lunes, junio 16, 2008

El blog oculto

Ya sabéis lo de la cámara oculta, ¿no? Je je. Pues nada, que como servidor no tiene cámara, ni oculta ni destapá, ocurrióseme la idea del blog oculto, ji ji. Y qué mejor ocasión que la del sábado, que como ya toda la blogosfera sabe a estas alturas aconteció el acontencimiento (valga la redundancia) más esperado del año: la inauguración de la librería La Clandestina. Descartado finalmente lo del disfraz de biólogo (ver post anterior) debido a que a cada paso que daba en dirección a la librería el ambiente se iba volviendo, sobre todo entre el gentío de naturaleza masculina, más y más acosante para con mi persona, decidí desprenderme de tal indumentaria y aparecer como persona normal y corriente, aprovechándome de mi condición de “personaje anónimo”, dado que nadie en la blogosfera conocía, hasta el sábado, mi verdadero aspecto físico. De lo que en adelante aconteció el día de autos doy ya mismo explicación, para quien escucharlo quisiere:

Sábado, 14 de junio.
Estilografic Punto Blog (en adelante, EPB): Buenas tardes.
Mariano Zurdo (en adelante, MZ): Muy buenas, ¿Qué desea?
EPB: ¿Es está la librería de los tales Mexileña, Clandestino y Mariano Zurdo, llamada, tengo entendido, La Clandestina?
Mexileña (en adelante MX): Esta es, sí señor, ¿y usted quién es?
EPB: Soy el inspector (recuerde el lector que se trata de la broma del blog oculto, no vaya a decir nada, ¿eh?).
Clandestino (en adelante CL): ¿El Inspector Clouseau, el de la Pantera Rosa?
EPB: ¡Qué Clouseau ni qué Pantera Rosa ni qué niño muerto! El inspector de librerías clandestinas soy. Porque esto es una librería clandestina, ¿verdad?
MX:. ¡Sí! ¿Cómo la sabe?
EPB: A ver si se cree usted, señorita, que la policía es tonta.
MZ: ¿Es que es usted inspector de policía?
EPB: Es una manera de hablar, señor Mariano y de apellido Zurdo, y usted debería saberlo, ya que es escritor.
CL: Veo que sabe usted mucho acerca de nosotros.
EPB: Es que soy inspector, ¿no se lo he dicho ya?
NX: Sí, inspector de librerías clandestinas, ¿Y qué desea?
EPB: Inspeccionar, qué voy a desear si no.
MZ: ¿Y por dónde quiere que empecemos, pues?
EPB: ¿Me permiten ustedes que pase al baño, retrete o escusado, que supongo estará tan estratégica como discretamente escondido tras esa ciertamente bella y tentadora puerta graciosamente decorada con vetustos libros apilados?
CL: Adelante, pase, pase, no tenemos nada que ocultar, yo le acompaño si quiere.
EPB: Si no le importa, usted se queda fuera, señor Clandestino, que yo si tengo algo que ocultar. ¡So guarro! ¿No ve que meándome vengo a más no poder?
CL: Disculpe, pensé que pasaba a inspeccionar.
EPB: Cada cosa a su tiempo, mi querido amigo, cada cosa a su tiempo.

Como el avispado lector ya supondrá, el inspector (que no es otro que Estilografic Punto Blog, cosa que aclaro por si hubiera también lectores no tan avispados que aún no se hayan enterado) no tiene ganas de miccionar ni nada, sino que aprovecha la situación para darse un respiro y desahogar la contenida risa, que ya no puede más, de lo bien que marcha hasta el momento la farsa. Al rato, y para continuar con el embuste, tira de la cadena y sale con cara de satisfacción, como quien acaba de vaciar el conducto urinario, para continuar con la inspección. Pero callemos, callemos y continuemos con el engaño. Y que no vaya a decir el lector ni pío, ¿eh?

EPB: Veo que tienen ustedes libros en las estanterías.
MX: Y yo veo que lleva usted un pinganillo en la oreja. ¿De qué se trata si puede saberse?
EPB. Ah.., esto... es la manera de comunicarme con mis superiores. Recibo órdenes en tiempo real que ejecuto de inmediato.
CL: Ya. Pues a mi me pareció escuchar, procedente del susodicho pinganillo, el grito de júbilo de “¡goldevilla!” mientras salía usted del baño, al tiempo que me parecía percibir en su rostro manifiesta expresión de satisfacción.
EPB: Efectivamente. La expresión de satisfacción que uno tiene cuando evacua su repleta vejiga a puntito de reventar. Si me lo permiten, y ya sin más dilación, procedo a echarle un vistazo a los libros.
MZ: Proceda, proceda sin miedo.
EPB: ¡Qué ven mis ojos! ¡Un bello y magníficamente ilustrado cuento llamado “Chocolata”!
MX: Sí, de la editorial OQO. Es la historia de una hipopótama que...
EPB: ¿No estarán ustedes incitando a los niños a consumir ciertas sustancias estupefacientes, no?
CL: Dios nos libre, señor inspector.
EPB: Se lo requiso para asegurarme. ¿Y este otro? “Kika superbruja y el libro de los hechizos”. ¿Encantamientos? ¿Brujería? ¿Malas artes? Queda también requisado ipso facto.
MZ: Pero oiga...
EPB: ¿Tiene ustedes ordenador?
CL: Sí. ¿También nos lo va a requisar?
EPB: No, sólo quiero que vean una cosita. Hagan el favor de entrar en Estilografic Punto Blog.
MX. ¿Estilografic Punto Blog?
EPB: Sí. Teclee, teclee y lean, je je.
MZ: A ver, a ver, aquí dice... “El blog oculto: Ya sabéis lo de la cámara oculta, ¿no? Je je. Pues nada, que como servidor no tiene cámara, ni oculta ni destapá, ocurrióseme la idea del blog oculto, ji ji....”
EPB: ¡Inocentes!, ¡inocentes! ¡Es una broma! ¡Soy yo, chicos! ¡Estilografic Punto Blog!... Pero... ¿qué pasa? ¿No sabéis quién soy? ¿Qué hacéis? ¡Soltaaaadmeeeeee!

En este preciso instante, Clandestino, Mexileña y Mariano Zurdo proceden a enganchar a servidor de las axilas y a ponerme - como lo oyen, queridos lectores – de patitas en la calle. En la calle de La Palma.

MX: ¡Malandrín!
CL: ¡Bribón!
MZ: Esta gentuza no sabe ya qué hacer para no pagar los libros, ¡Hombrepordios!

P.D: Con todo mi cariño, para los tres Clandestinos. Mucha suerte, amigos.

viernes, junio 13, 2008

Día D, hora H (y la escasez de género)

Ya está. Me ha costado lo suyo, pero ya lo tengo. Tras un par de decepcionantes e infructuosas visitas, la una a la mítica tienda de disfraces Vicente Rico y la otra a la afamada Tienda del Espía, saldadas con resultado de “cero patatero” debido a la escasez de género - motivada a su vez ésta por el consabido y dichoso paro de los transportistas - por fin tengo mi indumentaria confeccionada. Entre unas cosas y otras, al final he echado el resto en éste mi disfraz, pero todo gasto es poco para una misión tan trascendente como la que se presenta. Eso sí, espero que de una vez por todas mejore definitivamente el tiempo en Madrid, porque otra cosa no, pero fresquita es un rato, la indumentaria. Claro, con lo de la escasez de genero...

Y es que estoy del todo seguro de que por los alrededores va a haber la tira de policía secreta merodeando, así que llegar hasta el punto de reunión se me antoja que va a ser no sólo complicado, sino más bien peligrosísimo. Supongo que habrá además una puerta secreta que no se distinga de los muros de la fachada y que se abra sólo al activar un mecanismo que imagino se accionará mediante una contraseña que espero se me haga llegar sigilosamente en las próximas horas, porque ya no queda mucho tiempo para el día D y la hora H y la contraseña aún no me ha sido facilitada, supongo que también debido a lo de la escasez de género. Qué nervios.

