
- Es que.... bueno.... me producen cierta sensación de asfixia. Ésa es la verdad.

Tuve un día esta conversación con mi padre - lo recuerdo ahora - cuando no debía de tener yo más de nueve o diez años. No se lo preguntaba en realidad a él, sino a la imagen que de él me devolvía el espejo en el que se estaba afeitando. Aquella mañana en el espejo mi padre me pareció un hombre guapo y esbelto, y todavía hoy, veintitantos años después, lo sigue siendo. No ha sido nunca de manías, mi padre, pero ésa de las corbatas la tenía, y la sigue teniendo.

- Papa, y el día de mi boda... ese día... ¿te pondrás corbata?
- ¿El día de tu boda? Hija, pero si para eso falta muuuucho tiempo – dijo mi padre alargando mucho la “u”.
- Sí, ¿pero te la pondrás?
- Pueeees...
- Prométemelo, prométemelo. Prométeme que el día de mi boda te pondrás corbata.
- Vaaale. Te lo prometo. El día de tu boda me la pondré. Pero será la única vez en la vida que me la ponga.

Había olvidado por completo esta conversación, es más, ni siquiera había vuelto a reparar en la absurda manía de mi padre con las corbatas. Salvo el día en que Juan y yo nos presentamos en casa sin avisar.

- Papá, mamá, éste es Juan, mi novio.

Recuerdo que se miraron los tres con cara de tontos y sin saber qué decir, y yo, para romper el hielo, fui y solté lo de las corbatas.

- ¿Sabes? - le dije a Juan - A papá le encantan las corbatas. Papá, enséñale la colección que tienes.

Fuimos todos hacia la habitación de papá y mamá, y mamá abrió con decisión y orgullo la puerta del armario. Allí estaban todas, muchas más que la última vez que yo las había visto, y todas, todas con su precio y etiqueta, sin estrenar.

- Jo – dijo Juan.
- Y no sabes lo mejor - maticé yo -. No se ha puesto ni una en la vida.
- ¿Ni una?
- Ni una. Pero el día de nuestra boda se la pondrá. Me lo prometió de pequeña. ¿Te acuerdas, verdad papá?
- Sí.

Fue la única vez en estos veintitantos años que el asunto de las corbatas de papá volvió a mi cabeza. Tampoco esta mañana, en un día tan señalado, me he acordado de ello. Ni mientras me peinaban en la peluquería, ni cuando me han traído a casa el ramo de flores, ni al maquillarme, ni siquiera al ponerme el vestido... En cambio, en cuanto ha sonado el móvil de camino a la iglesia y he oído el llanto de mamá al otro lado, todo se me ha venido a la cabeza de golpe como si acabara de suceder. Incluso antes de que atinara a explicarme, entre sollozos, que la repentina muerte de papá ocurrida esta misma mañana había sido por asfixia.