Sucede con algunas palabras o frases, que pasa mucho tiempo sin que las utilices o las veas utilizar, y de repente, al encontrarlas en un texto o al escucharlas de labios ajenos, y no digamos si son propios los labios, te sorprenden gratamente. No, no me estoy refiriendo a la "real" frasecita de moda que no pienso repetir aquí, que ésa sí que la escucho a menudo, sobre todo cuando mi hija pretende ver los dibujos o su serie preferida y yo me pongo a reflexionar sobre mis cosas en voz alta, como ahora, que hay que ver qué padre más desconsiderado, ¡hombre por Dios!
Esas palabras (las otras, no las del Rey), aunque no se utilicen, están ahí, dormidas en nuestro cerebro, y cuando se despiertan porque alguien las pronuncia o las leemos se ponen en marcha toda una serie de reacciones en cadena que demuestra el poder evocador que tiene el lenguaje y que a veces hasta asusta, de la fuerza que posee.
Hoy me ha pasado con “tramoyista”, qué bonita la palabra. ¿eh?. He leído esta mañana que hay huelga de tramoyistas y me apetecía escribirla, porque creo que no lo había hecho nunca. Sin embargo, debe ser una palabra que escuché mucho de niño, imagino que en cuentos, porque la tenía ahí, guardada en la memoria y llena de evocaciones y recuerdos. Me sugiere por ejemplo la historia del tramoyista que anda siempre escondido ente bambalinas (¡otra!, ¡otra!, ¡bambalinas!), contemplando embelesado (¡otra!) la belleza de esa actriz de reparto, casi anónima para el público, pero que a él le ha robado irremediablemente el corazón. No me está gustando que haya huelga de tramoyistas, que acabo de descubrir, mira tú por dónde, que para mí son muy importantes.
Esas palabras (las otras, no las del Rey), aunque no se utilicen, están ahí, dormidas en nuestro cerebro, y cuando se despiertan porque alguien las pronuncia o las leemos se ponen en marcha toda una serie de reacciones en cadena que demuestra el poder evocador que tiene el lenguaje y que a veces hasta asusta, de la fuerza que posee.
Hoy me ha pasado con “tramoyista”, qué bonita la palabra. ¿eh?. He leído esta mañana que hay huelga de tramoyistas y me apetecía escribirla, porque creo que no lo había hecho nunca. Sin embargo, debe ser una palabra que escuché mucho de niño, imagino que en cuentos, porque la tenía ahí, guardada en la memoria y llena de evocaciones y recuerdos. Me sugiere por ejemplo la historia del tramoyista que anda siempre escondido ente bambalinas (¡otra!, ¡otra!, ¡bambalinas!), contemplando embelesado (¡otra!) la belleza de esa actriz de reparto, casi anónima para el público, pero que a él le ha robado irremediablemente el corazón. No me está gustando que haya huelga de tramoyistas, que acabo de descubrir, mira tú por dónde, que para mí son muy importantes.
Me sucede algo parecido con algunos nombres. El otro día, por ejemplo, leí una entrevista con Desmond Tutu, un nombre que no oía desde hace muchos años, pero que debía yo guardar arrinconado en algún lugar de mi memoria, no sé por qué. Debía ser de esos nombres que escuchaba de pequeño como música de fondo en los telediarios, o mejor en el telediario, que entonces sólo había uno. Lo asocio a su vez con otros nombres que también sobrevolaban las paredes de mi hogar, como el de Hanna-Barbera (que son dos), David Carradine (más conocido como Kung Fu), Jimmy Carter o Idiamindadá, (este último lo recuerdo así, todo seguido, como si fuera un solo nombre).
Soy ahora consciente de que muchos de ellos me llegaban vacíos de contenido, vamos, que no tenía yo ni puñetera idea entonces de quién era ese tal Tutu, pero al escucharlos hoy se me viene a la cabeza el salón de mi antigua casa de Madrid, la mecedora de mi abuela o mi primera equipación de futbolista que debieron regalarme por mi cumpleaños, asuntos todos que poco o más bien nada tienen que ver con el apartheid o las ideas que combatía el arzobispo surafricano.
Ahora me pregunto cuáles serán las palabras que estén almacenado hoy mis hijas en sus todavía incipientes memorias, y sobre todo qué sentimientos sé les desbocarán, independientemente de su significado, cuando su memoria las recupere dentro de muchos años.
- Hombre papaíto, que estoy viendo los dibujos, ¿por qué no te callas?
Era inevitable.