Mi primera idea era esperar a que comenzara a caer la noche oscura sobre las calles de Madrid, de manera que desplazarse entre sombras por los oscuros callejones del centro de la ciudad resultara mucho más apropiado para pasar desapercibido entre las gentes, pero temo llegar tarde a la cita por exceso de precaución y, sobre todo, que no quede ya de nada en estantes y dependencias del innombrable destino, no sólo en lo que respecta a la mercancía intelectual, sino también, y sobre todo, en lo que se refiere a la llamada intendencia alimentaria o canapeística, si la hubiera. Anda que no complica el asunto, lo de la escasez de género...

Si hay algo que tengo claro a estas alturas es que a pesar de todas las precauciones va a resultar conveniente acercarse por la zona y alrededores disimulando y en actitud “silbante”, como quien no quiere la cosa, para esperar a que un tipo con pinta de sospechoso se nos acerque y nos pida la aludida contraseña. Supongo que sucederá, más o menos, una cosa así:

- Buenassssss.
- Buenas, venía por lo de..... ya sabe.
- Lo imaginaba, chata. ¿Contraseña?
- Es que no me ha llegado. Imagino que por lo de ...
- Sí, la escasez de género, ya. Anda pasa, pasa, y cuidadito al agacharte que no se te vea nada, si es que algo queda por ver, que tú si que vas escasita de genero.

Pues nada, que ya estoy saliendo de casa sigilosamente y sin miedo a ser reconocido gracias a mi asombrosa caracterización, y allá que te voy dispuesto a llegar a tiempo al punto de destino, a pesar de la dichosa escasez de género...

- Hombre, Estilografic, ¿dónde vas así vestido, que casi no se te reconoce?
- Vaya por Dios, vecino. Veo que, en efecto, y a pesar de los esfuerzos, me he quedado en el “casi”.
- Sí, pero no te creas, que me ha costado lo suyo saber quién eras, más que nada porque he salido de casa sin las gafas y no veo un pimiento. Que dónde vas, digo.
- Es que es un secreto que requiere discreción, no lo puedo decir. Se trata de una misión muy pero que muy peligrosa
- ¿Discreción? Pues deberías haber elegido otro disfraz pelín menos... llamativo , ¿no?
- Sé que tan difícil es de creer como de explicar, pero hazme caso. Yo iba buscando para la ocasión un disfraz de biólogo, te lo juro, pero claro, con lo de la escasez de género, ya sabes, al final lo más parecido que he encontrado ha sido esto.
- Desde luego, en lo de la “escasez” no me cabe duda de que has acertado, y en cuanto al “género”, pues resulta de lo más ambigua la cosa, si te digo la verdad.
- Ya.
- ¡Mira que disfrazarte de Anita Obregón!, ¡a quién se le ocurre! ¡Y sobre todo en estas fechas! Si sabes que es cuando presenta su línea de mini bikinis y nos deleita con sus posados en la playa, la moza. ¿No será que a ti también te gusta, como a ella, lucirte ante la concurrencia de esta guisa y me vienes a mí con el cuento de no sé qué misión peligrosa?
- Que no, que no, créeme.
- Pues mira, no te creo. Como no me digas dónde vas tan mona y provocativa, ahora mismito aviso al vecindario para que salgan a conteplar tu bella y sensual estampa por ventanas y terrazas.
- ¡Glups!. Está bien, está bien, tú ganas, te lo diré. A la inauguración de una librería voy.
- ¡Venga ya! ¿Y para eso tanto secreto, tanta carne al descubierto y tanta pose sensual y provocativa, que me estás poniendo malo?
- Verás..., es que...
- Sí, sí, ya sé, lo de la escasez de género.
- No, no es eso. Es que es clandestina, la librería.
- Ah. Haber empezado por ahí..., ¡maciza!

miércoles, junio 11, 2008

Preparando las vacaciones

Llevo yo unos años ya veraneando en La Manga (en La Manga del Mar Menor me refiero, no en la parte del vestido o prenda en la que se introduce el brazo), en una zona apartada del bullicio en la que he dado con un hotelito con buena relación calidad-precio. Y dando, eso sí, al Mediterráneo, porque el Mar Menor me resulta más bien como “caldosillo” y excesivamente calentorro.

Allí lo que se busca es que las niñas puedan disfrutar de unos días de playita, que es lo que a ellas más les apetece y que el hotel sea cómodo, en primer línea y con la animación suficiente para que las zagalas se lo pasen de rechupete y disfruten del descanso que se han ganado – hombre, qué te crees - tras un largo y provechoso curso académico.

Pues resulta que este año las inmobiliarias de la zona andan revueltas, y acusan a Greenpeace de haber provocado la alarma con el famoso fotomontaje en el que aparecía La Manga - la del Mar Menor, no la parte del vestido o prenda en la que tal, tal y tal...- sumergida bajo el agua como consecuencia de los efectos del cambio climático. ¿Qué ha pasado? Pues lo que era de esperar: que de momento los que se hunden son los precios, ya que nadie quiere comprar y todo el mundo parece querer vender en la dichosa Manga. La del Mar Menor.

Y después de esta somera introducción que me ha servido a mi para :

1.- Justificar por qué servidor elige para veranear un destino tan aparentemente poco exótico y original como La Manga del Mar Menor.
2.- Explicar que no es lo mismo La Manga con mayúsculas que la manga con minúsculas.
3.- Narrar lo sucedido allí a raíz de la habilidad y pericia en el uso del fotosó (también conocido como photoshop) por parte de Greenpeace.
4.- Desviar la atención de la opinión pública española con la única y sana intención de rebajar la euforia desatada tras la abultada victoria de ayer frente a Rusia.
y 5.- Desviar de nuevo la atención de la opinión pública española con la única y sana intención, esta vez, de levantar el ánimo y la moral tras el tan inevitable como absurdo desabastecimiento que se está produciendo en gasolineras, centroscomerciales, pescaderías, etc., como consecuencia de la huelga de transportistas en curso.

...decía que después de la introducción he de confesar que ha visto la puerta abierta para tratar de negociar una rebaja considerable también en el precio del hotel para mis vacaciones. Espabilao que es uno.

- Buenas tardes,
- Buenas tardes, ¿qué desea?
- ¿Estoy llamando al hotel de Estilografic?
- Pues no, mire, que nosotros sepamos este hotel no pertenece al tal Estilografic, sino al empresario que lo fundó.
- Ya, ya, yo me refiero a que si ése el hotel en el que suele veranear el tal Estilografic, como dice usted.
- Ah, eso sí, lleva ya aquí instalado tres años seguidos, el muy plasta.. ¿Y usted quién es?
- Pues Estilografic el muy plasta, digo Estilografic el bloguero.
- Ah, disculpe, ¿y qué desea?
- Desearía reservar una habitación, como todos los años, ya sabe, para el mes de agosto, con vistas al mar y eso.
- Muy bien.
- Y que me haga usted un precio apañadito, que estoy con el agua al cuello.
- ¿Ya?, pero si todavía no hemos empezado a hundirnos.
- No, si me refiero a mi situación económica, ya sabe, la inflación, los carburantes, la congelación salarial, etc., etc., etc.
- ¿Recuerda usted lo que pago el año pasado?
- ¿Qué si lo recuerdo? ¡Aún sueño con ello!
- Pues súmele usted un 15 por ciento para este año, que no está el horno para bollos.
- Oiga, ¿Pero no están ustedes bajando los precios con lo del cambio climático?
- Pues no, de momento no, la verdad, ya le digo que todavía no hemos empezado a hundirnos. Podrá usted seguir colocando su dichosa sombrillita de flores vedes en el mismo sitio de siempre, que todavía hay arena disponible a tutiplen.
- Sí, claro, pero de aquí a agosto que llego no se sabe lo que va a pasar. ¡Mire Kiribati!
¿Ese pavo en qué equipo juega?
- No señorita, se trata de un país. Un país que se hunde en el Pacífico. Lo ha dicho su presidente, Anote Tong.
- Espere que lo anote....
- Que no, que no tiene que anotar nada, que es que se llama así, su presidente.
- ¡Pues vaya nombrecito más raro! Con lo fácil que es llamarse José Luis o Nicolás, como hacemos en Europa.
- Eso digo yo.
- Mire, descuento no podemos aplicarle, pero vamos a hacer una cosa, ¿en que habitación se alojó usted el año pasado?
- En la 427 creo recordar.
- Pues este año le vamos a dar la 927, en el último piso, y si todavía ve que sube mucho el nivel del mar, ya sabe, con dormir boca arriba y con la boquita cerrada el agua es que ni le entra. Listo, que es usted un listo.



viernes, junio 06, 2008

Lennon será siempre el mejor “beatle”

Siempre se van los mejores, decimos. La tendencia que tenemos a idealizar con asombrosa facilidad a la gente que desaparece podría llevarnos a la conclusión – a veces acertada, a veces no – de que los seres humanos vamos en la vida de mal en peor, y que quienes más tiempo sobreviven más probabilidades tienen de ser cada vez peores personas en cualquiera de las facetas que desempeñan. Lo que resulta evidente es que cuanto más vivimos más posibilidades tenemos de cometer errores o fechorías, aunque también, por qué no, de hacer cosas positivas.

