viernes, febrero 09, 2007

El dolor de Letizia


Antes de seguir escribiendo debo aclarar que vale, que por esta vez admito “monarquía” como animal de compañía. Si no, nada de lo que voy a comentar tendrá sentido, porque entiendo que la monarquía en sí no posee lógica, al menos no una lógica política o social, y en consecuencia todo lo que la rodea carece de la misma. Partamos entonces de la base de que todo es normal, algo, por cierto, aceptado hoy por la mayor parte de los españoles, entre los que me incluyo, y sigamos adelante.

La primera reflexión que me hago tras la muerte de Érika Ortiz tiene que ver con el tratamiento que se le está dando a la noticia en los medios de comunicación. No cabe duda de que la petición de la Familia Real en los primeros momentos en busca de “prudencia y discreción” ha aumentado la graduación de la lupa con que se está observando a la prensa. Limitándome al análisis de la llamada “`prensa seria”, sin duda el punto más polémico ha sido la referencia a la causa del fallecimiento cuando no hay confirmación oficial de tal supuesto. Entiendo que a ello subyace una “convicción profesional” que facilita la publicación de esa posibilidad, pero existe un riesgo que no sé si merece la pena correr desde el punto de vista humano.

Yendo un poco más lejos, habrá quien se plantee directamente si es lícito informar sobre este tipo de sucesos tan íntimos, y mas aún si, como es el caso, afectan a la Familia Real. En cuanto a lo segundo, no me cabe ninguna duda: la misma prudencia y discreción que piden los Reyes deberían valer para el más común de los mortales. Y en relación a lo primero, me gustaría hacer de nuevo una llamada de atención ante la dimensión humana de los acontecimientos.

Los seres humanos necesitamos compartir sentimientos, no sólo los positivos, también los negativos, y entre ellos, sobre todo, el del dolor. Pocos acontecimientos generan más sentimientos de dolor que la muerte - y más si ésta es trágica y repentina - de los seres queridos. Esta actitud nos puede hacer, en muchos casos, sentirnos aliviados al ver que no somos los únicos que pasamos malos tragos en la vida, pero sobre todo provoca en nosotros una incontrolable expulsión de sentimientos, de complicidad, de pena, de dramatismo o de compasión, algo que en el fondo nos hace sentir más humanos y nos provoca un desahogo difícil de explicar. En definitiva, rompemos a sudar.

El gesto de Doña Letizia haciendo de tripas corazón y deteniéndose ante los periodistas – rota por el dolor – para dedicarles unas breves palabras es una actitud que rebosa humanidad y, es más, yo diría que hasta belleza. Que no se me entienda mal, no estoy hablando de espectáculo, sino de sentimientos. A la actitud de la Princesa se sumó el comportamiento del Príncipe, quien mientras arreciaba la lluvia tomó el testigo de las entrecortadas palabras de Letizia para, acordándose seguro del día de su boda, pedir perdón por el “remojón”.

A lo mejor me equivoco, pero creo que desde que vi a la princesa llorar ante la cámara yo soy un poquito mejor persona, y eso tengo que agradecérselo a la propia Letizia y también a los periodistas que estaban allí para contarlo.
(foto: Reuters)

2 comentarios:

marta de esparta dijo...

es posible que la prensa se haya extralimitado. pero también es cierto que letizia va a ser la próxima reina de españa. y todo cuando la rodea interesa a los españoles. ¿dónde está el límite? es difícil saberlo...

MACARIA dijo...

Personalmente considero una vergüenza el papel que ha desempeñado la prensa en todo este asunto. El derecho a la intimidad y al honor se ha vuelto a ver vulnerado. Y no nos engañemos, todo es por el dinero. Las audiencias. En todos los canales y en todas las franjas horarias hablaban de lo mismo y con una falta de respeto y sensibilidad
pasmosas. Yo no soy tan benevolente con la gente. Lo siento. El ser humano ha llegado a unos límites de despreciabilidad increibles. Más bien creo que el personal disfruta con el morbo. Hay algo malsano en ver llorar a los demás y buscar el gesto de dolor en el famoso. Por supuesto, comparto contigo la opinión de que la figura de Leticia se ha humanizado y fue todo un detalle el que se dirigiera a la prensa. Cuando analice friamente como se ha portado esa prensa, querrá arrancarles la cabeza.
Considero que se debió informar del hecho. No en vano era la hermana de la futura reina de España, pero las elucubraciones mentales acerca de las causas de la muerte, las motivaciones de esta, sus novios y depresiones, sobraban por demás.
Y no nos engañemos. Aun nos queda el fin de semana y los programas del corazón. Veremos donde acaba toda esta basura.