miércoles, junio 04, 2008

Dichosa lucecita naranja

Amanece. Hago mis cositas en el baño, me ducho, desayuno y en cuanto salgo de casa y cojo el coche, ya está ahí: la lucecita naranja que me persigue. A veces cierro los ojos muy fuerte muy fuerte pensando en que al abrirlos habrá desaparecido, o por lo menos habrá cambiado de color, que dentro de lo malo... Pero no. Es que ni cerrándolos. Sigue ahí, la jodía. Incluso si no los abro. Yo hasta hace poco cerraba los ojos y sólo veía manchitas blancas, unas fijas y otras como revoloteando delante de mí. Es muy común, no pasa nada. Pero ahora no, ahora incluso con los ojos cerrados y bien apretaditos los párpados sigo viendo la dichosa lucecita naranja. Esa lucecita naranja tiene que anunciar algo. Y no puede ser nada bueno, porque me tortura y obnubila mi mente hasta el punto de hacerme caer en deducciones y conversaciones absurdas. Regreso a casa en el coche y ahí sigue, la lucecita naranja, haciendo de las suyas. Y me tumbo en la cama, primero boca abajo, después boca arriba, y al cerrar los ojos siempre está ahí, la lucecita naranja, con la que sueño, un día sí y otro también, hasta que, vuelta a empezar, amanece y vuelvo a hacer mis cositas en el baño... Y otra vez la lucecita naranja. La dichosa lucecita naranja.

- Doctor, doctor, me pasa que veo una lucecita naranja.
- Vaya por Dios. Otro que tal baila. ¿Y le pasa a usted mucho o sólo un poquito?
- Mucho. Continuamente, diría yo.
- ¿Ha probado usted a cerrar los ojos?
- Es lo primero que hice, sí.
- ¿Y?
- Que me voy pegando unas leches de tres pares de narices, o si quiere que se lo diga más bruscamente, que me voy pegando unas hostias de tres pares de cojones. Como prefiera.
- Normal. Quién le manda a usted cerrar los ojos. ¿Y dice usted que la ve, a la dichosa lucecita naranja, a todas horas o sólo en determinados momentos del día, por ejemplo, no sé, cuando va conduciendo?
- Hombre, sobre todo sobre todo cuando voy, en efecto, conduciendo, pero es que luego sigo viéndola día y noche sin parar. La lucecita naranja.
- Ya, pero eso es ya más bien producto de su obsesión, me parece a mí.
- ¿Qué obsesión?
- Pues la que tiene usted con la lucecita naranja.
- ¿Y no sabe usted cuál es la solución?
- ¡Huy amigo!, si yo lo supiera...
- O lo supiese, le advierto que también me valdría si lo supiese.
- No, no, si el problema es que el asunto se nos escapa a nosotros, los ciudadanos de a pie – fulanitos y menganitos -, que por otro lado somos los principalmente afectados.
- ¿Usted también se encuentra afectado entonces?
- Un poco, sí.
- ¿Usted también ve la lucecita naranja entonces?
- A todas horas la veo. Como usted. Además es que ni intermitente ni nada. Más fija que un ciprés.
- Enhiesto surtidor de sombra y sueño.
- ¿El qué? ¿La lucecita naranja?
- No, no. El ciprés. El ciprés de Silos.
- Ah, que es usted poeta.
- No, no, yo soy paciente.
- ¿Se refiere a paciente de que tiene paciencia, al sujeto que recibe en la oración pasiva la acción del agente o a la persona que es o va a ser reconocida médicamente?
- A esto último más bien. Y es que además me afecta al coco, la lucecita naranja. Me hace decir cosas muy extrañas
- Ya lo veo, ya. Eso ya es más grave. No puede ir usted recitando por ahí poesías ni de Gerardo Diego ni de nadie. Le tomarán por un tipo sospechoso.
- ¿Sospechoso de qué?
- Pues de ver lucecitas naranjas.
- Pues me temo que usted también lo es, doctor. Y que usted también va diciendo por ahí cosas bastante extrañas, si me permite la observación.
- Sí, pero le recuerdo que aquí el paciente es usted, así que vamos con lo suyo y dejemos lo mío. ¿Lleva usted dinero encima?
- ¿Encima de dónde?
- Me refiero a que si tiene pasta en la cartera.
- Psche. Veinte euros, creo. Pa’un café y poco más.
- Pues mal vamos entonces, amigo, mal vamos, porque, créame, la medicina no es capaz de solucionar su dolencia. Hoy por hoy.
- No me irá a decir que son ustedes capaces de reproducir un pene, también llamado pito, con perdón, y no son sin embargo capaces de eliminar, suprimir o, sencillamente, apagar una lucecita naranja, también llamada obsesión, sin perdón,
- Pues mire, sí. Así es, en efecto, este mundo que nos ha tocado vivir. Qué quiere que le diga.
- Una explicación quiero, doctor.
- Pues se lo voy a decir bien clarito de una vez: téngame usted en cuenta que el precio del gasóleo continúa su tremenda escalada impulsado como patada en el culo por la subida del petróleo, de manera que se está vendiendo ya, el también dichoso gasóleo, a una media de 1,308 euros por litro, lo que supone un porcentaje de un 9,2 por ciento más que a principios del mes de mayo, si no me equivoco.
- Creo que no se equivoca, no.
- Pues fíjese en lo que me queda por decirle: llenar un depósito de 55 litros de su vehículo diésel le sale ahora mismo por la friolera de 71,94 euros, así que ya me dirá usted cómo se va a apagar la dichosa lucecita naranja (indicadora de la reserva, que todo hay que decirlo) poniéndole usted a su depósito unos míseros 20 euros nomás. ¡Hombre!