Sucede más bien que, en la mayor parte de los casos, esa “ausencia de realidad” que lleva consigo la desaparición o muerte de alguien provoca en los que nos quedamos aquí un derroche de imaginación que nos hace idealizar al personaje desaparecido y a convertirlo, en muchos casos, en el héroe que bien pudo ser más que en quien en realidad fue, añadiéndole siempre una fuerte y muy literaria dosis de fascinación.

La reflexión me viene después de haber leído estos días dos interesantes artículos (aquí y aquí) aparecidos en prensa sobre sendos personajes del siglo XX que han sido sobradamente mitificados: se trata del candidato demócrata a la Casa Blanca Robert Kennedy, asesinado en junio de 1968, y del ciudadano chino conocido como Tank man, el hombre que se planto frente a los tanques del ejército chino en junio de 1989, en plena revuelta de Tiananmen.

Era obligada estos días, cuarenta años después, la comparación de la figura de Robert Kennedy con la de Obama. La propia Hillary Clinton ha aludido – de manera desafortunada y en plena campaña - a la muerte del hermano del que fuera presidente de los EE UU. Cinco años después del asesinato de JFK, Robert acababa de ganar las primarias habiendo defendido un país sin discriminaciones raciales ni de clases, así como el fin de la guerra de Vietnam, cuando un tipo le disparó a quemarropa y acabó con el nuevo sueño americano.

Kennedy pasó a la historia como el político “hippy”, pacifista, revolucionario, defensor de los jóvenes, los pobres, los negros y los oprimidos, pero a lo mejor hoy se le sigue viendo así precisamente porque nunca llegó a ver cumplido su sueño de ser presidente. Quién sabe.

La historia del “hombre tanque”, que el otro día recordaba también Def en su blog, tiene mucho en común con la de Kennedy en el sentido de todo lo que en ella dejamos al albur de la imaginación. El tipo de las bolsas que parece venir de hacer la compra y se para desafiante en mitad del camino de los tanques del ejército chino fue elegido por la revista Time como uno de los cien personajes más influyentes del siglo XX, pero sobre el personaje siguen sobrevolando aún hoy demasiadas incógnitas, hasta el punto de hacerlo, si cabe, más fascinante todavía.

En las imágenes que se grabaron se puede ver cómo el “rebelde desconocido” acaba subiéndose al tanque y habla con el conductor. Se especula sobre si le dijo algo como “dejen de matar a mi gente”, pero quién sabe. También se especula sobre su paradero, sobre si fue finalmente ejecutado o si escapó y vive hoy en el exilio o tratando de pasar desapercibido entre millones y millones de chinos en el planeta. Pero lo cierto es que hoy sigue siendo todo un símbolo de la lucha contra la opresión y de la defensa de las libertades en todo el mundo.

Impresiona ya de por sí la fuerza que trasmiten ambas historias, pero su verdadera magia reside en realidad en aquello que pudo ser pero que nunca llegó a ser; en definitiva, en el poder de la imaginación, que también es capaz de parar guerras y detener tanques. Y de mucho más.

miércoles, junio 04, 2008

Dichosa lucecita naranja

Amanece. Hago mis cositas en el baño, me ducho, desayuno y en cuanto salgo de casa y cojo el coche, ya está ahí: la lucecita naranja que me persigue. A veces cierro los ojos muy fuerte muy fuerte pensando en que al abrirlos habrá desaparecido, o por lo menos habrá cambiado de color, que dentro de lo malo... Pero no. Es que ni cerrándolos. Sigue ahí, la jodía. Incluso si no los abro. Yo hasta hace poco cerraba los ojos y sólo veía manchitas blancas, unas fijas y otras como revoloteando delante de mí. Es muy común, no pasa nada. Pero ahora no, ahora incluso con los ojos cerrados y bien apretaditos los párpados sigo viendo la dichosa lucecita naranja. Esa lucecita naranja tiene que anunciar algo. Y no puede ser nada bueno, porque me tortura y obnubila mi mente hasta el punto de hacerme caer en deducciones y conversaciones absurdas. Regreso a casa en el coche y ahí sigue, la lucecita naranja, haciendo de las suyas. Y me tumbo en la cama, primero boca abajo, después boca arriba, y al cerrar los ojos siempre está ahí, la lucecita naranja, con la que sueño, un día sí y otro también, hasta que, vuelta a empezar, amanece y vuelvo a hacer mis cositas en el baño... Y otra vez la lucecita naranja. La dichosa lucecita naranja.

- Doctor, doctor, me pasa que veo una lucecita naranja.
- Vaya por Dios. Otro que tal baila. ¿Y le pasa a usted mucho o sólo un poquito?
- Mucho. Continuamente, diría yo.
- ¿Ha probado usted a cerrar los ojos?
- Es lo primero que hice, sí.
- ¿Y?
- Que me voy pegando unas leches de tres pares de narices, o si quiere que se lo diga más bruscamente, que me voy pegando unas hostias de tres pares de cojones. Como prefiera.
- Normal. Quién le manda a usted cerrar los ojos. ¿Y dice usted que la ve, a la dichosa lucecita naranja, a todas horas o sólo en determinados momentos del día, por ejemplo, no sé, cuando va conduciendo?
- Hombre, sobre todo sobre todo cuando voy, en efecto, conduciendo, pero es que luego sigo viéndola día y noche sin parar. La lucecita naranja.
- Ya, pero eso es ya más bien producto de su obsesión, me parece a mí.
- ¿Qué obsesión?
- Pues la que tiene usted con la lucecita naranja.
- ¿Y no sabe usted cuál es la solución?
- ¡Huy amigo!, si yo lo supiera...
- O lo supiese, le advierto que también me valdría si lo supiese.
- No, no, si el problema es que el asunto se nos escapa a nosotros, los ciudadanos de a pie – fulanitos y menganitos -, que por otro lado somos los principalmente afectados.
- ¿Usted también se encuentra afectado entonces?
- Un poco, sí.
- ¿Usted también ve la lucecita naranja entonces?
- A todas horas la veo. Como usted. Además es que ni intermitente ni nada. Más fija que un ciprés.
- Enhiesto surtidor de sombra y sueño.
- ¿El qué? ¿La lucecita naranja?
- No, no. El ciprés. El ciprés de Silos.
- Ah, que es usted poeta.
- No, no, yo soy paciente.
- ¿Se refiere a paciente de que tiene paciencia, al sujeto que recibe en la oración pasiva la acción del agente o a la persona que es o va a ser reconocida médicamente?
- A esto último más bien. Y es que además me afecta al coco, la lucecita naranja. Me hace decir cosas muy extrañas
- Ya lo veo, ya. Eso ya es más grave. No puede ir usted recitando por ahí poesías ni de Gerardo Diego ni de nadie. Le tomarán por un tipo sospechoso.
- ¿Sospechoso de qué?
- Pues de ver lucecitas naranjas.
- Pues me temo que usted también lo es, doctor. Y que usted también va diciendo por ahí cosas bastante extrañas, si me permite la observación.
- Sí, pero le recuerdo que aquí el paciente es usted, así que vamos con lo suyo y dejemos lo mío. ¿Lleva usted dinero encima?
- ¿Encima de dónde?
- Me refiero a que si tiene pasta en la cartera.
- Psche. Veinte euros, creo. Pa’un café y poco más.
- Pues mal vamos entonces, amigo, mal vamos, porque, créame, la medicina no es capaz de solucionar su dolencia. Hoy por hoy.
- No me irá a decir que son ustedes capaces de reproducir un pene, también llamado pito, con perdón, y no son sin embargo capaces de eliminar, suprimir o, sencillamente, apagar una lucecita naranja, también llamada obsesión, sin perdón,
- Pues mire, sí. Así es, en efecto, este mundo que nos ha tocado vivir. Qué quiere que le diga.
- Una explicación quiero, doctor.
- Pues se lo voy a decir bien clarito de una vez: téngame usted en cuenta que el precio del gasóleo continúa su tremenda escalada impulsado como patada en el culo por la subida del petróleo, de manera que se está vendiendo ya, el también dichoso gasóleo, a una media de 1,308 euros por litro, lo que supone un porcentaje de un 9,2 por ciento más que a principios del mes de mayo, si no me equivoco.
- Creo que no se equivoca, no.
- Pues fíjese en lo que me queda por decirle: llenar un depósito de 55 litros de su vehículo diésel le sale ahora mismo por la friolera de 71,94 euros, así que ya me dirá usted cómo se va a apagar la dichosa lucecita naranja (indicadora de la reserva, que todo hay que decirlo) poniéndole usted a su depósito unos míseros 20 euros nomás. ¡Hombre!

jueves, mayo 29, 2008

La Comedia


GÉ-NO-VA-YA-NO-VA
(o el interminable viaje al centro de la tierra)

Comedia en tres actos
Original de Estilografic Punto Blog

PERSONAJES:

Estebita, un Señor de Valencia
Don Mariano Carajoy
El Tipo Gordo
El Tipo del Bigote
La Hermana Sor Aya
Pepe el Camarero
Un Señor Gallardo
Don Pedro Duque

(Pongamos las cosas en su debido orden)

miércoles, mayo 28, 2008

Acto Tercero (Ge-no-va-ya-no-va)


Saloncito la mar de apañado y espacioso de una casita de campo sita en finca rústica de la localidad de Cañaveral. No en Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos), sino más bien en Cañaveral, provincia de Cáceres (Extremadura, España), nada más pasar el embalse de Alcántara, localidad, dicho sea de paso, con buen vino de pitarra y excelentes aceitunas. Diez meses después. Encuéntranse reunidos en el citado saloncito un grupo de dirigentes del partido, de los denominados “fieles a Don Mariano Carajoy”. Se respira - o respírase - tensión y agitación en el ambiente. Al fondo del saloncito, colgada en la pared y de frente al espectador, una pantalla gigante de televisión, una LCD LG 47" 47LY95 con TDT incorporado estaría bien, pero claro, eso ya depende del presupuesto de la compañía a la hora de representar la obra, que con esto de la Eurocopa están ahora por las nubes los precios de los televisores. Qué me vas a contar a mí...

Un Señor Gallardo (preocupado): ¿Estás seguro de que todo salió bien, ¿no?
Estebita: Segurísimo. Con la cogorza que tenía no se enteró de nada, el pobre.
Un Señor Gallardo: ¿Y estás convencido de que era la mejor solución de todas las posibles? Téngase en cuenta que nosotros conformamos la llamada “línea blandita” del partido.
Estebita: Convencidísimo. Desechado el denominado “método Obregón” (siempre presunto, ¿eh?, no nos vayamos a meter en líos), es que no quedaba otra.
Un Señor Gallardo: Pues nada, nada, ahora a esperar que todo termine mejor que empezó.
Estebita: Eso espero, sí, porque el momento decisivo aún está por llegar, cuando.... Pero mira.... mejor te lo explica Don Pedro, nuestro asesor experto en la materia, que por aquí viene ya solícito y dispuesto.

(Entra en escena Don Pedro Duque, quien, recurriendo a la misma técnica teatral de identificación de personajes utilizada con éxito en la primera aparición en escena de Estebita - personaje que, recordémoslo, venía cargado con una paella para que se reconociera que se trataba de un señor de Valencia – llega vestido de astronauta, con casco, guantes y tubos de evacuación y todo, que son, los tubos de evacuación, los conductos que permiten al astronauta orinar y defecar con toda normalidad si resultara necesario e imprescindible.)

Don Pedro Duque (acercándose lentamente y andando así como cuando uno pasea por la luna, con la falta de gravedad y eso): Buenas tardes, señores. ¿Llego a tiempo?
Un Señor Gallardo: Llega usted en el mejor momento, Don Pedro. ¿Le apetece un vino de pitarra y unas aceitunillas?
Don Pedro Duque: Bueno, si me las pincha sí, porque es que no me apaño yo a cogerlas, con estos dichosos guantes.
Estebita: Le estaba explicando al Señor Gallardo, Don Pedro, cuáles son las dificultades de la misión....
Don Pedro Duque: Pues sobre todo, sobre todo, que no cabe duda de que corremos cierto riesgo al haber introducido un elemento extraño en un complejo artilugio no diseñado para tal fin, para transportar cuerpos extraños digo.
Un Señor Gallardo (con gesto comprensivo): Claro, claro. Me hago cargo, Don Pedro, pero todo sea por el bien del partido.
Estebita: Y de España, también por el bien de España.
Don Pedro Duque (poniéndose interesante): Sí, pero imagínense por un momento que se nos va todo al garete debido al sobrepeso, o si, por algún movimiento forzado, se nos escogorcia el brazo robótico, o Robotic Arm, destinado a extraer las correspondientes muestras del subsuelo y comprobar si, en efecto, se encuentra allí el esperado permafrost.
Un Señor Gallardo y Estebita (asintiendo a la vez, y simulando dominar el tema): El permafrost.
Don Pedro Duque (cada vez más en su salsa): Eso es, el permafrost, que como ustedes bien saben es la capa de hielo permanentemente congelado que se encuentra en los niveles superficiales del suelo de las regiones muy frías o periglaciares.
Un Señor Gallardo y Estebita: Ya.
Don Pedro Duque (imparable): No quiero ni pensar la que nos montarían los americanos si, en un ataque de rebeldía o rabia del improvisado tripulante, éste nos deteriorara, Dios no lo quiera, la delicada cámara panorámica estereográfica de alta resolución SSI (Surface Stereo Imager). O el mismísimo TEGA (Termal and Evolved Gas Analyzer), un espectómetro de masas que analiza muestras del suelo calentadas hasta resultar volatilizadas.
Un Señor Gallardo (con gesto de preocupación): Claro, porque seguro que todo eso costará una pasta gansa ¿no?
Estebita: Sobre todo el espectómetro ese, imagino.
Don Pedro Duque: ¡Ya lo creo! En total la misión sale por la friolera de 420 millones de dólares. ¡Cómo para cagarla!

(En ese instante se enciende la pantalla gigante situada en el centro de la sala, en la que de momento sólo se verán rayas y más rayas, como cuando en casa al vecino le dar por tocar la antena)

Estebita (emocionado y voviéndose hacia la televisión): ¡Ya tenemos imágenes!, ¡ya tenemos imágenes!
Un Señor Gallardo (tranquilo y frío): Bien, Estebita. Sintonízalo en condiciones, haz el favor.

(Estebita procede a ajustar la recepción del televisor, y finalmente aparece una imagen clara y nítida, la de la sonda Phoenix posándose sobre el suelo de Marte)

Todos: ¡Ooooooooh!

(A continuación, el grupo estalla en aplausos y abrazos al tiempo que todos apuran lo que a cada cual le queda de vino de pitarra en sus respectivos vasos, y mientras recobran la normalidad y van regresando a sus puestos se observa en la imagen del televisor que alguien desciende de la sonda Phoenix y, tras dar unos primeros pasos desconcertado, se dirige hacia la cámara hasta que su cara, la de Don Mariano Carajoy, ocupa toda la pantalla en un inconfundible primer plano)

DMC: ¡Cabroooneeeeeees!

(De nuevo estalla la alegría en el grupo y todos rompen a reír al grito de ¡Gallardón presidente! cuando, inexorable y, ahora sí, definitivamente cae lentamente el

TELÓN

martes, mayo 27, 2008

Acto Segundo (Gé-no-va-ya-no-va)


Barra del bullicioso bar de copas de dudosa reputación El Ave Palmípeda, vulgar y familiarmente conocido como La Gaviota, cercano al despachito que nos sirvió como escenario en el Acto Primero. Ambiente cargadito. Don Mariano Carajoy permanece sentado en un incómodo taburete jugueteando con un vaso vacío en la mano. Bueno, vació, vacío del todo no. Con hielo. A su lado, y sobre la barra, un ejemplar de El Mundo manoseadillo. Don Mariano, un poco chispa ya, charla con Pepe el camarero, sereno pero un poco tartaja, el muchacho.