12 comentarios:

Irreverens dijo...

Pues la verdad es que sí, Estili. Que la cosa está muy malita.

Pero ya ves. Al menos si te cortas el pito, te lo pueden reparar. Y oye, algo es algo, ¿no?
XDD

(En estos momentos todavía me congratulo más de poder trabajar en casa.)

besitos sin luces

Estilografic.blog dijo...

Procedo entonces, Irre, siguiendo tus sabios consejos, a cortarme el susodicho.

Irreverens dijo...

¡NOOOOO!

XDDD

(Si te cortas el pito involuntariamente. Vamos, en un supuesto o caso hipotético, ¡animal de bellota!)

Estilografic.blog dijo...

¡Ah! Demasiado tarde...

wen dijo...

Jo, espero que no se te haya cambiado mucho el caracter después de automutilarte a ti mismo, valga la redundancia.
Setenta y pico euros nos cuesta a nosotros llenar el depósito tb.... Vamos, que cuando por fin me saque el carnet me voy a comprar un troncomovil me parece XDD. Casi prefiero eso que no ver lucecitas naranjas a todas horas :)

Irreverens dijo...

El carácter quizás no, pero la "vocecilla quizás sí, noooo?"

(lo que está escrito entre comillas hay que leerlo poniendo voz de falsete, jajajajajajaa!!)
XDDDDDDD

Wen, más que un troncomóvil, mejor ve en bici y acabas antes.
:-P

geminisdespechada dijo...

si es que lo mejor es no tener carné de conducir, os lo digo yo ;)

Carlos Añejo dijo...

El mío ya ni enciende el piloto... por respeto... y por pena... me ha visto llorar tantas veces ahí con la manguera en la mano que...

Me refiero a la manguera del surtidor de gasoleo, que con tanto pito por aquí y tanto pito por allá lo mismo se confunden mis palabras.

Belén dijo...

Tu pito lo dejas tranquilo estil, eso es que tenías baja la batería ;)

Besicos

Estilografic.blog dijo...

Wen: contra todo pronóstico, el troncomóvil se va a convertr en el medio de transporte del futuro, me temo.

Irre: jeje. Anda que la que has liao, guapa.

Géminis: me temo que también es demasiado tarde, como lo del pito.

Náufrago: en efecto, se confunden tus palabras.

Belén: bien tranquilo que está, allí, el pobre, separado del resto del cuerpo.

JOAKO dijo...

Te entiendo tanto compañero...

wen dijo...

Jo irre... no me estoy dejando una pasta en el carnet de conducir pa irme en bici...
Además, que no jope, que me hace mucha ilusión mi troncomovil XDDD