Don Mariano Carajoy (como ido): Pepe, dígame la verdad, ¿cree usted, como dice Elorriaga en El Mundo, que no estoy en condiciones de ofrecer un liderazgo renovado, sólido e integrador?
Pepe el camarero: No haga caso, Don Mariano, esas son cosas de Pe-pe-Pedro Jota.
DMC: ¿Y considera usted, por lo que de mí viene sabiendo, que servidor es pusilánime o, lo que viene a ser lo mismo, falto de ánimo y valor para tolerar las desgracias y para intentar cosas grandes?
Pepe el camarero: Eso se lo habrá oído usted a Federico en la COPE-pe-pe. Ni lo tenga en cuenta.
DMC: Pues haga el favor entonces de ir rellenándome el vaso, amigo, y brindemos a la salud de Losantos, digo de todos los Santos. ¡Hip!
Pepe el camarero: Pe-pe-perdóneme la sugerencia, Don Mariano, pero no debería usted beber más.
DMC: Qué pasa, ¿que también usted se va a poner en mi contra? ¡Hop!
Pepe el camarero: No, no, usted sabe que yo le tengo aprecio, Don Mariano, pe-pe-pero precisamente por eso, precisamente por eso...
DMC: Un último güisquito y ya, se lo prometo. ¡Hip, hop!
Pepe el camarero (tratando de cambiar de tercio): Veo que le gusta a usted el hip-hop, La Mala Rodríguez y cosas así, ¿no?
DMC: Qué hip-hop ni qué hip-hop. Yo lo que tengo es un hipo que ya no me tengo, con tanto güisqui. Y la única Mala que conozco no se apellida Rodríguez, sino Aguirre.
Pepe el camarero (haciéndose el despistado): ¿y también es rape-pe-pera?
DMC: Oiga, ¿definitivamente es usted tartaja o es que estoy yo ya muy borracho?, y lo que es peor ¿por qué siempre se atasca en la misma sílaba que, dicho sea de paso, viene a coincidir con su nombre de usted al tiempo que se identifica también con las siglas de mi cada vez más zaherido, paupérrimo y desdichado partido?
Pepe el camarero: Pe-pe-perdón; rapera quería decir.

(En ésas están cuando aparece Estebita, esa vez sin paella - porque ya sabemos que se trata de un señor de Valencia y no hace falta insistir e insistir -, acompañado de Un Señor Gallardo. Se sientan uno a cada lado de Don Mariano. Estebita a su derecha y el Señor Gallardo a su izquierda. El camarero les sirve una consumición a cada uno)

Estebita: (entusiasmado): ¡La tenemos, Don Mariano!, ¡por fin la tenemos!
DMC (cada vez más ebrio): Ya lo creo que la tenemos, Estebita, ¡menuda cogorza!
Estebita: Me refiero, Don Mariano, a la solución. Lo del mensaje divino, ¿se acuerda?
DMC: Algo, pero muy confuso todo, sí.
Estebita (mirando al Señor Gallardo): A su izquierda lo tiene, Don Mariano, ¿recuerda?: “la solución al desvarío/rima con el macho cabrío”.
DMC: ¿Y?
Estebita (paciente): Pues que la Hermana Sor Aya dijo “macho cabrío” porque por sus votos no puede decir palabrotas.
DMC: “Palabrotos”. Dijo “palabrotos”, Estebita. Que estaré como una cuba, pero la memoria no me falla.
Estebita (más paciente): Sí, pero dijo “palabrotos” para que rimara con “votos”, pero se refería a que su espiritualidad le impide articular el malsonante término de “cabrón”.
DMC (dirigiéndose al Señor Gallardo): ¡Hala lo que ha dicho! ¿Usted lo ha oído?
Un Señor Gallardo: Perfectamente. Ha dicho “cabrón, que además rima con “Gallardón”.
Estebita: Que precisamente viene a ser la solución.
DMC: ¡Cojón!
Los tres a coro (levantando sus vasos y mirando a los espectadores): Y que ya todos sabemos antes de que se cierre el...

TELÓN
(continuará, por no decir chim pon)

viernes, mayo 23, 2008

Gé-no-va-ya-no-va (o el interminable viaje al centro de la tierra)

Comedia en tres actos
Original de Estilografic Punto Blog


ACTO PRIMERO

Despachito modesto en la cuarta planta de un edificio del madrileño distrito de Chamberí. Don Mariano Carajoy acumula papeles y más papeles en actitud nerviosa. A la derecha, según mira el espectador, una puerta cerrada, pero no con llave. Sobre la mesita - ya digo, llena de papeles - un modesto marco portando un retrato de El Tipo del Bigote (al que avanzado el acto conoceremos) caído boca abajo sobre la mesa. Aunque no se le vea, es importante que el retrato sea de El Tipo del Bigote y no, por ejemplo, de Chikilicuatre, porque más tarde sí que se le verá. En el preciso momento de abrirse el telón alguien llama a la puerta.

Toc, toc (desde el otro lado del despacho, alguien empuja la puerta. Se trata de Estebita, un señor de Valencia. Para que el espectador sepa que, en efecto, es un señor de Valencia, el tal Estebita –animoso y bien parecido – llega cargado con una paella para unas... veinte personas con, más o menos, los siguientes ingredientes: un litro de aceite, sal, un pollo troceadito con sus muslitos y sus alitas y todo, una cebolla, dos dientes de ajo, pimiento rojo y pimiento verde, calamares (unos 400 grs), dos kilos de arroz SOS, azafrán (una cajita), un kilo de mejillones, un kilo de gambas arroceras, 16 cigalitas o, en su defecto, 16 gambones, una lata de guisantes, judías verdes y garrofó, ñoras y limones).
Estebita: ¿Da usted su permiso, mi querido y admirado Don Mariano?
Don Mariano Carajoy (triste y ojeroso): Pasa, pasa, Estebita, no te quedes ahí parado y distante cual si fueras miembro destacado de candidatura alternativa. Siéntate.
Estebita (se sienta dejando la paella encima de la mesa): Don Mariano, le encuentro a usted triste y ojeroso, como muy bien ha hecho notar ya el autor de esta comedieta en las acotaciones escritas en letra cursiva. No se imagina usted la poca gracia que me hace verlo así. Alégreme ya esa cara, hombre, mire qué pedazo de paella le traigo.
DMC: La pena son los guisantes, que no me gustan.
Estebita: Pues yo se los quito, faltaría más (se pone a quitar los guisantes uno a uno, con paciencia) Séame usted positivo, don Mariano, séame usted positivo.
DMC: lo intento Estebita, créeme que lo intento, pero es que esta crisis me trae de cabeza. ¡Veo guisantes por todos lados!
Estebita: Lo que sucede, Don Mariano, es que estamos en un proceso de metamorfosis.
DMC: ¿Con escarabajo, como la de Kafka?
Estebita: No, no, como la de los gusanitos de seda. Ya estamos en su segunda fase, en plena trasformación.
DMC: ¿Y en que nos estamos transformando si se puede saber?
Estebita: Pues de momento, don Mariano, en capullos.
DMC: (más apesadumbrado si cabe): Jo.
Estebita: Pero no se alarme que vendrán tiempos mejores. Acabaremos revoloteando de flor en flor, cual bellas y delicadas mariposas, ya lo verá.
DMC: Pues no sé qué será peor.
Estebita: Mire, vamos a hacer un ejercicio. Concentrémonos en nuestros problemas y verá cómo así encontramos la solución.
DMC: Pues nada, concentrémonos.

(Los dos cierran los ojos como abstraídos por el aroma de la paella al tiempo que hacen un suave ruidito con la boca juntando sus labios, cada uno los suyos, no la liemos, así como mmmmmm... Al ratito, llaman a la puerta)

Toc, toc (desde el otro lado del despacho vuelven a empujar la puerta. Se trata esta vez de un tipo gordo disfrazado de extrañísima y ridícula manera)
DMC: (sorprendido) ¿Quién es usted?
El Tipo Gordo: Hola Mariano, soy la columna de tu garaje. Sí, ésa que tú y yo sabemos, jeje.
Estebita (algo enfadado): Pero Don Mariano, ¿en qué problema se ha concentrado usted?
DMC: Verás Estebita, es que esta mañana me hice un rasguño en el coche, al salir del garaje de casa...
Estebita: Hágame el favor de volver a cerrar los ojos y concéntrese en los problemas, pero en los del partido, a ver si me entiende.

(El Tipo Gordo se va y al salir tropieza adrede con el marco de la puerta, haciendo a continuación un gesto pícaro, arqueando las cejas, de cara al espectador. Don Mariano y Estebita vuelven a concentrarse repitiendo el gesto con ojos y labios, mmmmm... Llaman de nuevo a la puerta)

Toc,toc.
DMC: ¡Ostras, Jose Mari!
Estebita: ¿Cómo la sabe, Don Mariano?
DMC: Porque que yo sepa mi puerta no tiene felpudo, así que eso que asoma por debajo no puede ser otra cosa que el mostacho del susodicho (coloca bien el retrato de manera que, ahora sí, el espectador pueda verlo) ¡Pasa, pasa, Jose Mari! Está abierto (los dos, Estebita y Don Mariano, se ponen en pie).
El Tipo del Bigote (ignorando a Estebita): ¿Cómo estás, Marianito de mi vida y de mi corazón?
DMC: Concentrado estoy, concentrado en nuestros problemas.
El Tipo del Bigote: Pues recuerda lo que te digo: a los mejores, elige sólo a los mejores. Ah, y nada de complejos (se marcha por donde ha venido como si de una aparición se tratara).
Estebita (volviendo a tapar el retrato): Vamos a ver, Don Mariano, cambiemos de técnica. Concentrémonos en las posibles soluciones, no en los problemas, a ver si así nos llega la inspiración divina (repiten el consabido gesto). En las soluciones, no en los problemas, en las soluciones, no en los problemas, en las soluciones, no en los problemas...

Toc, toc (otra vez la dichosa puerta)
DMC: Adelante.
La Hermana Sor Aya (con hábito y crucifijo): ¡Ave María Purísima!
DMC y Estebita: ¡Sin pecado concebida! Pasa, pasa, Hermana, y toma asiento.
La Hermana Sor Aya (misteriosa): Este mensaje divino os vengo a dejar: “Para tal desaguisado/servidora un apaño ha encontrado/la solución al desvarío/rima con el macho cabrío” (hace ademán de largarse como si tal cosa).
DMC: ¡Espera Hermana Sor Aya!, que de lo que dices no entendí nada.
La Hermana Sor Aya: No olvides que por mis votos/yo no digo palabrotos (se va).
DMC (desconcertado): ¿Tú has entendido algo, Estebita?
Estebita: Me temo que estoy como usted, Don Mariano, así que si me lo permite, me retiro a pensar en tal mensaje divino, a ver si logro descifrarlo. Adiós (se levanta y sale).

(Don Mariano se queda solo en el despacho y vuelve a cerrar los ojos y a hacer el ruidito con los labios, mmmmmmm.., agachando la cabeza en dirección a la paella, que sigue sobre la mesa. Así permanece un ratito hasta que resulta evidente, por los ronquidos, que se ha quedado dormido. Descansa su cabeza sobre la paella y continúa roncando plácidamente hasta que cae el

TELÓN
(continuará)

miércoles, mayo 21, 2008

Doble sentido

Últimamente es que no me entero de ná. Que no pillo una, vamos. “Si es que no sabes leer ente líiiineas, si es que no sabes leer ente líiiiineas”, me dice la gente Así que he decidido apuntarme a un curso acelerado de comprensión de lectura en la academia a distancia ELDOBLESENTIDO PUNTO COM, y ya me han puesto los primeros deberes.

EJERCICIO:

Cógete, Estilografic, las siguientes frases recientemente pronunciadas por un ex presidente de Gobierno y me las analizas y desmenuzas sintácticamente para finalmente concluir qué narices es lo que ha querido decir, el tío del bigote:

A.- “Teníamos un proyecto ambicioso para España. Un proyecto sin complejos: el de una España unida para desarrollar un proyecto común, abierto al mundo, con confianza y vocación de futuro".

B.- “En la vida política, entonces y ahora, es decir, siempre, la confianza y la defensa de los principios es siempre esencial".

C.- "... preservan la política frente al tacticismo que, por cierto, nada tiene que ver con la necesaria administración inteligente de un proyecto político"

D.- “Siempre hay que procurar contar con los mejores y además tener la voluntad y la decisión de llamarles y de agruparlos en torno a un gran proyecto".

RESPUESTAS:

La clave de la frase A está en la inteligente utilización del sujeto omitido “nosotros”, bueno, mejor en la no utilización, porque está omitido, de manera que no acaba de concretar de quién o quiénes está hablando, el tío, así como en el uso del tiempo verbal “teníamos”, conocido como pretérito imperfecto de indicativo, es decir, pasado.

Me explico porque no sé si me explico: quiero yo decir que el ex presidente con bigote quiere a su vez decir que teníamos, vamos, que ya no tenemos, un proyecto ambicioso para España. A lo cual añade, espérate, que se trataba (terminado en “aba”, como “tontoelhaba”esto es, pasado también) de un proyecto sin complejos, lo cual viene a querer significar a su vez que el que ahora tenemos (terminado en “moss”, como Kate Moss, en presente de indicativo) es “con complejos” o mejor con “complejines”. En definitiva, que le está soltando en su cara a Mariano Rajoy que es un “Maricomplejines”, metiroalapiscina.

Lo de la “España unida”, el “`proyecto común” y la “confianza y vocación de futuro” no son más que tópicos y frases hechas para rellenar, me parece a mí.

La frase B constituye un intento fallido de explicación sucinta y al tiempo detallada del correcto uso del adverbio “siempre”. El tío del bigote explica que “entonces” y “ahora” es lo mismo que “siempre”. Pero eso no es así exactamente. Falta “luego”. Entonces, ahora y luego, o lo que es lo mismo, pasado, presente y futuro. Qué fallo.

Lo de la confianza y la defensa de los principios vuelve a ser un tópico, para rellenar, me sigue pareciendo a mí.

En lo que respecta a la frase C, ésta me ha resultado dificililla, pero creo que lo que el ex presidente ha querido destacar no es otra cosa que la necesidad de preservar la política frente al tacticismo que, por cierto, nada tiene que ver con la necesaria administración inteligente de un proyecto. De un proyecto político, quiero decir.

La frase D es la más fácil. Le está cayendo una bronca de tres pares de narices a Luis Aragonés por no llevar ni a Bojan ni a Raúl a la Eurocopa. Por no hablar de la ausencia de Guti, que no me quiero extender.

Hay que reconocer que el ejercicio era difícil y que las frases eran rebuscadillas, que hay que ver cómo se las gasta el ex presidente con bigote. En cambio ¿no ves?, qué quieres que te diga, uno es más partidario del discurso de Ibarretxe, al que le gusta decir la cosas bien claritas y con rima si hace falta:

“quien tiene en la cabeza elecciones
a mi no me aporta soluciones”.

O del mismísimo Mariano, otro tío claro como el agua a la par que poeta:

“yo es que cuento con Gallardón
para la próxima dirección”.

lunes, mayo 19, 2008

El hombre del piano


Siempre he pensado que el invento del siglo resultaría ser el coche plegable. Tú vas con tu coche tan cómodo de aquí para allá, pim pam, pim pam, y a la hora de aparcar procedes a doblar con la debida precaución y exactitud los pliegues previamente señalizados en la sorprendentemente flexible carrocería del vehículo motorizado, haciendo coincidir unas con otras las partes tan simétrica como previamente diseñadas para tal fin, de manera que el minúsculo objeto resultante vas y te lo guardas en el bolso o bolsillo, según sea el caso.

Pero no, el invento del siglo ya no va a poder ser el coche plegable porque llevo pensando en ello desde el siglo pasado, también conocido como sigloveinte, y resulta que el susodicho siglo, mal que nos pese, finalizó y el dichoso coche plegable no fue inventado por la humanidad, mecachisenlamarsalada. Y el del sigloveintiuno me temo que tampoco, porque acaba de ser presentado en sociedad un nuevo artilugio que me da a mí que merece ser situado a años luz por encima del añorado coche plegable en cuanto a diseño, modernidad y prestaciones se refiere.

Estoy hablando del... ta ta ta chaaaan... Piano Man. Que no, que no se trata del hombre sentado al piano de no importa qué viejo café, no. Es el llamado Piano Man RollUp, para ser exactos, un artilugio que en su filosofía se acerca al referido y deseado coche plegable por su comodidad y facilidad tanto de uso como de transporte, pero que sorprende además sobremanera por las prestaciones que ofrece al potencial usuario que ya debería de estar comprándolo, telodigoyo. ¡Un piano enrollable, nada más y nada menos!

Y es que además su publicidad resulta impactante (pincha en la imagen para verla más grande, no te vayas a dejar los ojos). Nada de recurrir a tópicos ni a las típicas frasecitas hechas cayendo en ridículos e infantiles juegos de palabras, no, todo lo contrario: originalidad y sorpresa son las armas de su más que merecida campaña de promoción. Tú fíjate si no en los originales eslóganes empleados: “el regalo más enrollado del año”, “¿cómo te suena esta idea?”, “un regalo que traerá cola” o el más atrayente “qué buen rollito...” ¿A que de ti no hubiera surgido jamás semejante alarde de creatividad, dimelaverdad?

Además es que no valen excusas del tipo de “es que yo también ando muy líado, como el piano, jeje”, que ha querido utilizar servidor queriendo emular semejante derroche de imaginación pero, claro, no llegándole al publicista del piano ni a la suela de los zapatos, y pretendiendo hacerse servidor el graciosillo tratando al tiempo de librarse de comprar el aparato. No hay escapatoria, porque es que te lo ponen bien clarito: hagan sus pedidos en nuestra página web, abierta las 24 horas del día. ¡Las 24 horas del día!, ¡qué derroche y poderío, Dios mío!

Yo ya me lo he encargado, porque por solo 69 euracos me regalan además unos auriculares y un libro con el llamado Easy Play Sistem, que digo yo que vendrá a ser un sistema para aprender a manejar el artilugio de manera sencilla, y si quiero una segunda unidad, para hacerme acompañamiento, me lo dejan a mitad de precio, como lo oyes. Y además es que viene recomendado por Rico Ménez, experto en nuevas teconología donde lo haya, quien lo califica nada más y nada menos que de “joya tecnológica”.

Imaginemos: da Fulanito en su casa una fiesta y todos esperando aburridos a que llegue Estilografic con la música. Y no vas a ir cargadito con tu piano y con tu cola - con la cola del piano, entiéndase -., que un piano de cola tiene que pesar un huevo (entiéndase huevo como unidad de peso). Llegas en cambio con tu desplegable y ¡zas!, sueltas el rollito encima de la mesa, de manera que a los dos segundos está todo el mundo cantando y la hasta entonces aburrida reunión - más bien coñazo, diría yo - se convierte en cuestión de segundos en una verdadera fiesta musical, y todo gracias al sorprendente y maravilloso Piano Man, el del anuncio.

Lástima que siga habiendo un pequeño inconveniente, y es que Estilografic no tiene pajolera idea de tocar el piano.

P.D: lo anuncian en TV. No sé a qué maldita hora ni en qué dichoso canal, pero lo anuncian.

martes, mayo 13, 2008

Como gato panza arriba

- Buenos días y perdone por lo temprano de la hora, somos la Policía ¿es usted Mariano?
- Mire, precisamente por lo temprano de la hora me voy a ahorrar el debate acerca de a qué Mariano se refieren, si al de La Tinta (ahora ya más conocido por el de La Clandestina), al de Estilografic o a Rajoy, porque interpreto que se refieren ustedes a este último, es decir, a servidor.
- Efectivamente, ha dado usted en el clavo. A Mariano Rajoy, flamante líder del PP, me refiero. ¿Es usted el susodicho?
- ¿Es que no me conoce o qué? No me ningunee, no me ningunee..., que ya estoy hartito.
- Bueno, es que así, recién levantados, todos cambiamos mucho. Si le digo la verdad, lo veo a usted muy desmejorado.
- Eso va a ser que anoche se nos fue la mano, que es que estuve de copas con unos amigos hasta las seis de la mañana. ¿Y qué desean entonces?
- Verá, antes de nada, que se lea usted esta información que sale pinchando aquí, porque si no es que no va a entender usted la broma.
- ¿Qué broma?
- Usted pinche aquí y ya está.
- Pues espere al menos que me ponga las gafas... A ver, a ver... "de copas hasta las seis...", correcto; "...no me imaginaba lo que se me venía encima..." correcto también; "...desmotar el motor para sacar al bicho..." ¿¿?? Vale, ya lo he leído. ¿No me irá a decir que tengo un gato en el motor del coche?
- No, uno no. Me temo que tiene usted más de uno. No paran de salir maullidos de su vehículo.
- Vaya. ¿Y han conseguido sacarlos?, porque me van a destrozar el motor, a este paso.
- No, no, si no hace falta; si van saliendo ellos solitos....
- Qué cosa más rara.
- Eso va a ser, permítame que se lo diga, porque no se están garantizando los principios del partido en la ponencia.
- Esa frase me suena, oiga. ¿No estará usted siendo influido o incluso poseído, señor Policía Local, por el espíritu de su superiora, la Segunda Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Madrid, doña Ana Botella?
- Bueno, no sé, a lo mejor es porque tienen que reflexionar los que tienen la máxima responsabilidad política a nivel nacional, esto es, usted mismo, don Mariano, no sé si se entera.
- Eso también me suena. ¿qué pasa?, ¿qué también llega hasta ustedes el poder de doña Esperanza?
- Mire, no sé de qué me habla ni me importa, que yo voto a IU, pero lo cierto es su coche está llenito de mininos que no paran de maullar, y hasta ahora han salido tres. La última una gatita.
- ¡Santa María la Virgen!
- No, no exactamente. María San Gil, que es parecido pero no es igual.
- ¿Y dice usted que puede haber más?
- ¿Que si puede? No sabe usted la que tiene liada ahí dentro.

miércoles, mayo 07, 2008

Cifras

Me he levantado obsesionado con las cifras.

Por fin, después de 14 días intentándolo, hoy he conseguido llegar tempranito al trabajo. A eso de las 09:03 horas salía del metro (del metro de Madrid), con lo que teniendo en cuenta que tengo que recorrer unos 1.250 metros (del metro de medir) hasta la puerta de la oficina, y que los vengo a recorrer a una velocidad de unos 150 metros por minuto, hay que sumarle 8 minutos y pico que tardo en salvar esa distancia a la citada velocidad, con lo que he alcanzado la puerta de la oficina a eso de las 09:11 horas, dado mi paso rápido y firme. Bueno, firme firme tampoco, porque tengo tendencia a arquear ligeramente los pies, de manera que desgasto aproximadamente tres veces más la suela por su parte externa que por la interna, esto es, que de cada milímetro de suela interna que desaparece o se esfuma debido a la acción del rozamiento entre cuero y asfalto (se desgasta siempre el cuero, nunca el asfalto, qué curioso) se pierden 3 de la suela externa, no sé si se me sigue.

Odio hacer cola en el ascensor, que bastante tengo ya con el metro y los atascos previos. Además, a las señaladas 09:11 horas, ya con 14 segundos añadidos, hacinábanse en la planta baja del edificio un total de 62 trabajadores/as de la docena de diferentes empresas/os que se reparten por los dieciocho pisos del inmueble/bli (ah, y un tipo con sombrero al que nunca nadie conoce pero que siempre merodea por allá/allí), esperando a repartirse ordenadamente entre los cinco ascensores existentes, a los que hay que restarle uno que casi siempre está estropeado y que por tanto, a efectos prácticos, no está disponible, lo que quiere decir que en total suman cuatro. Cuatro ascensores.

Conviene tener en cuenta también que, sin contar al fulano del sombrero, hubiéramos tocado a 15 personas por ascensor, que sí, que tiene capacidad para hasta 18 unidades humanas, pero que, convertidas éstas en unidades de peso, suponen un límite de 1.350 kg. según reza el cartel colgado en la cabina, de lo cual se deduce que, volviendo a las unidades humanas, cogen en cada ascensor apretaditos 15 personas de - y volvemos otra vez a las unidades de peso - 90 kg. cada una.

Y claro, detectados a ojo de buen cubero al menos cinco gorditos entre los aspirantes a ocupar plaza en el ascensor, ni corto ni perezoso (sobre todo ni perezoso), servidor opta por subir andandito los 18 pisos que me separan de mi añorada oficina, lo que supone, teniendo en cuenta la presencia de 20 escalones por piso más otros 20 del entresuelo, un total de 380 escalones del ala que me dispongo a meterme entre pecho y espalda antes de sentarme en mi acogedora silla de oficina y proceder a la atenta lectura de la presa del día que, por lo que veo, curiosamente viene cargadita de cifras.

Mira tú por dónde que la Inspección del Consejo General del Poder Judicial concluye en su informe que hay 269.405 sentencias en trámite de ejecución en los desbordados juzgados españoles. Y eso con datos del 2007, de antes de la huelga. Digo yo que algo habrá que hacer al respecto. ¿Y qué me dices de Myanmar, la antigua Birmania? Tremendo. La cifra de muertos llega ya a los 22.500 y 41.000 desaparecidos. Digo yo que algo habría que hacer también.

Hablemos del paro. 37.542 personas más en abril. Corbacho el ministro, no el showman televisivo, sí que tiene trabajo por delante, el tío. Bueno, también depende de cómo te lo vendan, claro, porque no es lo mismo que te diga Solbes, con esa su vocecilla delicada, que sí, que el paro “se está acelerando algo” o que “los datos no son muy buenos, no”, no es lo mismo digo a que te espete Soraya que el dato es “desastroso, ¡coño!”. Bueno, el “coño” no lo ha dicho, pero lo ha pensado, eso seguro.

Por ciento, que acabo de recibir el borrador de la declaración, en el que no estoy del todo de acuerdo con la cantidad resultante en la cuota diferencial, que viene a consistir, básicamente, en restarle a la casilla 741 (cuota resultante de la autoliquidación) la casilla 754 (total pagos a cuenta). Menos mal que para rectificar el borrador existe la opción de llamar las 24 horas del día al 901 12 12 24, o en su defecto al 901 22 33 44, este último, eso sí, de 9 a 21 horas, de lunes a viernes y del 17 de abril al 27 de junio. Me tengo que poner.

Pues eso; que como diría El Puma: numerá, numerá, viva la numeración.

lunes, mayo 05, 2008

Desayunos con...Acebes

Retomamos hoy nuestra costumbre de celebrar aquí, en riguroso directo, los celebrados y productivos “desayunos con” (informativamente hablando se entiende, lo de celebrados y productivos) con un personaje que, tengo que reconocerlo, ha resultado ser en numerosas ocasiones blanco de las críticas de los sesudos y a veces despiadados analistas políticos de nuestro blog (que aunque no lo parezca haberlos haylos). Pero ello no es “óbice” (hay que ver que ganas tenía de utilizar esta palabreja) para que hoy este hombre se siente aquí con buen talante y dispuesto a la conversación amistosa compartiendo desayuno junto con el extenso y variado equipo de EPB, quienes sumados todos hacemos el número de dos, invitado incluido.

- Buenos días Don Ángel Óbices, digo Aveces, digo Acebes.
- Buenos días, don Estilografic Puto Blog, digo Punto Blog.
- Tomemos un sorbo de nuestro cafés, si le parece, y recobremos las buena maneras que parece tienden a perderse por un insignificante quítame allá esas pajas o lo que viene a ser lo mismo, por causa “baladí” (que también tenía ganas de utilizarla, la palabrita).
- Pues para que mi estancia aquí no acabe siendo tachada de “fútil”, que yo también tengo mis palabrejas selectas, le traigo un comunicado.
- ¿Un comunicado? ¿Se refiere usted a un tan escueto como preciso escrito de su puño y letra, o incluso transformado ya en soporte informático mediante la utilización del correspondiente programa procesador de textos habiendo sido posteriormente impreso o imprimido (que es una duda que me corroe, lo de impreso o imprimido), en el que se dispone a dar a conocer alguna primicia, exclusiva o, lo que viene a ser lo mismo, un scoop periodístico que pudiera hacer temblar los cimientos del partido en cuestión, esto es, el Partido Popular?
- A eso que tan bien ha descrito usted, y que no voy a repetir ahora, me refiero exactamente.
- Vaya, pues si se trata de algo realmente importante, demos un último sorbito a nuestros cafelitos y léalo, sr. Baladí, digo Sr. Óbice
- He comunicado al presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, mi decisión de no continuar al frente de la Secretaría General a partir del próximo Congreso Nacional.
- Oiga, no me irá a leer a continuación, con la boca llenita de magdalenas, por cierto, que quiere agradecer a Mariano Rajoy la confianza que depositó en usted hace la friolera de cuatro años. Bueno, lo de “la friolera” quítelo, que es añadido mío, sr. Impreso.
- Pues sí, eso iba a leer.
- Y luego vendrá, claro, lo del reconocimiento de la labor y lealtad de los militantes, simpatizantes y cargos del partido. Como si lo viera. ¿Verdad, sr. Friolera?
- En efecto, así es.
- Y posteriormente supongo que querrá usted reafirmar su compromiso con los principios éticos y políticos del Partido Popular, ¿no?
- Lo está usted clavando todito, si señor.
- Y me juego el cuello a que por último, Sr. Fútil, se compromete usted a contribuir, esté donde esté, a que el Partido Popular siga siendo un partido fuerte, cohesionado, con las ideas claras y blablablá blablablá...
- Sacto, digo exacto.
- ¡Pues vaya primicia periodística que me ha dado usted!, si llevo leyendo la noticia en los llamados “medios online” y viéndola y oyéndola en los llamados “medios audiovisuales” todita la mañana y parte de la tarde.
- ¡Qué me dice! Pues entonces es que por algún rincón de este post se nos ha quedado algún resquicio que permite que se esté produciendo un desajuste cronológico de tres pares de narices.
- Acebes no entiendo a qué se refiere, Sr Aveces, digo a veces no entiendo a qué se refiere, sr. Resquicio.
- Pues que usted me ha invitado a desayunar, de manera virtual, claro, pero habrase dando cuenta de que en realidad, por razones que a mi me traen al pairo, está colgando el post a eso de las ocho de la tarde nada menos, periodo de tiempo que se corresponde más bien con la hora de la cena, cuando ya todo el mundo, quien más quien menos, sabe algo de lo mío.
- ¡Albricias!, ya lo voy entendiendo, lo del resquicio.
- Y es más. Podría darse el caso de que algún lector, bien por su naturaleza despistada o bien porque es que no tiene otro momento para leer (que ya tendría que darse usted por satisfecho por el simple hecho de que lo leyeran a usted, hombre, sea a la hora que sea) estuviera teniendo noticia de nuestro desayuno a las tantas de la madrugada. Fíjese qué cosas.
- Hay que ver qué lío me está usted armando, sr. Albricias.
- Pues todavía hay más. ¿Qué me dice de quien lea esto mañana, o incluso pasado mañana?
- Qué quiere que le diga, que estoy pensando que casi mejor que no lo escriba, por lo que pudiera pasar.
- Imposible. Está todo escrito ya. Y es más, seguro que alguien ya nos ha leído. No hay marcha atrás, amigo.
- Pues créame que lo siento. Acabemos pues con esta farsa, sr. Marchatrás, poniendo punto final al dichoso post.
- Nada arreglará con ello. Lo escrito escrito está, amigo, y para la posteridad queda. Sólo se me ocurre una solución.
- Soy todo oídos, sr. Posteridad.
- Cortar la conexión.
- ¿Qué conexión?
- La conexión telefónica, de manera que nadie que pueda acceder a internet.
- ¿Conexión telefónica? Ahora lo entiendo todo, Usted y Zaplana, Zaplana y usted..., ¡menudos dos pájaros...!